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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEste es el título del libro que José Enrique Rodó escribió en 1906. ¿Por qué recordar a Rodó? ¿Por qué recordar un libro que en este setiembre está cumpliendo 110 años de editado?
La obra más importante de Rodó fue “Ariel”, publicada en 1900, que constituye una lúcida proclama a los jóvenes latinoamericanos. Seis años después, con motivo del retiro de los crucifijos del Hospital de Caridad, se entabla una polémica con el Dr. Pedro Díaz que genera el libro al que nos referimos.
Aquel hecho puntual ya ha sido olvidado y en estos ciento diez años el proceso de laicidad ya avanzó mucho, no solo en Uruguay sino en el mundo entero.
¿Entonces, a qué viene recordarlo?
Ciertamente aquel acontecimiento quedó atrás, pero las reflexiones de Rodó siguen teniendo vigencia.
El liberalismo es un pensamiento social y político que en su origen más radical (siglo XVIII) V. de Gournay y A. Smith proponen “dejar hacer y dejar pasar”. Frente al mercantilismo de los siglos anteriores se propone reducir a un mínimo la intervención del Estado en la vida social y política de las naciones; solo le compete la seguridad pública, las relaciones exteriores y las mínimas intervenciones en algunos otros aspectos.
A principios del siglo XX el liberalismo al que se refiere Rodó no era este. Consistía en una doctrina de la tolerancia política y respeto social a todas las opiniones. Rodó militó en el Partido Colorado batllista, fue diputado en tres períodos, por lo tanto participaba de las nuevas tendencias de intervenciones del Estado en el ordenamiento político social y económico. Era un radical defensor de la libertad de pensamiento y respeto de la diversidad de opiniones a nivel social y al mismo tiempo estaba abierto a la intervención del Estado en la legislación que favorecía a los más débiles, por ejemplo la ley de ocho horas de trabajo.
Entendía que retirar los crucifijos de los hospitales no era una acción liberal, sino jacobina.
¿Qué es el jacobinismo?
En el transcurso de la Revolución francesa (1789) un grupo de revolucionarios conducido por Robespierre, el más radical, asumió posiciones que perdieron su carácter de defensa de la libertad y pasaron a ser de un igualitarismo arrasador de las divergencias. El mismo Robespierre fue víctima de ese impulso igualador y fue condenado a la guillotina por sus propios camaradas.
El jacobinismo es la exaltación del pensamiento único que se impone como expresión de la voluntad popular. Entiende que los matices deben ser limados para encontrar una salida que se impone a todos los integrantes del partido y de la sociedad misma. Estas prácticas políticas terminan homogeneizando a la sociedad, que se habitúa a un proceder común y un pensamiento único. Las iniciativas personales son perseguidas, lo individual no es tenido en cuenta, las iniciativas de la sociedad civil, de las asociaciones de ciudadanos, son desestimuladas y finalmente prohibidas como holocausto al pensamiento regido por el poder dominante desde el gobierno del Estado.
Este modo de pensar y actuar, Rodó lo encuentra en las opiniones de Pedro Díaz, quien hablaba en nombre del liberalismo, intentando engrosar la corriente laica. La laicidad suponía la neutralidad del Estado en la temática religiosa, pero esta neutralidad fue deslizándose hacia la exclusión en la acción del batllismo triunfante; dejando “lo religioso” al reservado “ámbito privado”.
La laicidad es hoy un estilo de convivencia generalmente aceptado en los países occidentales. Supone una sana y tolerante convivencia entre quienes piensan y creen en forma distinta.
El laicismo es la desvirtuación de la laicidad pues pretende afirmar un pensamiento “racional” y “científico” que sea aceptado por todos y relega a la privacidad toda manifestación diferente.
La laicidad es reconocernos como diferentes por el ejercicio de la libertad personal. La laicidad se resiste a la imposición de una mentalidad homogénea para todos igual. La laicidad no teme, ni oculta ni rechaza lo diferente.
La pretensión del laicismo de los pensamientos únicos o hegemónicos, de las ortodoxias políticas, es tan antigua como la humanidad. Los sufrimientos provocados a través del tiempo son las dictaduras, los fanatismos, los totalitarismos.
Lo que rechazaba Rodó como jacobinismo hoy sigue vigente. También debemos estar atentos que el laicismo no desgarre los reconocidos beneficios de la laicidad.
Lic. Jorge Scuro