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Rara vez la banda sonora de un espectáculo teatral, o de danza, llega a las bateas. Son más frecuentes las soundtracks cinematográficas. Pero el mundo de las artes escénicas contiene vastos continentes musicales vírgenes, océanos de notas inexploradas. Son músicas efímeras que resuenan en el escenario mientras la obra está en cartel, y luego quedan reducidas al registro testimonial de una copia en un estante. No suenan en las radios, mucho menos en YouTube.
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Entonces, esta edición es un pequeño acontecimiento. Como antes era moneda corriente para gente como Tchaikovsky, Ravel o Debussy, esta historia empezó como un encargo de Julio Bocca, director del Ballet Nacional del Sodre, a Juan Campodónico. El músico de Bajofondo y ex El Peyote Asesino compuso Nocturno, obra en tres movimientos que dura unos 20 minutos, grabada por el colectivo Campo, su proyecto solista. Fue coreografiada por Martín Inthamoussú para Nocturno, pieza incluida por la compañía de baile en su reciente estreno Episodios nocturnos coreográficos. Y ahora es el núcleo de este EP (Extended Play, formato de fonograma breve).
Campodónico cuenta que se inspiró en unas vacaciones en Rocha, en una casa rodeada de bosque nativo. “En medio de la noche desperté y escuché cómo el monte sonaba. Sin abrir los ojos vi una noche muy colorida y llena de vida. Aún está ahí aprisionada, la tierra, los árboles nativos, la flora, la fauna, el clima, el paisaje, el viento, la geografía”.
Alejada de las alegorías tangueras de Bajofondo, esta música posee una fuerte impronta rítmica, con el omnipresente beat electrónico marcando el pulso, y expresa una elocuente sensación de modernidad. Es inútil intentar describirlas en función de géneros, porque Campodónco se ha vuelto un eficiente hechicero de la fusión-multi-todo, con la libertad como única premisa. Cualquier sonoridad, instrumental o sintética, tiene espacio en esta argamasa.
Ciudad, el primer movimiento, es un collage de sonidos urbanos orquestado con percusión y cuerdas sinfónicas, y arreglos de guitarras eléctricas. Los sueños propone un clima íntimo, envolvente, como un cuento narrado por la sección de cuerdas, rubro protagónico, a cargo del violinista argentino Javier Casalla (Bajofondo). Monte nativo parte de una madrugada calma y traslada al escucha, en un efectivo crescendo, hacia un amanecer luminoso traducido en música, hasta depositarlo en un intenso frenesí tecno-matinal.
Completan el disco dos piezas con letra: La luz tranquila, de Campodónico y el cantante Martín Rivero, y Ciudad nocturna, poema escrito e interpretado por un lúgubre Gabriel Calderón, con música de Pablo Bonilla.