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En principio, el principal atractivo del estreno de Manon era la última oportunidad de ver a María Noel Riccetto, quien hace varios meses anunció su retiro y pocas semanas atrás fue designada como coordinadora del área Ballet de las Escuelas de Formación Artística del Sodre. También importaba ver en Uruguay este emblema del neoclasicismo de Kenneth MacMillan —uno de los principales coreógrafos del siglo XX—, estrenado en 1974.
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La historia escapa al típico cuento de hadas, un rasgo clave de MacMillan, artista que desterró a los príncipes y doncellas y fue en busca de los miserables y los rotos. En Manon rescató un relato del Abate Prévost (el novelista e historiador francés del siglo XVIII) sobre una muchacha que se debate entre dos amantes: uno joven y fuerte (Des Grieux), que le permite la plenitud amorosa y sexual, y el otro viejo pero con billetes (Monsieur GM). La muchacha es acusada de prostitución, deportada a las colonias norteamericanas en un barco de prostitutas, apresada por un carcelero hasta que finalmente muere de inanición en los pantanos de Louisiana, donde había huido junto a su amado Des Grieux.
Después de la función del viernes 13 quedó claro que esta puesta en escena del Ballet Nacional del Sodre también será recordada por la consagración de la brasileña Mel Oliveira, quien alterna en el rol protagónico con Riccetto. El despliegue técnico, físico y emocional que hace la bailarina paulista de 25 años, especialmente en el último acto, es un prodigio de destreza y expresividad.
Al término de la función del domingo 15, el director artístico de la compañía, Igor Yebra, anunció que Oliveira fue nombrada primera bailarina, cargo que desde 2020 ocupará junto a Vanessa Fleita, Paula Penachio, Gustavo Carvalho, Ciro Tamayo, Damián Torio y Alejandro González.
Para la investigadora y crítica de ballet Lucía Chilibroste, autora de los textos de los programas de mano del BNS, Oliveira tiene “una técnica clásica impresionante, algo muy necesario para un bailarín de ballet, pero que por sí solo no es suficiente, porque sin la emoción la técnica pura resulta rápidamente aburrida”, dijo a Búsqueda.
Oliveira nació en Ourinhos, estado de San Pablo, donde tomó clases de ballet desde niña. A los 14 años se mudó a Río de Janeiro, donde se formó en el Conservatorio Brasileño de Danza, y debutó como profesional en el ballet del Teatro Municipal. Fue contactada por Julio Bocca en 2017 y contratada a principios de 2018, cuando Yebra asumió la dirección.
Sgún Chilibroste, la naturalidad de Oliveira, “combinada con su tremenda técnica, su gran carisma y su seriedad para el trabajo, la transforman en una presencia muy luminosa en el escenario, algo muy bello de ver”.
Quedan tres oportunidades para ver a Oliveira en Manon: hoy jueves 19, el domingo 22 y el jueves 26. En tanto, Riccetto bailará por última vez como profesional este viernes 20, el sábado 21, el viernes 27 y el sábado 28.