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    Los votantes de Martínez

    Sr. Director:

    ¿...quién te vota, Pelado???

    Hoy escuché en el noticiero la última encuesta de preferencias electorales para los venideros comicios de octubre 2019 y me asaltó la duda existencial al escuchar que un 33% de los entrevistados votarían al oficialismo, por cuanto no puedo entender cómo exista tanta gente que se mantenga en esta orientación política luego de transcurridos 15 años de gestión nacional y 30 años de gestión municipal con resultados pésimos (seguridad, educación, derechos humanos, gestión de empresas estatales, corrupción, impuestos), otras veces resultados mediocres (economía, inversión extranjera) y algunos resultados aceptables (apertura de mercados).

    Así entonces reflexioné algunos motivos de explicación y si bien no soy sociólogo el olfato me dice que no estoy muy alejado de la realidad.

    Para comenzar, creo que existe un voto cautivo y dirían los analistas que la actual conducción ejerció construcción de poder, es decir repartió tantas prebendas, tantas viviendas gratis, tanta asignación familiar sin contraprestación, tantos préstamos fracasados del Fondes o de Inefop, tantos servicios impagos en la periferia, que si solo analizo al Mides con sus 685.000 prestaciones, puedo sacar un buen monto de votantes de la continuidad.

    Después consideraría un aspecto del paradigma social que envuelve a la juventud, tradicional votante de las ideas “progresistas de cabeza abierta”. El fenómeno social de nuestros tiempos es que el modelo de la adolescencia que antiguamente llegaba a los 19 años (teen agers) ahora orilla los 35 años, lo que en buen romance indica un caudal electoral pueril que se duplicó por arte de la inmadurez.

    Le toca el turno al sector duro de cualquier sociedad que no acepta el contrato social de Jacobo Rousseau y que se siente identificado con los “transgresores”. Son los enemigos declarados de la tradición y en ellos contabilizo a anarquistas, guerrilleros, terroristas, comunistas, populistas, resentidos, radicales y otros. Aquí hay unos cuantos miles.

    Ahora le voy a dar palo a un sector despreciable: los arribistas. Son esos cientos de sujetos que se suben al carro del vencedor manifestándose como fieles seguidores de la ideología “desde la primera hora”. Observen este ejemplo. En 2005 asume un presidente masón y dicha congregación apenas contaba con 12.000 adeptos, pasando a partir del hecho político a tener 25.000 integrantes, todos ansiosos de “fraternidad” económica.

    Este análisis que sigue es muy cruel y no de mi parte sino del instigador. Se trata de las minorías. Son todos esos sectores sociales no muy grandes pero que sumados son un voluminoso poblacional. Están los trans, aproximadamente 900 personas; están los consumidores de marihuana “recreativa”, unas 30.000 personas; están los afros, un 5% de la población nacional; están los perseguidos de la dictadura, unas 6.000 personas; están los reclusos, que son unas 12.000 personas. A todos ellos se les dio un trato preferencial convertido en decretos y leyes que los recompensó económicamente. Es entendible que voten de por vida al dador.

    Un capítulo aparte es la mujer, el movimiento feminista, la ideología de género, la violencia doméstica. La manipulación de este colectivo tuvo su máximo exponente con una marcha de 300.000 personas por la avenida 18 de Julio, lo que habla a las claras de la importancia electoral de estos seres humanos, a quienes de ex profeso se “empoderó” convenciéndolos de que el varón es un matador depravado, la mujer una acosada y sumisa esclava y los hijos de ambos son patrimonio de ellas.

    Me pinta ahora sacudir al colectivo sindicalista. Como una continuidad del último precepto marxista (la propiedad de los medios de producción) se participó a docentes en los estamentos directivos y lo propio ocurrió en la salud. Luego vino la perlita de extender la huelga ocupando instalaciones fabriles. Este nuevo monstruito creado pasó a ser un cogobernante de turno muchas veces en sintonía ideológica con los elegidos democráticamente y en otras queriendo pasar por encima del mandamás, como ocurre hace una vida en la Intendencia. ADEOM son unos cuantos miles de votos “solidarios”.

    Voy a rematar este análisis con el empleado público, todo un personaje. No el empleado público esforzado y cumplidor, no, el otro, el que todos conocemos, el consumidor crónico de café/Internet/teléfono/calefactores en su escritorio/licencias inventadas, el que en la exigente órbita privada dura un lirio, el que se apropia de lo que su ámbito brinda (si está en UTE se afana cables, termomagnéticas, contactores, llaves diferenciales, medidores). Si estos abusadores fueran al menos el 10% de la plantilla, estamos hablando de 34.000 inútiles. Izquierda y derecha tienen modelos encontrados respecto al Estado y la primera es la que ama ese Estado obeso; pues bien, el mentalmente dispuesto a ser un zángano de la sociedad tendrá un voto acorde.

    Para lo último, los últimos, los desesperanzados, el cinturón de pobreza. Son unos 300.000 ciudadanos que viven en estado salvaje, a los cuales les enseñaron que su pobreza es culpa de la riqueza, sin contemplar que su pequeño país educado sacó de la marginalidad a tantos, como se dijera en la obra M’hijo el dotor. Ellos ven en un igual, un desarrapado y sucio sujeto con discurso compañero, a un desgraciado como ellos y se vengaron llevándolo a la primera magistratura, el primer presidente plancha. Si reciben planes de asistencia no importa, su vida es y será la misma, como enseña la bisabuela de apenas 45 años. Su voto irá siempre contra la camisa y corbata, contra el hablar difícil, contra el uniformado. Hasta se podrá hacer rico comercializando lágrimas, pero siempre será fiel a su raíz.

    Qué más quisiera yo que ser preciso y exacto con los números, pero repito que no soy un sociólogo, apenas un observador crítico de la masa fócida.

    Cap. de Navío Gerardo Lebel