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    Los que hunden las empresas

    N° 1828 - 13 al 19 de Agosto de 2015

    Deysi González es especialista en reclutamiento y head hunter en Jobs Paraguay, una de las principales empresas de selección de personal y asesoramiento en gestión organizacional. Hace pocos días ha dado su visión al diario  “5 días” sobre el tipo de personas que hunden a las empresas.

    En primer lugar ubica a los mediocres. Son aquellas personas que, pudiendo mejorar sus habilidades o conocimientos, no quieren hacerlo. Les gusta cantar ese tango que dice “en la timba de la vida me planté con siete y medio”. No hacen olas, ni quieren que otros las hagan. Son suicidas de sí mismos y asesinos seriales de los demás. Identificar a los mediocres es una prioridad. Sacarlos rápido, una necesidad.

    Faltos de compromiso. Les da lo mismo hacer que no hacer. Viven bajo la ley “del mínimo esfuerzo y el máximo de satisfacción”. Nunca se “ponen la camiseta” y cuando lo hacen, no la transpiran. Su abulia es contagiosa. O cambian o se van.

    Deshonestos. Cuando uno piensa en un deshonesto lo asocia inmediatamente a un ladrón de dinero. Pero en las empresas están los que roban tiempo, energía, ilusiones. Son los que no honran el contrato de trabajo y no lo hacen porque carecen de “estima y respeto de la dignidad propia” o de “buena opinión y fama, adquirida por la virtud y el mérito”, tal la definición de “honra”.

    Egoístas. El egoísmo racional es una virtud: es cuidarse primero uno mismo para luego poder cuidar de otros. Pero el egoísmo del avaro es otra cosa. Son los que esconden información, los que no mejoran procesos para transformarse ellos en imprescindibles o los que “se cortan solos” sin importarles el resto. No entienden el concepto de empresa como “acometer una empresa”, un proyecto con un propósito común, que alinea a empleados, accionistas y clientes. Los egoístas no gustan de trabajar con otros ni aprender de ellos, lo cual es muy riesgoso en un mundo tan competitivo. Como decía  Ray Crock (fundador de McDonald’s): “Ninguno es mejor que todos nosotros juntos”.

    Fatalistas. Todo lo ven negro. Siempre tienen un problema y jamás una solución. Ponen palos en la rueda y no empujan del carro. Son timoratos, desconfiados y, en el fondo, miedosos. Son, al decir de Bernardo Stamateas: “Gente tóxica”. Estos individuos no solo te hunden la empresa, sino que te hunden a ti con ella: un hundimiento moral y espiritual.

    Lo interesante es ver que a esta gente se la encuentra en todos los niveles de la organización: desde los cargos más bajos de la pirámide a los más altos. Y cuánto más arriba estén, más daño hacen.

    Pero estén donde estén, hay que combatirlos. Primero, tratando de ayudarlos a cambiar, por su bien, y por el nuestro. Y si no cambian, hay que huir de su lado. Si usted es el jefe, despídalos. Si usted es empleado, renuncie. Nada bueno sucede en torno a estas personas. Y la vida es corta como para desperdiciarla a su lado.