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Desborda creatividad en el guion, en la música, en los personajes y, sobre todo, en la animación con la técnica stop motion. Decenas de animadores esculpieron a mano un batallón de muñecos en plastilina y silicona, un trabajo artesanal minucioso que implicó, por ejemplo, clavar miles de pelos reales en los cuerpos de los pequeños personajes. La película se llama Isla de perros y la dirige Wes Anderson (Los excéntricos Tenenbaum, El Gran Hotel Budapest), el cineasta norteamericano amante de la simetría, los movimientos lentos, los colores fuertes y el cuidado en los detalles.
Isla de perros es su segunda animación. La primera fue en 2009 (Fantastic Mr. Fox, basada en un libro de Roald Dahl), también hecha en stop motion, técnica que consiste en manipular los objetos cuadro a cuadro para crear movimiento, sin usar dibujos en pantalla o tecnología 3D. Ahora, con Isla de perros, Anderson sube varios escalones hacia la perfección de la técnica y del relato, que va y viene en el tiempo, mezcla idiomas y es a la vez irreverente y serio, irónico y tierno.
El escenario es Japón dentro de 20 años, un mundo futurista, aunque no tan lejano. Megasaki City está saturada de perros infestados por una gripe canina que puede atacar a los humanos. Su alcalde es Kobayashi, un hombre autoritario y corrupto que en lugar de permitir una vacuna para curar a los animales, los envía a una isla convertida en el vertedero de toda la basura de la ciudad.
El primer perro en marchar a la isla es Spots, la mascota-guardaespaldas de Atari, un niño japonés de 12 años que quedó huérfano y fue adoptado por el alcalde. Atari decide subirse a una avioneta para ir a buscar a Spots al medio de la mugre. Allí recibirá la ayuda de un grupo de perros valientes y rebeldes, llenos de cicatrices. Ellos se enfrentan a lo que sea, mientras tosen, estornudan y vomitan. Porque se sabe que en un vertedero no se come muy sano.
Los verdaderos protagonistas de la película son los perros, que hablan en inglés con diálogos inteligentes y muy graciosos, aunque su situación es tristísima. La expresividad está en sus gestos, pero sobre todo en sus voces, entre ellas las de Bill Murray, Edward Norton, Jeff Goldblum, Bryan Cranston, Frances McDormand y Scarlett Johansson, quien le pone sensualidad a una perrita de competencias atrapada en la montaña de basura.
Por otro lado, los japoneses hablan en su idioma, sin traducción ni subtítulos, salvo algunos pasajes en los que aparece una intérprete. Un homenaje de Wes Anderson a la cultura japonesa y, según ha declarado, al cine de Akira Kurosawa, uno de sus directores preferidos.
Isla de perros tiene una fuerza visual, musical y sonora impactante, y tantas ideas por minuto que deslumbra. Es una película compleja por su estructura narrativa y por su contexto sombrío, pero con varias “puertitas” para que los niños la disfruten. Solo los gatos se sentirán injustamente humillados.
S.T.