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Tiene suspenso, acción, tragedia y algunos finales felices. Hay personajes adorables y otros malvados. Suelen ganar los más fuertes, aunque los débiles a veces sorprenden con sus armas de defensa. Esta podría ser la trama de una serie policial, pero en realidad es una serie documental y sobre la naturaleza. Se llama La Tierra de noche y es una joyita recientemente estrenada por Netflix. “Tras el atardecer y al amparo de la noche, la magia está en el aire; el drama, en lo profundo, y el peligro, en la superficie”, dice la descripción de uno de sus episodios, que sirve como resumen de toda la serie.
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Los ocho capítulos muestran qué sucede después de que cae el sol en varios lugares de la Tierra: en la sabana africana, en el desierto mexicano, en la selva brasileña, en un tupido bosque argentino, en la helada Alaska, en medio de ciudades o en el fondo del mar. Y “mostrar” es el verbo más adecuado en este caso, porque si hay algo que tiene esta serie es un maravilloso despliegue visual que permite conocer la asombrosa actividad de los animales y de la naturaleza en la oscuridad.
Lo más impactante y original es la tecnología que se usó para la filmación. Porque esta serie es diferente a los documentales al estilo National Geographic. El empleo de cámaras de luz infrarroja, ultrasensibles a la luminosidad de la Luna y capaces de detectar el calor de los cuerpos, permiten ver todo como si fuera de día, incluso en las zonas más oscuras como la selva o el fondo del mar. El resultado es puro espectáculo y un deleite para los sentidos.
Además de lo visual, uno de los hallazgos de la serie es que crea pequeñas historias, incluso con “personajes” por los que se siente simpatía o rechazo. Algunos ejemplos: una osa polar lucha por sobrevivir con sus dos cachorros en la más larga noche polar, una tortuga recién nacida logra llegar al agua mientras unas gaviotas plateadas van cazando a sus “hermanas” o un mono macaco, que no tiene amigos en su manada, queda solo en las ramas de los árboles cuando llega la noche helada y necesita del calor de otros cuerpos para sobrevivir. Ver las estrategias que usan leones y chitas para cazar en la noche, según los favorezca o no la Luna, y cómo les enseñan a los cachorros jóvenes es un espectáculo en sí mismo.
La voz de Samira Wiley (conocida por su personaje Poussey en la serie Orange Is the New Black, y por el de Moira en El cuento de la criada) le pone dramatismo y expresividad al relato. Y la música acompaña momentos de verdadera tensión, como la lucha desigual entre un pequeño ratón y un escorpión gigante. En esa batalla, y contra todo pronóstico, el ratoncito es el vencedor: le saca el aguijón al escorpión y lo arrastra hacia su cueva. Desde allí lanza un grito de triunfo que se siente a cien metros de distancia. Como para aplaudirlo.
A propósito del desierto mexicano, el calor intenso hace que los cactus florezcan de noche. En el documental se ve el espectáculo desde el cielo, como si fuera pleno día, y es una maravillosa explosión de color. Un nuevo deleite de la serie.
En el fondo del mar hay otras maravillas coloridas y otras situaciones aterradoras. En lo más profundo navegan peces nunca vistos, estrellas marinas voraces y cangrejos gigantes que les disputan el territorio a los corales. Allí aparece otro personaje: un langostino transparente que se oxigena de una forma tan original que los científicos están aprendiendo de él.
Si bien la serie no es crítica con la acción humana sobre la naturaleza, en algunos episodios muestra situaciones cuestionables sin abrir opinión. Una de ellas es la de los pescadores en una bahía japonesa que pescan calamares luciérnaga cuando suben a la superficie atraídos por la luna llena de primavera. Ver a cientos de pescadores en esa faena, que es una especie de tradición en Japón, y a miles de lucecitas atrapadas en las redes de pesca es uno de los espectáculos más tristes de estos episodios.
Uno de los capítulos está destinado a la vida de los animales en la noche de las ciudades. Porque una vez que el tráfico disminuye, se apagan las luces y la gente se duerme, por las calles comienza una actividad distinta. En Bombay, por ejemplo, hay una manada de 50 leopardos que acechan en la noche. Atacan sobre todo a los pequeños cerdos que están en los corrales, pero también son sus víctimas los perros domésticos. Es muy inquietante una escena en la que un leopardo ataca a un perro en el hall de un edificio. Porque si algo tienen los leopardos es su andar silencioso y su rapidez en el ataque. También hay grupos de elefantes que suelen entrar en algunas ciudades cuando todo está en calma, y osos que se roban pedazos de pizza o lo que encuentren en los contenedores.
Dos de estas incursiones de animales en las ciudades resultan asombrosas. Una es la de los arces en Alaska, que aparecen en la noche de Halloween para comer las calabazas que la gente deja como adorno al frente de sus casas. Los arces pueden llegar a devorar 20 kilos en pocas horas y después irse en silencio, con su silueta enorme recortada en la noche.
La otra curiosidad ocurre en el cielo de Portland, en Estados Unidos, cuando llega una bandada de vencejos en su ruta de migración. Al caer el sol, se acercan a una gran chimenea en el centro de la ciudad y allí se introducen para pasar la noche. Son más de 10.000 aves que van entrando en la chimenea que se preserva solo para esperar su llegada todos los años.
Singapur se convirtió en un ejemplo de cuidado de la naturaleza. Está tan limpia que es una de las ciudades más amigables del mundo para los animales. Las nutrias habitan en un río debajo de un puente en una colonia cada vez más grande, y parecen felices.
El otro extremo es Tailandia. Hace pocos días, un video impactante mostraba a cientos de monos que invadían violentamente las calles de una ciudad tailandesa. La razón fue el temible coronavirus que dejó a la ciudad sin turistas, los principales proveedores de comida para los monos. En La Tierra de noche aparece una de estas manadas enormes de macacos que de día habitan en un santuario. Son cerca de 700 monos que, como una tropa infernal, de noche se apoderan de las calles sucias de la ciudad y arrasan con todo lo que encuentran en envoltorios, en la basura, en vehículos estacionados o en puestos callejeros.
Ahora las noticias traen otras novedades, esta vez desde Venecia. Por la falta de turistas, y por lo tanto de mugre, en sus canales el agua luce cada vez más cristalina, por eso están regresando peces, cisnes y patos. Son señales de sabiduría animal, que deberían avergonzar a los humanos.
Para conocer esta sabiduría hay que ver La Tierra de noche, también para deslumbrarse y tenerle más respeto a la naturaleza.