Tengo un amigo finlandés que trabaja para el servicio secreto de su país. De tiempo en tiempo viene de visita al Uruguay, porque dice que le gustan el asado de tira y el dulce de leche. Nunca me dijo a qué es que viene cuando aterriza por estos pagos, pero a los amigos se les conserva tratándolos con discreción y respeto.
—“Mira” —me dijo, —“te traje una grabación secreta de lo acontecido en la antesala de la habitación del hotel donde se alojó tu presidente durante su estadía en Helsinki hace unos días. Nunca grabamos lo que hacía en su dormitorio, por respeto a su intimidad, pero en la antesala él se reunía con el canciller Almagro antes y después de sus encuentros oficiales, y eso podía potencialmente ser un tema de interés para las autoridades de nuestro país. Pero finalmente, como nada serio aconteció, me pareció que anecdóticamente te iba a interesar mirar estas imágenes y escuchar algunos sabrosos diálogos entre Mujica y su ministro” —concluyó Braaulio, mientras me entregaba un dvd prolijamente envuelto en un discreto sobre de papel manila.
A duras penas pude contener mi ansiedad hasta llegar a casa, para poner el disco en la computadora, y presenciar aquellos jugosos intercambios.
—“¡Vo, Almagro, vo taj bien seguro que ejto de la planta vashalí, y que la invershión ta shegura ta!, porque mirá que ante de lajentrevijta con lo capo de la fábrica, me van a entrevijtá lojmedio, y vanapreguntá de todo, ¿mentendé?” —arranca diciendo Mujica en una parte de la grabación.
—“¡Pero por supuesto, Pepe!” —replica con entusiasmo el canciller —“¡tú sabés que esto ya viene cocinado a las mil maravillas por la cancillería, y nuestro eficiente servicio exterior no se va a exponer a un papelón, por favor!” —agrega con énfasis, y culmina diciendo —“además, esta noticia ya fue publicada en la página de presidencia, y todo pero todo lo que sale allí es la pura verdad incontrovertible”.
En eso se escucha sonar un teléfono, y atiende Almagro con un perfecto inglés: “Yes, mister president is here, just a moment, please!”, y le comunica a Mujica que lo llaman de la producción del programa “En Viiveen y en Diireecten” de la emisora “La Voz del Polo Norte”, y que lo quiere entrevistar el célebre periodista Neeber Araaaujen, quien habla correctamente en español.
—“Poné el altavó, Almagro, ashí me reshulta má fáshil” —pide Mujica, cosa que hace Almagro, y que nos permite escuchar la totalidad del diálogo.
—“Señor presidente, ¿cuáles fueron los estudios previos llevados a cabo en su país antes de este viaje, en el que usted afirma que viene a concretar la instalación de una nueva planta de celulosa en el Uruguay?” —pregunta el periodista.
—“Mire, mhijo,” —arranca Mujica —“noshotro anduvimo por Tacuarembó, y por Sherro Largo, y encontramo unajshona muy empobreshida, mucho deshempleo, mucha misheria, y dijimo ¿Qué mejó que traernojotra planta pacá, con la cantidá de puejto de trabajo que she crean y esho, ¿no? Y majquenada en ejto tiempo preletorale, que hay que arrimar alguna bocha pal bochín, y alguno voto pa no quedarafuera, ¿mentendé? Y agarramo y nojvinimo pacá, pa deshirle a lo dueño e lajpashtera má grande del mundo, como deshía enl Minguito, ¿teacordá del Miguito? Él deshía ¿andehayquefirmá? Y bueno, firmamo cuando quieran, y noj yevamo la guita payá, y tá, ¡otra planta de shelulosha, papá!”
—“Señor presidente, con todo respeto, ¿su gobierno consultó previamente a las autoridades de la empresa UPM acerca de este ambicioso plan y de esta nueva inversión multimillonaria en dólares?” —interrogó el periodista entrevistador.
—“¡No!” —replicó Mujica —“¿paqué loíbamo a ashé, shi cuando vino el gobierno uruguayo la veshanterió nojyevamo una planta que ya etá lijta, funshionando lo má bien?, y atenti que no contamina nada, shon toda mentira de lojargentino bandido esho, y pa demojtrarlo, ¡ejta planta la vamo a ashé adentro mijmo del territorio nuejtro, y lejvamo a tapá la boca a esho porteño babosho y a la Critina, vieja terca y jodida shi lashai, carajo!” —enfatizó el entrevistado.
—“Con todo respeto, parece por lo menos delicado haber actuado con ese excesivo optimismo” —comentó el entrevistador.
—“¡Vo yamame ejta noche y yo te cuento cómo shalió todo, papá!” —concluyó Mujica, despidiéndose amablemente del periodista.
El tramo siguiente de la filmación registra el momento en el que Mujica y Almagro regresan a la suite presidencial, y se desploman en unos sillones de la antesala del dormitorio del primer mandatario.
—“¿Pedashoeunpelotudo, ¿cómo carajo me vashashé ashé un papelón como ejte?, ¡naboemierda!” —le increpa Mujica a Almagro, a quien se ve tenso, pálido y desencajado. ¿Vo te imaginá a la oposhishión ahora tirándome bosta dejde cualquier rincón? ¿Vo te imaginajte que lo finlandeshe no shólo noshiban a deshí que no a la planta, shino que ademá noshiban a tirá de lashoreja dishiéndono que lajcarretera y lojcamino ejtán a la misheria y todo lo demá? Deshime una cosha, ¿quiéne son lo débile mentale que tené en eshe minijterio que no son capashe de averiguá ante shi la cosha viene en sherio o shi son pura ejpeculashione? ¡No she puede vení a pishá ejta cájcara e banana delantetodoelmundo, papá! ¿Pa donde arrancamo ahora pa tapá ejta cagada?” —preguntó insistentemente Mujica, visiblemente molesto y enojado.
Almagro intentó algunas opciones, tales como una entrevista sorpresa con los líderes del Estado Islámico, a varios de los cuales conoce y con los que mantiene una relación cordial desde los tiempos en los que él era diplomático uruguayo en Irán.
—“Podemos intentar una mediación, como la que tú intentaste con las FARC, ofreciendo canjear a los rehenes amenazados de degüello por los candidatos a la presidencia de la oposición, y agregar un encuentro para la paz en Punta del Este al que asistirían El Baghdadi y otros líderes del Estado Islámico, y también Cristina Fernández, Evo Morales, Nicolás Maduro y Raúl Castro, no sé, algo así sensacional, un paso gigante para tu Premio Nóbel, y…”
—“Callate, belinún” —lo cortó en seco Mujica —“no shigá insistiendo con tuj locura. Vámono cayadito pa casha, que con el clima preletoral en fija que ejte papelón vapashá bajtante deshapershibido. Pero eso shí: shi gana Tabaré, le pedí que lo nombre al Bicho minijtro del interió. Pero a vo de cansiyé, ¡nunca má!” —concluyó.