Nº 2092 - 8 al 14 de Octubre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAl presidente Luis Lacalle Pou lo subestimaron. Varios de los principales dirigentes del Frente Amplio no lo vieron como un competidor de peso y lo dejaron crecer sin ofrecer resistencia. Que es hijo de, que vive en un barrio privado, que le falta contenido, que es una “pompa de jabón”, que tiene mucha resistencia y antipatía popular, uno tras otro sumaban los argumentos para no tenerlo en la mira. No hay de qué preocuparse, decían; hasta que les ganó. Recién entonces lo empezaron a valorar de la forma indicada.
A la intendenta electa de Montevideo, Carolina Cosse, también la subestimaron. Tanto los que están en la vereda de enfrente como algunos de sus propios compañeros. Que no tiene carisma, que no sabe declarar, que es muy autoritaria, que se ha generado demasiados enemigos, la lista dedicada a ella también fue larga. Con todas esas supuestas condiciones negativas, creyeron que nunca resultaría triunfadora en las urnas y también la dejaron hacer, sin tomarla del todo en serio. Y les ganó. Logró un triunfo en una elección muy reñida, con dos oponentes internos de mucho peso. Ahora ya nadie la pone en el grupo de los intrascendentes.
A Lacalle Pou le gusta el poder. Se siente cómodo ejerciéndolo, y se le nota. No es de esos dirigentes políticos que llegan a cargos jerárquicos y empiezan a dudar o dejan transcurrir el tiempo sin definirse o delegan en otros las decisiones más importantes. Asume cada miligramo del poder que le otorga el cargo para el que fue electo. Manda y le encanta mandar. No siente miedo, disfruta al sentirse poderoso. Las alturas lo enamoran.
A Cosse también le encanta el poder. Es una mujer con una firmeza extrema. No dura, firme, como le gusta decir a ella. Y poderosa. Durante los próximos cinco años será la mujer más poderosa del Frente Amplio y una de las más poderosas del país. Y le queda bien ese lugar. Porque, al igual que Lacalle Pou, disfruta de ir hasta el límite de sus potestades. No le gusta ceder ni un suspiro dentro de su espacio de decisión. En la cúspide de Antel, del Ministerio de Industria y dentro de un mes de la Intendencia de Montevideo, se siente como pez en el agua. Manda y no pasa inadvertida.
A Lacalle Pou parece obsesionarle el control. Dicen las personas que han trabajado —o trabajan— con él, que absolutamente nada escapa de sus manos. Le gusta estar en cada asunto, del más importante al más nimio. Y lo hace personalmente. Mediante su teléfono celular o mano a mano, mantiene un contacto fluido y a diario con decenas de personas para de esa forma procurar tener todo controlado.
A Cosse también parece fascinarle lograr un control lo más abarcador posible. Le gusta formar grupos para trabajar en los distintos temas, pero es ella la que lleva la dirección de las discusiones y la que decide. Y, según algunos de los que trabajan a su lado, nunca está ausente. Es de las que llama, insiste, se para arriba de los asuntos, exige, empuja y vuelve a insistir. Nada le pasa por delante sin que ella intente dominarlo y, si en alguna oportunidad no lo logra, trata de revertirlo rápidamente.
A Lacalle Pou le tocó perder. Fue dura su derrota de 2014. Estaba convencido de que ese año iba a ser elegido presidente y quedó muy lejos de lograrlo. Dice que sintió como si le hubieran dado varios balazos en el pecho. Pero destinó los siguientes cuatro años a aprender de cada uno de sus errores y corregirlos. Es muy metódico y ejecutivo. Realiza un plan y le gusta cumplirlo paso a paso. No se queda por el camino ni baja los brazos ante los golpes. No va con su personalidad.
A Cosse también le tocó perder, pero hace menos tiempo. Y perdió por partida doble, aunque en la segunda derrota no tuvo nada que ver. La primera fue en las urnas, con Daniel Martínez en las elecciones internas del Frente Amplio el año pasado. La otra fue política. Por más que salió en segundo lugar entre cuatro precandidatos, por decisión expresa de Martínez fue desplazada de la fórmula presidencial. Pero Cosse lo utilizó para fortalecerse. Asumió los errores cometidos durante la campaña electoral y corrigió la mayoría de ellos. A su vez, buscó el camino como para seguir siendo protagonista, y lo logró. Ella también es ejecutiva y tiene mucha capacidad de resiliencia.
Es cierto que ideológicamente están en bandos opuestos. Lacalle Pou y Cosse pueden ser vistos desde esa perspectiva como el agua y el aceite. Basta con hacer un breve recorrido sobre sus trayectorias públicas y sus distintas reflexiones acerca de los temas más importantes para darse cuenta de que en la mayoría de los asuntos están lejísimos.
Son además representantes de bloques muy distintos y enfrentados entre sí. Lacalle Pou es desde la presidencia el líder indiscutido de la coalición multicolor, pero además es el principal referente de una forma de ver y de entender al Uruguay. Cosse es una de las abanderadas de la resistencia a ese modelo identificado con el presidente. Muchos de sus votos vienen de los más opositores a Lacalle Pou, de sus enemigos políticos.
Pero son más parecidos de lo que parecen. Así lo demuestran las cuatro semejanzas antes enumeradas. Hablan el mismo idioma político, pertenecen al mismo tipo de dirigentes, conciben su vida pública de una manera similar y se complementan el uno al otro. A Lacalle Pou le sirve Cosse y a Cosse le sirve Lacalle Pou. Por eso el encuentro que mantuvieron mano a mano el miércoles 30 de setiembre en la Torre Ejecutiva fue evaluado positivamente por ambos. Porque probablemente se descubrieron mucho más cerca de lo que pensaban. Hubo algunas diferencias y recriminaciones, en espacial al principio, pero quedaron en la anécdota.
Hay antecedentes recientes sobre un presidente y un intendente de Montevideo de distintos partidos con muy buena relación. Pasó con Luis Alberto Lacalle y Tabaré Vázquez. Toda una coincidencia, teniendo en cuenta los protagonistas actuales. Ahora, las señales de Lacalle Pou y Cosse son en el mismo sentido. Intercambiaron celulares personales, sacaron del medio a los intermediarios y se comprometieron a conversar sobre todo lo importante. Para los gobernados, que necesitan más soluciones que peleas, sería bueno que así fuera. Para ellos también.