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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDurante los largos años de exilio, fui testigo y colaboré estrechamente con la acción política desplegada por Wilson Ferreira Aldunate, destinada a promover la condena, en los estados y partidos políticos democráticos de Europa y el mundo entero, por la violación permanente de los derechos humanos y políticos del Estado dictatorial que desgobernaba nuestro país.
Esos fueron también los objetivos de los partidos, movimientos y muy diversos grupos de la izquierda uruguaya en el exilio, desde hace unos años reunidos, en su mayoría, dentro de la coalición del Frente Amplio, regidos por los principios del centralismo democrático formulados en el libro ¿Qué hacer? (1902), de Vladimir I. Lenin.
En el concierto de los estados de los países hermanos de América Latina, fueron las autoridades democráticas de Venezuela en las que encontramos a los más fieles y auténticos aliados con la causa que perseguían la inmensa mayoría de nuestros compatriotas que sufrían las consecuencias del Estado dictatorial, tanto en el interior del país como en el exilio. En Venezuela miles de uruguayos encontraron su segunda patria y lograron rehacer sus vidas y, entre ellos, uno de los más ilustres de nuestros historiadores y filósofos del siglo XX, el Dr. Arturo Ardao.
En unos de los escasísimos temas que podíamos llegar a coincidir todos los uruguayos exiliados, repartidos por los más diversos lugares del mundo, durante los años de la dictadura, era que ella se sostenía por la práctica sistemática del terrorismo de Estado. Fue en aquellos años que también las diversas dictaduras que poblaran nuestra doliente América Latina se mantuvieran en el poder mediante tan deleznable práctica.
Y en los días que corren, más allá de que, dentro de los pueblos hermanos, tan solo el nuestro y el de Costa Rica somos reconocidos como los únicos que conviven con democracias plenas, aún tenemos tres países bajo regímenes estrictamente considerados como dictatoriales: Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Entre quienes sobrevivimos a los años duros y todas las generaciones posteriores que han nacido y vivido en democracia: ¿alguien puede argumentar sensata, honesta y ecuánimemente que las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua no se sostienen por la práctica del terrorismo de Estado y la sistemática violación de los derechos humanos y políticos de sus compatriotas?
Luis Alemañy