Montevideo, 20 de octubre de 2020. (De nuestras agencias). Los habitantes de la capital salieron hoy a las calles a celebrar la victoria de las fuerzas de una hermana república, que lograron alejara las tropas presuntamente invasoras que se dirigían hacia las costas uruguayas desde los puertos argentinos de Buenos Aires y Bahía Blanca.
En el interior del país también hubo manifestaciones de júbilo, pero ninguna tan ruidosa y bullanguera como la que se registró en esta capital en torno al Obelisco, donde gente de todos los partidos políticos y de todas las edades, de sindicatos, de federaciones estudiantiles, celebró unida y entre cánticos y abrazos la defensa de la soberanía nacional.
Como sin duda nuestros lectores recuerdan, entre agosto y octubre de 2015, hace cinco años, destacados políticos pertenecientes a la fuerza de gobierno uruguaya (incluyendo al presidente Vázquez, al vicepresidente Sendic y al presidente saliente José Mujica) participaron activamente en la promoción de la candidatura presidencial de Daniel Scioli en las elecciones argentinas del 25 de octubre. Al fin de cuentas, Argentina es un país hermano.
Scioli fue electo presidente en primera vuelta, y viajó al Uruguay el día siguiente, donde compartió un almuerzo en el Quincho de Varela celebrando su triunfo junto a sus hermanos promotores uruguayos.
En su discurso de agradecimiento, Scioli prometió una inmediata recuperación de las hasta entonces muy alteradas y problemáticas relaciones bilaterales, unilateralmente afectadas desde la Argentina por una variada lista de atropellos tales como el cierre de puertos fluviales argentinos para barcazas uruguayas, la falta de respaldo al dragado de los canales del Río de la Plata, trabas burocráticas caprichosas a las exportaciones uruguayas a la Argentina, así como toda suerte de trabas al desplazamientos de turistas argentinos al Uruguay, sin dejar de mantener una tozuda negativa a la publicación de los análisis de la pureza de las aguas del Río Uruguay, siempre aludiendo a lo que jamás pudieron demostrar, que la planta de UPM contaminaba las aguas de dicho río.
Durante los primeros seis meses de gobierno de Daniel Scioli, la luna de miel fue más que evidente.
Se levantaron las trabas a las exportaciones uruguayas, se comenzó a co-financiar el dragado del Río de la Plata, se permitía al embajador Héctor Lescano entrar y salir del territorio argentino sin ninguna documentación identificatoria, se subsidiaron los pasajes fluviales de Buquebus para estimular la venida de turistas argentinos a las costas uruguayas.
No obstante, un día las cosas empezaron a cambiar.
Descolgado de toda realidad, el embajador argentino se presentó en el Ministerio de Relaciones Exteriores con una nota de protesta por los 200.000 litros de keroseno que se habían derramado en el Río Uruguay cinco años antes, planteando algunos problemas de potabilización en el agua que se consumía en la ciudad uruguaya de Paysandú.
“Restos de ese combustible fluyeron hacia la costa argentina, provocando la muerte por intoxicación de 14 ovejas que pastaban junto al río. La razón de la demora en presentar esta queja se debe a que los servicios de autopsia veterinaria de Gualeguay-chú no contaban con el personal idóneo para evaluar el daño, pero debido a la previsión de haber guardado los cadáveres de los ovinos congelados en el freezer de la morgue de la ciudad, ahora se ha podido finalmente comprobar el daño. Procedemos a reclamar 100 millones de dólares como indemnización por este atentado contra nuestra fauna, incluyéndose dentro del monto de la reclamación el valor reactualizado de los animales muertos, multas, recargos e intereses, y una suma adicional por daño moral” —dice en uno de sus párrafos la reclamación argentina, que produjo honda preocupación en las autoridades uruguayas.
Tras el obvio rechazo de la Cancillería uruguaya ante tal exabrupto, el presidente Scioli declaró por Cadena Nacional que el gobierno argentino plantearía el caso ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya.
Curiosamente, esta inesperada agresividad de parte de las autoridades argentinas se produjo tras una de las visitas semanales que Scioli realiza puntualmente a Santa Cruz, donde dialoga y se nutre de ideas en las reuniones que mantiene en la Estancia “Néstorbanipal”, donde reside la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien, incidentalmente explicó hace un tiempo a la prensa, que el nombre de su establecimiento de campo deriva de una conjunción del nombre de su difunto esposo con el de Asurbanipal, último rey de Asiria, glorioso guerrero y culto promotor de la felicidad de su pueblo.
La actitud agresiva se volvió a reiterar cuando una noche cualquiera de primavera, un grupo de pescadores a la encandilada surcaba el Río Uruguay en una pequeña embarcación. Sorpresivamente, el bote fue detenido por una lancha de la prefectura argentina. En medio de la inesperada intercepción, a uno de los pescadores, que estaba encendiendo un cigarrillo, se le cayó el encendedor de gas al agua, lo cual motivó la detención y traslado de todos los tripulantes de la lancha a la prefectura de Gualeguaychú, donde fueron encerrados en un calabozo, bajo el cargo de contaminar al río con derrames de gas tóxico en forma de pequeños contenedores. Se supo que fueron maltratados y torturados por militares argentinos, quienes les exigían firmar un acta en la que reconocían su agresiva y destructora actividad terrorista con el agravante de la nocturnidad.
La protesta de las autoridades no se hizo esperar, y el gobierno reclamó la inmediata liberación de los detenidos, sin más trámite.
La respuesta fue el discurso del presidente Scioli en Gualeguaychú, estimulando al pueblo a volver a cortar los puentes, cosa que ocurrió de inmediato. Se volvieron a bloquear las exportaciones uruguayas, y a prohibir el uso de los puertos fluviales argentinos para embarcaciones uruguayas.
El presidente Scioli dijo en otra Cadena Nacional, que sus técnicos estaban revisando la teoría del ministro Estanislao Zeballos, quien a mediados del siglo XIX había esbozado la peregrina idea de la “costa seca”, consistente en que el Río de la Plata era totalmente argentino, y el derecho uruguayo a sus aguas terminaba en las doradas arenas y las agrestes rocas de sus playas.
Mientras todo esto ocurría, en el Uruguay la ciudadanía seguía fracturada y enfrentada, reclamando aumentos presupuestales, beneficios adicionales, sobre sueldos impagables, acusándose partidos, y hasta fracciones de partidos los unos a los otros, en gran clima de disgregación social en medio de paros, agresiones y protestas.
Fue entonces que, al avistar una flota de buques de guerra que se acercaban peligrosamente a las costas uruguaya, los vigías instalados en la Fortaleza de la República del Cerro (un nuevo país hermano que había nacido unos años antes, al separarse del Uruguay tras un plebiscito, y declararse territorio libre e independiente) decidió bombardear desde la costa a los presuntos invasores, a quienes hizo detener primero y recular después, consolidando así defensa de la soberanía de la patria.
Esto volvió a reunir a los uruguayos por encima de diferencias menores, lanzándose todos a las calles para abrazarse y celebrar la unidad nacional…
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¡Valentín! ¿Ya te dormiste? (Se durmió, angelito…y eso que este es uno de los cuentos que más les gustan cuando Tata les lee a la hora de irse a la cama…)