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    Mercedes lo hizo de nuevo

    Carrera terciaria en Jazz y Música Creativa de la Utec

    Por la esquina de Ituzaingó y Paysandú de vez en cuando pasa algún auto, una moto un poco más ruidosa, algunas bicicletas. En esa esquina hay un edificio que llama la atención por su aspecto nuevo, moderno y luminoso. De allí salen melodías que son familiares para los habitantes de Mercedes, porque tienen el oído acostumbrado al saxo y a la trompeta, al piano y a la batería, a la guitarra, al bajo y al contrabajo. Es que el movimiento Jazz a la Calle, una de las experiencias culturales y educativas más sólidas y duraderas del país, ha logrado que el jazz esté integrado a los sonidos de esa ciudad de unos 40.000 habitantes.

    No es de extrañar, entonces, que la primera experiencia universitaria en la enseñanza de este género haya surgido en Mercedes. En 2017 comenzó a funcionar la carrera de Jazz y Música Creativa, a iniciativa del movimiento Jazz a la Calle asociado con la Universidad Tecnológica (Utec). Este año la carrera acaba de inaugurar el edificio de Ituzaingó y Paysandú, propiedad de la Asociación de Músicos de Soriano (Amdeso) que lo cedió en comodato y permitió su reforma.

    Las paredes de los salones no tienen ángulos rectos y los techos están inclinados. Si hay dos armarios, uno está en el piso y otro colgado en diagonal. No es un error de diseño o de estructura, todo lo contrario. “El arquitecto estuvo asesorado por técnicos en sonido, trabajaron con simuladores y se pensó en la acústica de los salones y en que no intervengan los ruidos del exterior. Por eso los muebles están así distribuidos, para matar ciertas frecuencias, para el tratamiento de lo acústico”, dice a Búsqueda Federico Lazzarini, coordinador de la carrera.

    Trompetista argentino de 33 años, Lazzarini se vinculó primero al movimiento Jazz a la Calle por el encuentro internacional que se lleva a cabo desde hace 11 años todos los meses de enero. “Fui convocado en 2013 a participar y me sorprendió la movida que se había generado. Ahí conocí a Macoco (Horacio Acosta), quien dirige la Escuela de Música que funciona todo el año con niños y jóvenes y me ofreció ser docente. Yo estaba tan enamorado de la energía que se produce en verano que empecé a viajar durante dos años a dar clase”.

    Cuando surgió la propuesta de crear una carrera universitaria, los encargados del movimiento Jazz a la Calle lo eligieron como consultor. Entonces decidió radicarse en Mercedes con su novia, también argentina. Ahora viven en Los Arrayanes, un balneario al otro lado del río Negro, tienen dos hijos de dos y cuatro años y están esperando otra niña. “Nuestra historia con Mercedes comenzó de una forma especial. Estábamos en la Manzana 20 (donde se realizan los espectáculos) y me presentaron a Javier, un miembro de la comisión del encuentro. Él le tocó la barriga a mi mujer y le dijo que estaba embarazada. Y era cierto. Como no queríamos formar una familia en Buenos Aires decidimos venirnos”.

    La carrera de Jazz y Música Creativa dura tres años y ofrece un título de tecnólogo. Se orienta hacia la composición, arreglos y orquestación, y también tienen cursos de improvisación. “Sí se puede enseñar a improvisar”, afirma Lazzarini. “Generalmente se piensa que la improvisación es meramente la libertad de hacer y deshacer lo que surja espontáneamente, sin embargo, se necesita mucha preparación para tener esa herramienta. Lo que hacemos es trabajar con dos grandes focos: uno orientado hacia cómo se ha ido desarrollando el jazz con la improvisación y otro que apunta a la creatividad en la improvisación”.

    El jazz es el centro de todas las materias, pero está concebido como un género popular que integra otros ritmos.

    “Nos adherimos a una concepción filosófica que tienen muchos músicos del mundo: el jazz promueve diferentes maneras de concebir la música. El germen del folclore jazzístico es norteamericano, pero hoy se ha ramificado y fusionado con otras expresiones musicales. Por eso en el cuarto semestre tenemos un seminario que se llama Raíces y Evolución de la Música Folclórica Latinoamericana, eso hace que convoquemos a expertos de la música folclórica del litoral, del noroeste argentino, de Brasil o de Montevideo. Queremos que este módulo gane más importancia dentro de la carrera”.

    En otras universidades se enseña música a través de un estilo determinado. Por ejemplo, la Escuela Universitaria de Música de la Udelar lo hace a través de la música clásica o de tradición europea. También hay varias escuelas de tango y folclore en Buenos Aires, o de música antigua. Pero la orientación de la carrera que se ofrece en Mercedes es única en la región.

    En los encuentros internacionales de Jazz a la Calle, se ha generado una corriente de pensamiento, sobre todo a través de las clínicas que imparten músicos de diferentes países. Esta experiencia se volcó al currículum de la nueva carrera que tuvo el aporte y el aval de dos referentes del jazz: el pianista brasileño Rafael Vernet, y el pianista y compositor argentino Guillermo Klein, radicado desde hace años en Nueva York. “Fue importante su aval tanto por sus experiencias profesionales como pedagógicas. Hicimos además, rondas y reuniones con músicos locales y de otras ciudades que tuvieron algún tipo de participación en la Escuela Jazz a la Calle”.

    Prohibido principiantes.

    Ingresar a esta carrera no es fácil. Además de haber completado bachillerato, quienes aplican tienen que saber música. “Si ingresaran desde cero, tendrían que incorporar una cantidad de conocimientos, habilidades, dominio del instrumento, de comprensión de la armonía y del desarrollo auditivo en poco tiempo. Esas son capacidades que llevan un período bastante más extenso que tres años”, explica Lazzarini.

    Quienes aspiran a ser estudiantes, pasan por una prueba de ingreso que tiene dos etapas. La primera está ligada al desarrollo auditivo, porque tienen que saber leer y escribir música, e identificar ciertos pasajes melódicos y rítmicos. La segunda evalúa el desempeño con un instrumento, con el que tiene que tocar un par de repertorios y hacer una lectura a primera vista, con una partitura que se le da en el momento.

    Este año se anotaron 22 interesados, pero ingresaron 11 que se sumaron a siete estudiantes del año anterior. Estos 18 músicos tienen perfiles muy diferentes en cuanto a edades (entre 18 y 38 años), procedencias y formación. Varios son de Mercedes, pero también de Paysandú, de Fray Bentos, de Dolores, de Montevideo, incluso de la entrerriana Paraná. Algunos se formaron en la Escuela Municipal de Música de Paysandú, otros pasaron por la Escuela de Música Contemporánea Argentina, que es privada, o estudiaron en la Udelar. Pero también están los que pasaron por la Escuela de Música de Jazz a la Calle.

    Pájaros sampleadores.

    Leandro Ubios es uno de los estudiantes que pasó por la Escuela de Jazz a la Calle, donde estudió ocho años. Ahora cursa la carrera que comenzó el año pasado. “Hace 10 años no había nada que se asemejara a la enseñanza de esta música. Con Jazz a la Calle me vinculé con otra gente con las mismas inquietudes y empecé a adoptar un perfil de músico”.

    Toca la guitarra, tiene 28 años y el pelo largo, con rastas. Además se tatuó en el brazo izquierdo un benteveo y un ave lira, parecida a un pavo real. “Últimamente me he colgado con los pájaros. El ave lira samplea cualquier sonido, copia el canto de otros pájaros y arman bardo con eso. El benteveo es más común. Tengo varios siempre en el patio de mi casa”, dice.

    Leandro vive de la música porque da clases a niños en la Escuela de Jazz a la Calle y también en el liceo. “Cómo se sobrevive termina siendo algo secundario. En especial este tipo de música tiene poco que ver con lo económico y más con la introspección”.

    Enseñarles a niños no le resulta fácil porque les cuesta concentrarse. “Está siempre presente la ansiedad, la necesidad de una gratificación instantánea. No muchos se bancan ser malos durante dos o tres años”. Lo positivo para Leandro es que los niños se relacionen con la música desde chicos. “Eso tiene que ver con el proceso que se ha dado acá en la ciudad, los padres entienden que la música es importante y se empiezan a ver los resultados”.

    Macoco: el origen.

    En el proceso del que habla Leandro hay un nombre: Macoco. Es que él, Horacio Acosta, fue el mentor del movimiento Jazz a la Calle, el creador de la Escuela de Música que aún dirige. Hoy esa escuela tiene 250 estudiantes que van de los cuatro años en adelante. “Siempre está la pregunta de a qué edad es la mejor para estudiar música. Alguien respondió que es la edad en la que nace la madre, porque si la madre tiene formación musical, va a estimular al hijo. Esto no implica que nos vamos a llenar de músicos, sino de público especializado”, explica Macoco.

    La escuela no recibe financiación de ningún organismo estatal ni privado. Se sustenta con sponsors y con lo que recaudan en el encuentro de jazz de enero.

    Macoco siempre creyó en la necesidad de una formación terciaria para el músico popular. “Es casi natural que se haya dado este proceso: primero estimular a la población, después poner una escuela de música y explicar por qué es necesaria”. El paso siguiente fue crear la carrera terciaria, y lo que sigue es la profesionalización. “Hoy no existen más las grandes orquestas como negocio, ni los grandes ídolos y está cambiando la comercialización de la música. La idea que tenemos ahora es elaborar una estrategia laboral para aquellos que quieran dedicarse con seriedad a la música”. Para ello están trabajando en una iniciativa para una empresa, una asociación o cooperativa en Mercedes para que los músicos se asocien y generen su propio trabajo.

    Ensambles.

    Son siete los docentes que enseñan en la carrera. Se formaron en Buenos Aires, en Montevideo, en México, en Rosario. Algunos viajan semanalmente, otros están radicados en Mercedes. A todos los une haber pasado por algún encuentro de Jazz a la Calle.

    Erick Quijivix tiene acento indescifrable, pero es de Guatemala. “Me preguntan si soy mexicano, pero también si soy chileno o colombiano”, dice resignado. Enseña a tocar el contrabajo, el bajo eléctrico y es profesor de una materia: Ensamble. “Podemos decir que es un resumen de todas las materias porque los estudiantes aplican lo que aprenden en armonía, entrenamiento auditivo, improvisación. Todo se resume ahí, en el ensamble. Es una clase bastante importante y termina de darle sentido a lo que se hace en grupo. Se arma como una banda que toca todo el semestre”, explica.

    Eric hace dos años que está en Montevideo y viaja jueves y viernes a Mercedes. Su novia es uruguaya y con ella vivió un tiempo en México, donde estudiaron. Cuando regresaron a Uruguay, Eric se enteró del proceso de la carrera en la Utec y asistió a algunos encuentros de Jazz a la Calle. Cuando empezó la carrera se presentó como docente. “Estudiar un tema no te hace un maestro. Das por sentado que es solo llegar y dar la información, pero hay todo un mundo en cómo transmitirla. Requiere un esfuerzo por aprender y reforzar lo que ya se sabe, se aprende de uno mismo y de los estudiantes, y de cómo manejar la energía que se da en una clase”, dice.

    En la clase de ensamble están esperando Giordano Luzardo en el bajo, Camilo Ottonello en la batería, Reynaldo Pina en saxo, Mariano Cardozo en guitarra y Franco Bastida en piano. Afinan sus instrumentos y empiezan a tocar un estándar de jazz con arreglos hechos por ellos. Tocan un rato y paran. Hablan de “saltar la coda” y de algún problema con el “Mi”. Hablan en jerga de músicos, de ensamble.

    Eric les da la razón y les pide que empiecen de nuevo. Lo hacen y sale mejor que antes. Y allí, en ese momento, en el salón sin ángulos rectos y a prueba de rebotes, la música pone felices a todos y por la ventana se ve un cartel de una clínica de estética, que dice con acierto: La vie est belle.

    Vida Cultural
    2018-05-17T00:00:00