Nº 2206 - 29 de Diciembre de 2022 al 4 de Enero de 2023
Nº 2206 - 29 de Diciembre de 2022 al 4 de Enero de 2023
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acápor Amadeo Ottati
En las columnas anteriores hemos acompañado el transcurso del reciente Mundial de Catar, un torneo desarrollado en un país y en una época inapropiados, pero al que las autoridades de la FIFA eligieron, tras un proceso plagado de situaciones corruptas o de corte delictivo, para desplazar a los otros países que tenían esa misma pretensión. A eso se sumaban una serie de restricciones por la fuerte impronta religiosa del gobierno de dicho emirato. Sin embargo, el torneo se desarrolló de manera normal, con la totalidad de los partidos disputados en estadios con una estructura impresionante y equipados con todos los adelantos técnicos imaginables. A lo que se le sumó la inestimable ventaja —para quienes cumplían tareas específicas o para los simples espectadores— de que todos los partidos, en sus diferentes series, se disputaron en una única ciudad (solo hubo un antecedente en tal sentido: el Mundial de 1930 en Montevideo).
En lo estrictamente futbolístico, a nuestro juicio el torneo dejó un saldo favorable. Con una definición de absoluta lógica, por cuanto Argentina, el justo ganador, y Francia, el perdidoso, estaban sindicados de antemano como favoritos a quedarse con el título en disputa. Hubo sí algunas sorpresas grandes en su fase inicial, con las selecciones de Bélgica y Alemania eliminadas, así como la de España en la fase siguiente, cuando eran sindicadas como sólidas aspirantes para acceder a la instancia definitoria. También el traspié de Brasil en cuartos de final, por el elevadísimo nivel exhibido en las eliminatorias sudamericanas y contar con futbolistas de talla mundial, como Neymar Jr. Tampoco imaginábamos a nuestra Selección eliminada del certamen en las primeras de cambio, cuando estábamos en una serie con rivales en teoría accesibles, como luego quedó comprobado (solo Portugal pudo acceder a cuartos de final, quedando eliminado por el sorprendente Marruecos).
Pese al tiempo transcurrido, sigue doliendo haber casi “regalado” el acceso a la ronda siguiente; algo que estuvo perfectamente a nuestro alcance. Por respeto a quienes leen con asiduidad esta columna, no incurriré en el desatino de repetir lo ya escrito en columnas anteriores. Ello empero —y en un repaso somero de nuestro fugaz pasaje por el torneo— todo comenzó con un planteo timorato del técnico Alonso en el debut ante Corea del Sur, quizás por sobrevalorar el poderío del rival. Lo más notorio en tal sentido fue la retrasada ubicación en el campo de nuestros volantes, más ocupados en resguardar el trabajo de nuestra zaga, que de proyectarse a la ofensiva. En el primer tiempo hubo una sola situación de gol, por un cabezazo de Godín que se estrelló en un poste del arco coreano. Con lógica, esperamos un planteo más audaz en el complemento y algunas variantes en la zona de creación. Estas llegaron muy tarde en el caso de De la Cruz (entró recién en el último cuarto de hora) o fueron incomprensiblemente obviadas, en el caso de De Arrascaeta. La única situación de gol fue un cañonazo de Valverde que sacudió el arco adversario. Fue esta la primera decepción de un técnico que nos había ilusionado con su planteo audaz y muy ofensivo, clasificando a nuestro equipo al Mundial, cuando su chance estaba harto comprometida.
Y cuando, con lógica, todos pensábamos que, al partido siguiente ante Portugal su planteo sería más ambicioso, Alonso ¡sumó otro hombre más (Coates) a la última línea defensiva! Y desde el arranque mismo, le cedió la iniciativa al rival, que creó algunas situaciones de peligro ante nuestro arco. A poco de iniciado el complemento llegó el gol portugués (con una salida a destiempo de Rochet ante la amenazante presencia de Cristiano Ronaldo) y recién allí llegaron los cambios de la mitad de la cancha hacia adelante. Pudimos empatar (hubo otro remate en el palo, esta vez de Maxi Gómez), y ya cerca del final un penal muy discutible de Giménez (revisado por el VAR) posibilitó el segundo gol lusitano.
Así las cosas, había que ganar sí o sí el último partido de la serie ante Ghana, aunque se dependía también del resultado del choque entre el ya clasificado Portugal y Corea del Sur. Diego Alonso colocó una formación más audaz, con De Arrascaeta de titular al fin, ante un clamor generalizado por su brillante presente en el exigente fútbol brasileño. Rochet evitó que —tras otro penal dudoso— Ghana se pusiera en ventaja y en una fulminante reacción llegaron dos goles casi seguidos (ambos del injustamente postergado volante del Flamengo). Al término del primer tiempo esa victoria nos clasificaba, pues Corea del Sur empataba con Portugal. Como si con ello ya bastara, salimos en el complemento a mantener ese resultado, dejando que el tiempo corriera, sin reparar en que nuestra suerte también dependía del resultado del otro partido, por lo que debíamos procurar un nuevo gol que nos pusiera a cubierto de cualquier contingencia desfavorable. Cuando ya cerca del final, llegó la mala noticia de que Corea del Sur pasaba a ganarle a Portugal, el pánico cundió; con varios cambios y “revoleando el poncho”, fuimos en masa a buscar ese gol que nos clasificara. Hubo sí alguna chance de lograrlo (como un penal no sancionado contra Cavani, que el VAR no revisó), pero el resultado no cambió y quedamos eliminados. Y ello por nuestra falta de ambición y de cautela para estirar la ventaja que teníamos ante un rival ya sin chance alguna de clasificar.
Igual seguimos creyendo que teníamos lo suficiente para haber pasado la fase de grupos si hubiéramos tenido la audacia de intentarlo con planteos menos mezquinos. Y si ello hubiera ocurrido, colocando a Valverde (que estuvo muy lejos de su nivel) en la posición en la que brilla en el linajudo Real de Madrid y aprovechando de mejor modo a De Arrascaeta para generarle juego a nuestros delanteros, hasta podríamos haber llegado a algún tramo superior del torneo. Aquel Alonso audaz de las eliminatorias podría haberlo logrado, pero no este timorato y demasiado especulativo al que parece haberle quedado grande esa responsabilidad.
Pero ¡no nos engañemos!: nuestro vuelo hubiera sido corto, atento a la indudable superior jerarquía de quienes accedieron a las fases definitorias del certamen.
Entre tanto, ¡pensemos en algún técnico más experiente para la Selección!