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Como Un dios salvaje, la última película de Roman Polanski es la adaptación de una obra teatral. Y esta vez reduce todavía más la locación y la cantidad de personajes. Hay un único escenario: una sala de teatro. Dos únicos intérpretes: un dramaturgo exigente y algo inseguro y una actriz que llega de improviso y fuera de horario a la prueba de audición. Como en otros largometrajes del realizador de El pianista y Repulsión, el ambiente que se genera se vuelve opresivo, deforma la realidad.
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El dramaturgo se llama Thomas, lo interpreta Mathieu Amalric, uno de los mejores actores franceses de la actualidad, que aquí luce físicamente muy parecido a Polanski. La actriz, que dice llamarse Vanda, es interpretada de un modo majestuoso, sorprendente, por Emmanuelle Seigner, esposa de Polanski en la vida real, y que trabajó antes con Amalric en la notable La escafandra y la mariposa, de Julian Schnabel.
Thomas se prepara para dirigir por primera vez su propia adaptación de La Venus de las pieles, la obra más influyente del austríaco Leopold Von Sacher-Masoch. La novela, cuyo epígrafe es “Dios los castigó y los puso en manos de una mujer (Libro de Judit, 16, 7)”, es un concentrado de las inquietudes espirituales, sexuales y políticas del autor.
Vanda llega a la audición vestida como dominatrix: botas con tacones altos, lencería negra, collar gatuno, una Venus en provocativo cuero negro. Para ella es una novela de sadomasoquismo. Para Thomas, la obra está bastante más allá: “Es una pieza fundamental de la literatura universal”, responde casi ofendido. Aunque Thomas advierte que ya es tarde para hacer la audición, ella logra convencerlo de que la escuche. Leen las primeras líneas. Thomas parece que ha encontrado a la actriz indicada para el papel. Acaba de caer embrujado.
A partir de este punto se desarrollará un juego mental de dominación y sumisión, los papeles van a intercalarse, Thomas y Vanda serán Severin y Wanda, Wanda y Severin, comentarán escenas, modificarán acciones, ya enredados en la dinámica de una relación como la de la novela. En el escenario, la existencia se va cerrando cada vez más dentro de ese mundo, siempre cambiante, con la escenografía de una versión musical de La diligencia. La película es chica, pero Polanski es inmenso.
La piel de Venus (La Venus à la fourrure). Francia-Polonia, 2013. Dirección: Roman Polanski. Guion: Polanski y David Ives sobre obra de este último. Con Emmanuelle Seigner y Mathieu Amalric. Duración: 96 minutos.