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    lunes 10 de junio de 2024

    Los guardianes anónimos de la pelota

    Como estudiante del interior arribado a Montevideo en la década de 1990, el director Federico Beltramelli extrañó muchas cosas de su Salto natal. Una, en particular, predominó sobre el resto: su infancia y juventud alrededor del Almagro Fútbol Club, el cuadro de su vida.

    El cineasta se crio entre la sede del equipo y el almacén y boliche de su familia, frecuentado de forma asidua por los socios e hinchas. También ofició de alcanzapelotas durante los entrenamientos del equipo. Antes de instalarse en la capital, se acostumbró no solo a su rutina futbolera, sino también a los rituales sociales alrededor del deporte que vio cimentarse de la mano del universo variopinto de personajes que rodean a una cancha.

    Esa añoranza se puede percibir en Al final del partido, documental de Beltramelli que tendrá su estreno en cines a partir del jueves 20, tanto en Montevideo como en el resto del país. Centrada en cinco protagonistas, la película retrata las labores y vidas de cinco utileros y cancheros de diferentes clubes uruguayos de fútbol. Es, según lo presentó parte del equipo de realizadores en una conversación con Búsqueda, un documental sobre fútbol pero “sin pelota”.

    En 2011, Beltramelli trabajó junto con el documentalista y productor Mario Jacob en la película Chico Ferry, y la dupla sintió el impulso de continuar trabajando como equipo. Fue Beltramelli quien en 2014 propuso que se adentraran en el mundo de los clubes pequeños de fútbol con una cámara en la mano. La primera parada de ese viaje audiovisual la hicieron en Salto con una visita a Almagro. Tras un asado en el club de la infancia de Beltramelli, volvieron con las panzas llenas y los corazones contentos, aunque sin aquello que habían ido a buscar. “Ahí no había una película”, recordó Jacob.

    El proyecto se anidó en las mentes de ambos realizadores y allí se quedó durante un buen tiempo. No fue hasta después, cuando Jacob se topó con parte del trabajo del periodista Jorge Señorans en El Observador, que la idea recobró fuerza. En una serie de reportajes, Señorans retrató la vida de integrantes y trabajadores del fútbol uruguayo que se encontraban fuera del campo de juego. Cancheros, utileros y miembros imprescindibles de instituciones deportivas, de pequeña y gran escala, eran presentados a través de retratos íntimos cargados de anécdotas personales.

    De acuerdo al periodista y escritor, cuya investigación forma parte del documental, durante la etapa de producción inicial de los artículos se manejó la idea de acompañarlos con una pieza audiovisual, algo a lo que se opuso. “Esos protagonistas se iban a cohibir con una cámara delante”, apuntó Señorans. “Incluso propuse no llamarlos por teléfono sino ir directamente a sus lugares de trabajo. Es un nicho particular, con personajes muy cerrados y celosos de su trabajo. Como los jugadores depositan mucha confianza en ellos, a veces no está bien visto que sean los protagonistas”.

    Sin embargo, en la investigación de Señorans había, según lo apuntó Beltramelli, un elemento cinematográfico ineludible. Los realizadores se propusieron capturarlo.

    Al final del partido recorre rincones del Club Atlético Villa Teresa, Club Atlético Cerro, Club Atlético Fénix y Almagro Fútbol Club a partir de un registro centrado en la cotidianeidad de cada institución por fuera de los encuentros deportivos. Con una cámara cercana a sus participantes y una tendencia a capturar los momentos idiosincráticos que rodean a un club de fútbol, la película incluye las previas de un partido, las consecuencias de sus resultados y los preparativos que socios e hinchas llevan a cabo para construir una economía alrededor de cada enfrentamiento.

    Como productor, Jacob calificó el proceso de filmación de Al final del partido como lento. Ante la advertencia de Señorans frente al recelo de los posibles protagonistas de la película en su fase preliminar, el productor y Beltramelli apelaron a obtener la confianza de cada uno a través de sus visitas recurrentes a los clubes de dos maneras: con la cámara y sin ella. Al momento de filmar, la producción intentó mantener un equipo reducido con el fin de no quebrar los ambientes tradicionales de esos espacios.

    En la película también se explora una construcción de un falso anonimato. Aunque las instituciones son fáciles de reconocer gracias a los colores y símbolos que forman parte de su identidad visual, la película opta por no explicitar el nombre de sus protagonistas hasta el final, cuando los créditos aparecen en pantalla. La película apela entonces a la narración coral de un oficio que se percibe como colectivo.

    “Es un retrato de la universalidad de cada uno de ellos”, señaló Beltramelli. “Podían ser esos clubes como otros. ¿Por qué elegimos a estos protagonistas? Primero porque varios forman parte de clubes y en ellos hay una sustancia social de inserción, de una adhesión pura a esos lugares que sienten como propios. Y a otros los elegimos por ser esos protagonistas que no aparecen pero que sin ellos el fútbol no sucede. La idea era contar esta historia de fútbol sin la pelota”.

    Para Señorans, “la utilería es un lugar de psicólogos sin títulos. Muchas de las historias de los jugadores van a ese hombre que está en ese lugar, que generalmente habitan debajo de una tribuna de un estadio, un lugar muy pequeño, y ahí hay un confesionario. Saben mucho más de la vida de los jugadores que los propios entrenadores”.

    Al final del partido se toma el tiempo de mostrar todo lo que no se ve en una transmisión deportiva. Las máquinas de lavar ropa de un funcionamiento incesante; las montañas de calzado multicolor aguardando a ser clasificada; el orden metódico de todos los implementos utilizado en una práctica y hasta la espera de la mejor hora para trabajar el césped de un campo deportivo. También, a la par, se establece el sentido de un club como lugar de reunión social, permitiéndose apartar la mirada de los personajes protagonistas para dar lugar a los allegados de cada institución, al igual que las alegrías y frustraciones que el deporte les provoca.

    Para Beltramelli, era importante que la película no se transformara solo en un registro de oficios, sino que también pudiera permitirse un vistazo cercano a la vida de esos hombres y mujeres cancheros y utileros. A medida que el filme avanza se apilan las anécdotas coloridas y hasta momentos trágicos de cada uno. Generalmente narrados en entornos íntimos, la película los muestra hasta en otros lugares de trabajo e incluso en sus dormitorios, donde las glorias pasadas del deporte se traducen en fotos y camisetas exentas de un valor comercial pero cargadas de uno emocional. “Narrar la capa del oficio y atravesar esa trastienda era importante para después ir a la condición humana de cada uno de ellos”, remarcó Beltramelli.

    Con un rodaje comenzado en 2019 y que Jacob calcula llevó cerca de 20 jornadas de filmación, la producción de Al final del partido se vio atravesada por un suceso inevitable: la crisis sanitaria ocasionada por la pandemia del Covid-19. Con la paralización del fútbol, varios de los protagonistas vieron sus trabajos, y su vidas, en jaque. Más que evadir ese momento no planificado dentro del guion original a cargo de Daniel Márquez, la película explora el suceso y los efectos que produjo en las precarias situaciones laborales de los retratados. Bajo un impulso similar, el documental también se atreve a salirse de su estilo de narración más tradicional para experimentar con su puesta en escena, como es el caso de una secuencia que reconstruye una situación de vida o muerte vivida por uno de los cancheros.

    Previo a su estreno, el documental tendrá un preestreno el sábado 15 de octubre en el Festival Internacional Piriápolis de Película. El jueves 20, en tanto, la película se exhibirá en Cinemateca, la Sala B del Auditorio Nelly Goitiño, Life Cinemas 21, Life Cultural Alfabeta y en el Centro Cultural Florencio Sánchez, donde el equipo acompañará el estreno con una presentación. En el interior, la película se verá en cines y salas de Salto, Nueva Helvecia, Fray Bentos, Young y Parque del Plata. Próximas funciones y ciudades se irán agregando paulatinamente.

    Con una gira de exhibiciones por delante, Beltramelli reconoció que espera que el público conecte con la misma nostalgia bajo la que enmarcó al relato. “Siento que cada una de las personas de la película me conecta con las personas que dejé en mi club en Salto”.

    En ese sentido, el equipo también reconoció que, a futuro, la película podrá ser vista como una postal de un presente de los clubes deportivos barriales en plenas vías de extinción.

    “En este momento hay una tendencia al ‘fútbol sociedad anónima’”, señaló Señorans. “Estos clubes van sucumbiendo ante el poder económico. Con este auge del superprofesionalismo, van desapareciendo, pero creo que en el interior eso va a demorar más. Y si hay un lugar donde la cultura de lo barrial se conserva, es en estas instituciones”.

    Vida Cultural
    2022-10-12T21:28:00