Nº 2198 - 3 al 9 de Noviembre de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA veces es bueno dejar pasar un tiempo para analizar un episodio polémico. Hacerlo en caliente, en el momento en el que el debate polarizado arrasa con todo lo que se le cruza por el camino como lava de un volcán en plena erupción, no tiene ningún sentido. Lo que suele provocar esa acción torpe son quemaduras difíciles de sanar y que lo importante, lo que realmente vale la pena discutir, quede perdido en el olvido.
El tiempo transcurrido es útil además para poner el hecho en cuestión en un contexto histórico más amplio. Sirve como para comparar lo que está ocurriendo con lo que ya pasó muchas veces en el pasado y descontaminarse de lecturas teñidas por las confrontaciones más coyunturales y superficiales. Dicho esto, el tema de si acceder al gobierno es lo mismo que llegar al poder es algo que se repite período tras período. Lo único que cambia son los protagonistas, según quién está a cargo de ejercer el oficialismo y quién en la oposición.
Por eso no es tan raro ni escandaloso ni grave lo que dijo el senador del Partido Nacional Jorge Gandini hace tres semanas ante un grupo de militantes blancos. “Me da la impresión de que ganamos el gobierno, pero no ganamos el poder”, opinó en Mercedes el jueves 13 de octubre, sin darse cuenta de que estaba siendo escuchado por un periodista del medio local Agesor, que luego difundió sus palabras.
Se refería a la rapidez con la que actúa el Poder Judicial en algunos asuntos y la lentitud que muestra en otros. Es más, hasta hizo referencia a lo poco que se ha logrado en la investigación sobre la fuga del mafioso Rocco Morabito ocurrida durante el último gobierno del Frente Amplio y lo rápido que se avanza en el caso que involucra a Alejandro Astesiano, exjefe de la custodia personal del presidente Luis Lacalle Pou.
Algo similar, aunque de una forma bastante más cruda, había expresado la senadora del Partido Nacional Graciela Bianchi, tercera en la línea sucesora de Lacalle Pou, en una reunión con militantes blancos a fines de 2021, en la que tampoco sabía que había periodistas pero que fue registrada y difundida por Búsqueda. Bianchi señaló que el Poder Judicial está “infiltrado” por militantes de izquierda que operan en función de intereses político-partidarios y que trancan cualquier tipo de avance en la investigación contra los anteriores gobiernos.
Tanto Bianchi primero como Gandini hace unos pocos días provocaron tormentas políticas con sus comentarios, de esas que se desatan con furia y generan la sensación de que van a hacer volar todo pero que solo traen mucha agua y después la calma que todo lo seca. No es la primera vez que ocurre ni será la última.
Desde el Frente Amplio siempre se quejaron de que les era muy difícil acceder a algunos espacios de poder y, una vez que lograron hacerse cargo del Poder Ejecutivo por primera vez en 2005, buscaron la forma de ocupar esos lugares que les eran inhóspitos. Así ocurrió, por solo poner tres ejemplos, con el sector empresarial, la Policía o las Fuerzas Armadas.
Del otro lado, siempre existió la idea no muy alejada de la realidad de que una parte mayoritaria de la enseñanza pública en todos sus niveles, los sindicatos, la burocracia estatal y también muchos de los integrantes del Poder Judicial egresados de la Universidad de la República están vinculados con la izquierda.
Entonces, al comandar el gobierno, buscan disputar el poder en esos lugares que les son ajenos, de la misma forma que antes hizo el Frente Amplio en otros. Las estrategias pueden ser muy variadas pero el objetivo es siempre el mismo: tener realmente el mando en las cuestiones más importantes.
No está mal que eso ocurra. Es parte del juego de la democracia. Cada cual avanza hasta donde puede y la correlación de fuerzas nunca es rígida, cambia en función de muchos factores, como la marea. El asunto es que cada uno asuma cuál es su verdadero lugar dentro del engranaje democrático y que las instituciones del Estado funcionen más allá de quienes las integran temporalmente. El poder tiene que estar diluido y no concentrado, tiene que ser temporal y no permanente. Eso es lo que hace la diferencia.
Si las reglas de juego están claras, no es grave que Gandini se queje de algunos aspectos del Poder Judicial. Él mismo se encargó de aclararlo después de recibir las críticas por sus reflexiones. “Nosotros tenemos una visión sobre el funcionamiento de la Justicia, a la que respetamos siempre, en sus fallos, sobre los que tratamos ni siquiera de opinar, pero a veces vemos que los tiempos pasan y que algunos casos quedan muy rezagados”, dijo.
Tampoco está mal que reciba una dura contestación de los que se sienten criticados, como el presidente de la Asociación de Magistrados Fiscales del Uruguay, Willian Rosa, que le recordó a Gandini en el programa radial Doble click de FM Del Sol los pedidos de procesamiento al exministro de Economía, Fernando Lorenzo, y el expresidente del Banco República, Fernando Calloia, por el caso Pluna, así como el del exvicepresidente Raúl Sendic.
“En el año 2013 hay un pedido de procesamiento a un ministro de Estado. ¿Quién lo pide? Un fiscal. Hay un pedido de procesamiento al director de la institución financiera estatal. ¿Quién lo pide? Un fiscal. Hay un pedido de procesamiento, una acusación, a un vicepresidente. ¿Quién lo pide? Un fiscal”, relató Rosa. “Hay que tener una mirada mucho más amplia y no tener una mirada coyuntural”, valoró.
La lista de reproches cruzados, tanto en este episodio como en los anteriores, es mucho más larga. Desde la restauración democrática en 1985 hasta ahora han gobernado en Uruguay los tres principales partidos políticos y todos se han quejado en algún momento por haber ganado las elecciones pero no el poder. Es una constante de los líderes políticos que ocupan lugares importantes, una especie de mal de altura que comparten.
También es una excelente noticia que eso ocurra. La queja no es más que una prueba de que el poder está diseminado, como corresponde. Es comprensible que los políticos intenten acapararlo. También que protesten si no lo logran o lo hacen en parte. De eso está construida la historia de la humanidad y así será siempre. Pero por encima de eso está aquello del justo equilibrio, también milenario. El poder tiene que recaer en muchos para que también llegue a los más justos.
Ganar el gobierno no es ganar el poder. Tienen razón Gandini y todos los demás que lo dijeron antes. Así es en Uruguay, al menos. Por suerte.