En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Es lógico que la actividad musical tenga un descanso en el verano, como las restantes actividades artísticas locales. Más discutible es que, para la música, el verano traiga un drástico cambio en la programación de un concierto. Parece que el calor implica el destierro del programa de obras sinfónicas mayores, aunque la orquesta las haya frecuentado, y su reemplazo por la llamada “música ligera”. Como si esta fuera más digestiva para un espectador que dentro de apenas 30 días estará en la misma sala, con el mismo aire acondicionado, escuchando a Beethoven o a Mahler.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En esa tónica de “ligereza musical”, la Filarmónica de Montevideo dio su primer concierto del año el lunes 15 en el Teatro Solís, con Diego Naser en la batuta, quien dirigió de memoria un programa de ocho obras breves y tres bises. Marchas, valses, polonesas de Tchaikovsky, Johann Strauss (padre e hijo), Sibelius, Borodin, Khachaturian y hasta una conga del mexicano Arturo Márquez.
Alguien dijo que cuando se quiere probar si un chef es bueno, hay que pedirle un plato sencillo. Hacer que abandone la proliferación de sabores y el rebuscamiento de salsas y hierbas para ir a lo esencial. Si el hombre realmente vale, la simpleza y linealidad del plato le permitirán arrojar al paladar sorpresas nunca antes degustadas y transformarlo en un inusitado manjar. Esa fue la impresión que nos dejó Naser en su transitar por un repertorio de pequeñas obras generalmente usadas de relleno o como bises.
Naser eludió el camino fácil, el trillo conocido. Así pudo hacer un Vals del emperador de inusual elegancia, con infalible buen gusto en el fraseo, evitando siempre golpear el primer compás del tres por cuatro. Logró una musicalidad conmovedora de las cuerdas en el Panorama previo al vals de La bella durmiente de Tchaikovsky. Hizo que las cuerdas cantaran y atacaran en pianísimo de forma sublime en el Vals triste de Sibelius o que los cellos brillaran eufóricos en el Vals de las flores o los bronces en la polonesa de Eugenio Oneguin. Cuando hubo que sonar fuerte también lo hizo, pero siempre con un sonido empastado y bien controlado en el balance de los aportes de los diferentes sectores de la orquesta.
Es la primera vez que este cronista ve dirigir a Naser, aunque también debe anotarse que sus presentaciones son escasas. A la luz de lo que pudo verse el lunes, esa escasez es desafortunada. Nos gustaría escucharlo más seguido y en repertorio de mayor compromiso. Tiene mucho para decir y hay que darle oportunidades para que lo diga.