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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA propósito de la saludable polémica que se instaló en esta sección durante las dos últimas ediciones de Búsqueda, con contribuciones del Lic. Jorge Scuro y los Sres. Álvaro García y Luis Rivas Ortiz con el título de “Liberalismo y jacobinismo”, y habiendo sido aludido en una de dichas intervenciones, deseamos hacer un aporte sobre un aspecto terminológico que, si bien no va directamente al centro de la discusión planteada, tiene mucha vinculación con los argumentos manejados y por sobre todo encierra potencialmente una amenaza para la conceptualización correcta de la laicidad y el laicismo.
Y vamos al grano. Porque hemos constatado, no sin preocupación, que la Real Academia de la Lengua Española (RAE) ha modificado la definición del término “laicismo”. No tenemos la fecha exacta del cambio, que corroboramos en el sitio en Internet de la RAE, pero no debe tener más de un año. Hasta entonces la definición de laicismo era la siguiente: “Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa”. La modificación quitó la palabra doctrina y la dejó como sigue: “Independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa”. En paralelo se mantiene sin cambios la definición de laicidad, que en lo conceptual consideramos subsidiaria y complementaria del término anterior. Laicidad sigue siendo para la RAE el “Principio de separación de la sociedad civil y de la sociedad religiosa”.
Consideramos que la modificación apuntada no es menor y probablemente no sea inocente de un intento de manipular el lenguaje en favor de las posiciones más conservadoras, afines fundamentalmente a la Iglesia católica. Decimos esto porque en todos los foros de discusión, y lo hemos visto en esta misma sección de “Cartas al Director” del semanario Búsqueda, abundan las críticas al laicismo por parte de quienes pretenden socavar la base doctrinaria del principio de la laicidad, aunque no se opongan directamente a este, porque se trata de algo aceptado hace casi un siglo por la sociedad uruguaya. Lo mismo sucede en los otros países del mundo que han conquistado la vigencia del principio de laicidad, al menos en lo que tiene que ver con la educación. Y muchas defensas esgrimidas por los laicistas han sido que el laicismo es la doctrina y la laicidad es el cumplimiento del principio en la organización del Estado y la sociedad civil. De ningún modo son términos en colisión, como se pretende hacer creer.
Si bien no conocemos la interna de la RAE, no resulta demasiado aventurado presumir que la influencia conservadora ha llegado también a esta suerte de custodio del idioma. Es fácil constatar, como decíamos líneas arriba, en distintos foros o sitios que se dedican a estos temas en la sociedad, mucho de los cuales aparecen en Internet, que la Iglesia ha procurado demonizar al laicismo. Inclusive en nuestros lares, representantes de la misma han llegado al extremo de expresar públicamente que dicha doctrina, a la cual seguiremos considerando como tal sin perjuicio de la modificación introducida oficialmente en el “Diccionario”, es la responsable del aumento de la tasa de suicidios de jóvenes en nuestra sociedad.
Sin ser expertos en lenguaje pensamos que lo que debió haber hecho la RAE, si pretendía ajustar el término a una realidad mejor enfocada, era circunscribir la doctrina del laicismo a la independencia de la sociedad y más particularmente del Estado.
Entendemos que la doctrina del laicismo no defiende la independencia del hombre, considerado en su individualidad, respecto de cualquier organización o confesión religiosa, como pretenden hacer creer los conservadores, fundamentalmente desde la Iglesia católica, lo cual sería una suerte de ateísmo no definido como tal. No todos los laicistas son ateos, aunque probablemente todos los ateos sean laicistas. Esa impresión errónea queda más en evidencia, a nuestro humilde criterio, con la nueva redacción, dejando al concepto de laicismo fuera del amparo de su definición como doctrina, en una posición mucho más vulnerable frente a los ataques del conservadurismo, que como fin último pretende llevar la definición de laicidad a su redil, vaciándola de su verdadero contenido, defensor de la libertad de conciencia.
Lo que la doctrina del laicismo procura no es otra cosa que mantener a la sociedad, como colectivo, y al Estado que la nuclea, fuera de la dependencia religiosa, de modo de asegurarle a cada individuo integrante de los mismos la más absoluta libertad de practicar el culto más cercano a su corazón o a no hacerlo con ninguno, si esa es su convicción.
Mientras el “Diccionario” no se ajuste a esta realidad, utilizaremos en lo personal, y bregaremos para que todos quienes comparten la razón de ser de la doctrina del laicismo así lo hagan, mantener la anterior definición citada más arriba, que había sido aprobada y mantenida en el Diccionario de la Real Academia hasta la última modificación.
Y en caso de que existiera la posibilidad de realizarle cambios a la actual definición recientemente incorporada proponemos la siguiente definición de laicismo que entendemos mejor se ajusta a la realidad conceptual a transmitir: “Doctrina que, para proteger la libertad de conciencia de todos los individuos, defiende la independencia de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa”.
Gastón Pioli