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    Mérito físico, genealogía, desempeño y belleza: claves para seleccionar “con buen ojo” un reproductor

    Más allá de los avances tecnológicos y las posibilidades de seleccionar toros con información puramente objetiva, los tres pilares en los que se basó el mejoramiento de los rodeos vacunos durante más de 100 años —mérito físico, genealogía y desempeño— siguen siendo herramientas de primer orden a la hora de elegir un toro para padrear o una vaca para producir terneros, sostuvo en diálogo con Campo el médico veterinario Marcos Berrutti.

    Este asesor en ganadería de varios establecimientos en el país defendió el concepto de “belleza” de los reproductores porque —dijo— “podemos buscar los animales más útiles, más eficientes y funcionales, pero que además sean lindos, y no solo por un concepto filosófico, sino por razones absolutamente comerciales”.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista con Marcos Berrutti.

    —¿Cuáles son los elementos que no pueden dejar de considerarse a la hora de incorporar un reproductor?

    Lo primero que se debe tener para hacer un trabajo que tenga resultados serios, son objetivos claros. La genética es global, pero las condiciones de Uruguay son particulares. Los toros que se usan acá, en Brasil o en Argentina, muchas veces son los mismos, pero las condiciones son diferentes, tanto en el ambiente como en los sistemas de producción predominantes.

    En Uruguay la cría se hace a campo. Podemos hablar de cómo están evolucionando los encierres o la terminación de los ganados, pero en general, por ahora, la plata está en la producción de carne a pasto y a cielo abierto.

    La otra variable es la evolución que tienen las regiones y la manera en que afectan los sistemas de producción. Por ejemplo, el fenómeno de la agricultura, que realmente ha condicionado la ganadería, que la ha desplazado hacia otro tipo de campos, pero que también abrió otro tipo de posibilidades a la hora de dar de comer a través de la suplementación.

    Lo otro son los mercados, y no solo la vocación de cada país, si es exportador o para el consumo, sino también la actitud del sector industrial, que es siempre el que marca la cancha. Hay que estar situado y conocer bastante de estos aspectos para ponerse a seleccionar.

    —¿Cree que la selección subjetiva va a perder importancia frente a los datos objetivos?

    —Yo particularmente soy un seleccionador que vengo de un momento bisagra generacionalmente. Desde que apareció la información objetiva y se desarrolla el modelo animal de Estados Unidos, la selección pasó a ser bastante más objetiva de lo que se hacía tradicionalmente. Pero no se puede borrar de un plumazo ni descartar lo que fue el arte de la cría como la hicieron los viejos criadores. Pensar que en 100 años no hubo mejoramiento genético sería una falacia. Cuando tenemos un animal frente a nosotros, que de alguna manera vamos a evaluar o rankear para darle su mérito, vamos a ver cómo es su musculatura, su conformación, su corrección estructural, su calidad racial, su nivel de engrasamiento, su tipo de pelo, que obviamente son valoraciones subjetivas.

    También es imprescindible atender lo que está por detrás del animal, que es su genealogía.Y después viene lo que está por delante, lo que no vemos, y es quizás donde más se ha avanzado en los últimos años, que es toda la información objetiva.

    De todas maneras, las tres cosas, mérito físico, genealogía y los datos objetivos, se deben completar con el desempeño del individuo.

    Si nos comparamos ahora con lo que hacían Eduardo Stirling o Salvador Mattos, ellos tenían muy pocas armas y sin embargo las cosas funcionaban e iban muy bien.

    —¿Qué sentido tiene elegir muchas veces el animal más lindo cuando se hace tanto hincapié en los aspectos funcionales y productivos?

    —Lo que más chapa nos da es el famoso ojo, que es lo que dicen que algunos tenemos, para elegir los animales más lindos. En esto debería existir una relación directa entre lo que es belleza y aptitud funcional. El animal lindo es aquel que tiene las características físicas que más se adaptan a que sea un animal funcional reproductivamente, con un desempeño correcto en el campo, que se pueda desplazar y que sea además un animal con la vocación comercial que tiene que tener. Deberíamos hacer coincidir lo que nos parece lindo con lo que es más útil para lo que tiene que ser un animal comercial.

    Sin embargo, el concepto estético de la belleza existe, lo valoramos, y tengo argumentos para defenderlo. Creo que el ser humano tiende naturalmente a la belleza, y esto es bien importante a la hora de seleccionar, porque podemos buscar los animales más útiles, más eficientes y funcionales, pero que además sean lindos, y no solo por un concepto filosófico, sino por razones absolutamente comerciales. Cuando vendemos reproductores, claramente los animales más lindos, aun con características que no puedan ser vinculadas a cuestiones productivas, son los que mejor se venden. Y esto, por ahora, es por plata.

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