Nº 2246 - 12 al 18 de Octubre de 2023
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl 2023 parece ser un año de extremos. Pasamos de una sequía histórica a la amenaza de pasarnos al otro lado, excesos de lluvias que ponen en guardia a todos aquellos que dependen de un buen clima para lograr una buena producción para pagar sus cuentas.
También tuvimos un año de extremos en los precios, con caídas muy fuertes en algunos productos, como, por ejemplo, el trigo y el ganado, que sin dudas tendrán un efecto muy negativo en los balances de las empresas. El panorama para la soja y el maíz no es mucho mejor, solo que de momento pocos miran vender soja a futuro, a pesar de que se viene una enorme cosecha de Brasil que nos va a complicar la vida.
Nadie se vio venir esta caída de precios. Los que estamos vinculados a la agricultura estamos un poco más acostumbrados a vivir volatilidades más altas, pero la caída de los precios ganaderos agarró a todo el mundo desprevenido. No es la primera vez que pasa, ni será la última, pero creo que se nos escapa algo del análisis. La coyuntura no es la mejor, pero nos obliga a mirar más lejos.
Es cierto que el agro del 2023 en Uruguay no es el mismo que el que tuvo que soportar otras crisis de precios o de competitividad. Ya lidiamos con fantasmas similares, como el atraso cambiario o las sequías. La matriz productiva es distinta, más diversa, lo mismo que los empresarios encargados de esa producción.
Pero lo novedoso es el tamaño del endeudamiento del sector y eso es una amenaza latente de la cual nadie habla y preferimos barrer debajo de la alfombra. El gran problema de Uruguay es que no termina de madurar las ideas para desarrollar los instrumentos que requiere para pasar a jugar en primera división, sin sufrir en exceso de los errores de mirar hacia el costado en temas sensibles. Al final del día el mercado resuelve, y muchas veces esa forma de hacer las cosas no es la mejor.
Nadie siquiera se plantea qué pasaría si esta coyuntura de precios dura más de lo que nos imaginamos. Y si los precios de los principales productos que produce el Uruguay enfrenta un ciclo bajista que dura años, ¿cómo vamos a pagar las cuentas?
No es que estemos en una coyuntura donde la espalda de las empresas sea la suficiente para aguantar un ciclo negativo. Por el contrario, no todos pudieron pagar las deudas que dejó la sequía, muchos de los cuales apostaron al pleno del invierno para seguir en carrera.
Al día de hoy, un tercio de la agricultura uruguaya sigue con una sequía importante y el alivio de un año El Niño sigue sin llegar. El clima es solo uno de los problemas, pero de los demás lo que más me preocupa es que ni siquiera están en la agenda del sector, más allá de las quejas por el atraso cambiario.
La lista de problemas potenciales crece día a día y el primero en la lista es el enorme peso del endeudamiento del sector, que nadie quiere enfrentar. Sé que no es fácil inventar soluciones cuando la rentabilidad es baja o simplemente no existe, pero eso también desnuda nuestra idiosincrasia como sociedad, de no pensar mirando el largo plazo y afrontar los problemas antes que aparezcan.
Cuando el mercado funciona a nuestro favor nadie se preocupa del futuro, pero cuando llegan los problemas que trancan la cadena productiva la solución se demora en llegar.