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    Los directores de la oposición en los entes estatales

    La desinformación de la senadora Lucía Topolansky. Días pasados diversos dirigentes y legisladores del Frente Amplio manifestaron que la oposición debería dejar los cargos que ocupan actualmente en los organismos del Estado.

    Entre esas voces, sonó con destaque la de la senadora Lucía Topolansky, quien afirmó “si no están conformes que se vayan … no les pido la renuncia, que se vayan. Porque en esos organismos estoy para controlar, fenómeno, pero estoy también para dirigir”. Agregando luego: “No todos han actuado igual; algunos lo hicieron bien y otros fueron desastrosos. Pero están tan atornillados al salario y al asiento que ahora dicen que se les implemente el mecanismo”, seguramente, en alusión al procedimiento de remoción previsto en el Art. 198 de la Constitución.

    Es obvio que ese procedimiento no fue pensado por el Constituyente para ser aplicado por enojo o malestar del Poder Ejecutivo de turno, sino para remover a un jerarca ante casos de excepción que se establecen y que refieren expresamente a omisión, ineptitud o delito. Es razonable asumir que bastó leer el texto constitucional, para desistir del mecanismo de la remoción, ya que la causal de malestar o enojo no está prevista por la Carta Magna.

    De los dichos de la Primera Senadora del Frente Amplio y Primera Dama de todos los orientales, debo centrarme en la segunda de las citas invocadas. Primero afirma que algunos han actuado bien y otros fueron desastrosos. Al leer tan vaga afirmación uno se pregunta ¿en qué grupo fue colocado tal o cual Director de la oposición por la Senadora Topolansky? El ciudadano que escucha la cita en la radio o en la prensa, al igual que las personas que conocen en diferente grado a los citados anónimamente, podrían construirse una imagen, seguramente errónea, a partir de estos dichos.

    Para terminar de delinear ante la opinión pública esa imagen funesta de los Directores de la oposición y ya sin distinguir a ninguno que se salve de su valoración, termina enjuiciando y sentenciando la Senadora Topolansky cuando afirma que esas personas están atornilladas al salario y al asiento y que por eso no renuncian.

    Estas líneas están escritas a título personal, como Director político del Banco de Previsión Social, designado por el Poder Ejecutivo a propuesta del Partido Nacional. No me corresponde defender a otros que también fueron convocados por el Partido Nacional u otros partidos de la oposición, a asumir similares responsabilidades en otros organismos. Pero esta temeraria y genérica afirmación, debe necesariamente responderse en un plano personal y también en un plano colectivo.

    En el plano personal, no cobro el sueldo de Director, dado que soy funcionario presupuestado del BPS, organismo cuyo Directorio integro de manera circunstancial. Es decir, que “el tornillo que me sujetaría al cargo” simplemente no existe. Si vamos al colectivo de compañeros que integran directorios en otros organismos, me consta que varios de ellos han postergado proyectos personales y actividades profesionales, para cumplir con la responsabilidad que les fue asignada por la colectividad política que los propuso. No conozco tampoco, en todos esos casos, los tornillos de los que habla la Senadora Topolansky. 

    Entre los años 2005 y el 2010 la oposición no participó en ningún ámbito del Gobierno Nacional, lo que llevó a que quienes habían actuado hasta ese momento en cargos de responsabilidad gubernativa, volvieran a sus actividades anteriores o generaran nuevas oportunidades de empleo privado. Por eso no hay tornillos en la oposición.

    El devenir del tiempo y las nuevas administraciones crearon nuevos y originales instrumentos de adherencia, que no existían en aquellas fechas, como ser la rotación de cargos entre oficinas del propio gobierno o las embajadas itinerantes. La cita de la Senadora Topolansky no fue feliz. Aquellos tornillos han sido sustituidos por una tecnología más novedosa que podríamos llamar “anclajes deslizantes”, no aplicable obviamente a quienes integran el pequeño colectivo de Directores de la oposición.

    La evolución de la realidad nos lleva a que hoy, los más “desatornillados” de los cargos sean, precisamente, quienes ocupan cargos por la oposición. 

    Ante estos dichos, surge como interrogante: ¿está informada la Senadora Lucía Topolansky de lo que hacen, dicen, controlan y proponen los Directores de la oposición en los entes? Quizá incluso hay una pregunta previa a esa: ¿está informada la Senadora Lucía Topolansky qué opinan los Directores de los entes designados por el Frente Amplio, respecto a sus pares de la oposición? En ambos casos creo que la respuesta es no.

    Puedo hablar con conocimiento certero de la realidad del Directorio del BPS, el cual integro desde el 28 de julio de 2010. Su Presidente, Ernesto Murro, ha señalado en diversos actos oficiales, conferencias de prensa y artículos publicados, que el Directorio del BPS es un ejemplo de trabajo profesional.

    Esta afirmación no debe interpretarse como que el particular Directorio de siete miembros que tiene el BPS, actúa como un coro en el que nadie desafina. Por el contrario, es una expresión de las más diversas ideas sobre temas que mucho importan en la vida de millones de uruguayos. Conscientes de la importancia del debate de ideas, es que argumentamos y fundamentamos sin descalificar y con el ánimo de construir las mejores soluciones y alternativas.

    Un ejemplo de convivencia y de respeto al que piensa diferente, que en Uruguay se ha ido perdiendo, en parte, por las líneas imaginarias entre buenos y malos que se quieren imponer al pensamiento ciudadano, como lo hace la Senadora Topolansky en la clasificación implícita de “ellos” y “nosotros” que encierra en sus declaraciones.

    No es posible interpretar qué significa para la Senadora Topolansky que un Director “actúe bien” o “sea desastroso”. Sería inútil hacer ejercicio alguno al respecto. Pero resulta necesario transmitir a los ciudadanos la tranquilidad que en los Directorios de los entes hay gente que actúa con el debido diligenciamiento y preocupación por la cuestión pública y no bajo motivaciones menores y mezquinas, como se le pretende transmitir implícitamente a la opinión pública. 

    Desde mi lugar en el Directorio del BPS debo actuar y así actúo, como representante de todos los ciudadanos. Bajo esa óptica y en el espacio de discusión natural que son las sesiones del Directorio, he manifestado discrepancias en diversos temas relevantes, como ser la seguridad jurídica para beneficiarios y contribuyentes, el no cumplimiento de procedimientos previstos por ley, el ignorar la jurisprudencia del TCA que determina costos evitables para el Estado y nuestros afiliados y así una larga lista de temas, en donde no puedo estar de acuerdo en modo alguno con la posición mayoritaria del Directorio, pero obviamente, respetando la opinión de la mayoría conformada para las decisiones y criterios adoptados.

    Al asumir el cargo que desempeño anuncié que llegaba no solo para controlar sino también para proponer. Son muchas las propuestas realizadas en estos dos años de ejercicio del cargo, las que por situaciones fuera de mi voluntad, en su mayoría no se han plasmado. Estas propuestas e ideas se reiteran periódicamente y al hacer el balance de lo actuado en el período, sin duda aparecerán, espero sinceramente que lo hagan en la columna de los resultados y no como deudas pendientes, ya que no serán deudas con este Director, sino con los colectivos a los cuales iban dirigidas esas propuestas.

    No es necesario ahondar en detalles de lo que acabo de expresar. Las objeciones que he formulado ante ciertas resoluciones adoptadas por el Directorio del BPS y las propuestas e ideas que fueron presentadas en dicho ámbito, se pueden leer en las Actas del Directorio, que contienen las expresiones textuales vertidas en sala.

    Una copia de dichas actas se remite al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y otra a la Presidencia de la República. Dado el ingreso sostenido de personal a la función pública, no debería ser difícil asignar a tres o cuatro personas de confianza, para que lean las actas del BPS y las que han de llegar desde otros organismos, para que hagan un resumen periódico sobre la realidad de la gestión en los entes, que seguramente diste y mucho, de la imagen publicitaria que toda organización intenta promover respecto a su funcionamiento.

    Con esa síntesis no mediática del estado de situación en los entes, la Senadora Lucía Topolansky podría comenzar a opinar con propiedad y sobre todo con más precisión y no bajo los efectos de sensaciones térmicas, que terminan engañando a los sentidos.

    No tengo esperanza alguna que haya un cambio en la actitud de la Senadora Lucía Topolansky, que le he cuestionado desde este espacio. No le adjudico intencionalidad en no querer cambiar, creo personalmente que no es capaz de hacerlo, para lo cual me ayudaré con un ejemplo.

    El 11 de noviembre de 2010 la Senadora Lucía Topolansky afirmó en televisión —en el marco de unas declaraciones respecto a la Reforma del Estado— que había estado 8 horas en una oficina del BPS, con un “numerito” en la mano esperando que la atendieran.

    En una carta abierta fechada el día siguiente, que difundiera el entonces Presidente de la ATSS (Asociación de Trabajadores de la Seguridad Social) Adolfo Bertoni, éste le señaló que estaba hablando de un BPS del siglo pasado y la convocó a verse al día siguiente en la oficina en cuestión para comprobar como funcionaba en el presente, con la expectativa que posteriormente a la constatación de la realidad, la Senadora Topolansky pidiera disculpas por sus dichos.

    Ni fue, ni se disculpó.

    Difícil pensar que ello vaya a ocurrir ahora por esta nota. Sin embargo quisiera dejarle una reflexión final.

    Nuestra sociedad ha ido contemplando, amparando y respetando —no sin esfuerzo— a quienes antes se les consideraba “diferentes”. Tal condición podía estar de la mano de una opción sexual, por la formalización o no del vínculo matrimonial, por su color de piel o por muchas otras opciones, todas ellas merecedoras, por lo menos, de la no discriminación de trato.

    Curioso es que tanto respeto a la diversidad, no se aplique en igual forma a las diferentes ideas y concepciones que —con absoluta honestidad intelectual— pueden existir sobre la realidad.

    Todos hemos escuchado a nuestro Presidente hablar del “boliche”. Creo que muchas veces lo refiere con esa visión de añoranza de los años sesenta, lugar de encuentro del obrero y del “dotor”, del bolso y del manya, del blanco, del colorado, del socialista y del comunista, sin agenda de conversación y con todos los temas sobre la mesa. El Uruguay de la tolerancia, del respeto a las ideas ajenas, a la vida y a las personas. El Uruguay al que la invitación a reflexionar del Presidente, nos convocó el diecinueve de junio pasado, ¿qué mejor que dar el ejemplo desde arriba y desde casa?

    Ing. Hugo Odizzio

    Director del Banco de Previsión Social

    a propuesta del Partido Nacional

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