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El salón parece un museo de la historia de la música. Un robusto piano vertical y un enorme armonio ocupan la pared frontal, entre las puertas que dan a los balcones. En un costado, un claveciterio; en otro, un clavecín (también conocido como clave, a secas) de color turquesa, con adornos de flores pintadas a mano. Varios retratos de Johann Sebastian Bach, entre afiches de festivales y conciertos desperdigados en todas las paredes. La otra mitad del espacio es ocupada por un enorme órgano tubular, como los que están en lo alto de las iglesias, con una enorme pedalera y asiento de madera, y decenas de válvulas manuales, como las viejas tomas de aire de los autos a nafta. “El rey de los instrumentos”, lo define su dueña, citando a Mozart. Cristina García Banegas se sienta, activa los sonidos y clava un acorde furibundo que enciende los tímpanos y reordena el aire a su alrededor. Imposible permanecer indiferente ante esa explosión sónica. Se me escapa un “uuuuuuuuhhhhh”. Entre guitarras enfundadas, pilas de libros, cuadernos y partituras y más de un instrumento de percusión, y una linda perra llamada Naia que va y viene, una anciana menuda y que no aparenta la edad que tiene contempla la escena en silencio, impávida. Se llama Olga Banegas. A los 96 años, a la mamá de la principal organista uruguaya se le ilumina el rostro cuando recuerda sus tiempos como integrante de las primeras generaciones del Ballet del Sodre. Es la última integrante viva de aquella generación pionera de la danza en Uruguay. Detrás de una puerta de vidrio están colgadas las fotos que lo atestiguan. Hace unos 10 años su hija tiró abajo una pared que permitió ampliar el ambiente, y bautizó con su nombre su sala privada de conciertos. Cuando su agenda se lo permite, la sala Olga Banegas ofrece conciertos de órgano y otros instrumentos antiguos para no más de 15 o 20 personas, el aforo de ese pequeño, modesto y cálido auditorio, dotado de una belleza única, la que le confieren los formidables sonidos que allí pueden oírse.
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Cristina García Banegas está visiblemente estresada. En pocas horas estará al frente de un grupo de unos 50 músicos de Argentina, Uruguay y varios países que se reunirán en el escenario del Auditorio Adela Reta para interpretar, el domingo 29 a las 18 horas el oratorio La Pasión según San Juan —compuesto en 1739 y codificado como BWV 245 en la nomenclatura del maestro alemán—, una de las principales piezas para órgano de Bach (1685-1750). Será un verdadero acontecimiento musical, teniendo en cuenta la cantidad de artistas en escena y que se trata de una producción mayormente privada (el aporte público es la sala). Además de ensayar para el concierto y dar sus clases habituales en el Colegio Inglés, debe encargarse de coordinar la llegada de varias decenas de músicos e instrumentos antiguos desde el exterior. Su estructura de producción se limita a una asistente y una comisión de gestión formada por integrantes de De Profundis. Mientras es entrevistada por Búsqueda, posa para las fotos, toca algunas piezas en el órgano y cuida que su mamá no se exponga a la corriente de aire. En la sala contigua coordina con un contador que pasa en limpio los números del proyecto.
Es imposible llevar su formidable instrumento al Auditorio del Sodre. De hecho, fue armado allí mismo con partes de dos órganos distintos y los sistemas de tuberías fueron traídos de Italia. En el Sodre, García Banegas tocará un organetto de pequeñas dimensiones en comparación con los monumentales instrumentos que está habituada a interpretar en iglesias de todo el planeta. También estarán la Orquesta Barroca del Suquía, un ensamble de la ciudad argentina de Córdoba que traerá sus instrumentos originales de época bajo la dirección del reconocido maestro Manfredo Kraemer, un ejecutante de violín barroco, viejo conocido en la escena montevideana, con el organista brasileño Marcelo Giannini y el Coro De Profundis, con unos 30 componentes, por ella dirigido, y seis voces solistas. Las entradas, de $ 300 a $ 1.100, se venden en los locales adheridos a Tickantel (Abitab, RedPagos, Tienda Inglesa, tiendas de Antel y boletería del Auditorio). Los poseedores de la tarjeta Montevideo Libre tienen entrada gratuita.
Pasión por Bach.
El genio de Leipzig es el motor fundamental de la obra de García Banegas. Desde hace unos 20 años lleva adelante un proyecto monumental: grabar la obra completa de Bach para órgano. De sus casi 50 discos grabados, 18 pertenecen a esta saga bachiana. Cada uno de ellos ha sido grabado en iglesias, en su mayoría europeas. “Solo me faltan tres, y ahora en mayo vuelvo a Holanda a grabar el próximo”, cuenta ilusionada.
La proeza de hacer San Juan le llevó casi 25 años a esta verdadera quijota de la música: “Desde que hicimos La Pasión según San Mateo, en 1995 en un Palacio Legislativo colmado de gente y con mil personas que se quedaron afuera, tenía ganas de hacer San Juan. Cuando uno hace algo que le sale bien, piensa: ¿por qué no volver a hacer algo similar?”. La organista explica que este tipo de obras, para que suenen como Bach manda, deben ser interpretadas con instrumentos de construcción barroca, y por intérpretes expertos. Por esa razón es que esta producción cuenta con 16 instrumentistas, en su totalidad extranjeros, integrantes de la Orquesta Barroca del Suquía. “Bach siempre escribe para cuerdas (violines, violas y chelos) barrocas, que llevan cuerdas de tripa, dos oboes y dos flautas travesseras. El timbre es sensiblemente distinto. Los arcos de las cuerdas son mucho más livianos, las cerdas son diferentes. En esta obra, Bach también pide bajo continuo, órgano y un archilaúd, que si no se consigue puede ser sustituido por el clave”.
Para comprender las dimensiones de esta verdadera cruzada musical, García explica que viene una viola da gamba de Chile, y de Brasil una viola d’amore, “un instrumento hermoso, de una sonoridad muy cálida”, y que era necesario un contrafagot barroco, un instrumento de casi dos metros de largo, del cual no existe ningún ejemplar en Latinoamérica. “Estuvimos a punto de conseguirlo en Estados Unidos. Lo teníamos pronto para traer pero no hubo ninguna aseguradora que se animara a cubrir el traslado”.
Llama la atención el modo en que pronuncia la expresión “lo que pide Bach”. Evidentemente, para ella el genio alemán encarna una entidad emocionalmente viva. “Yo soy una persona muy espiritual, y la música de Bach tiene para mí un significado profundamente espiritual. Para mí esto es una comunión que comparto con todos los músicos. La obra tiene varios momentos cumbre, pero en cada ensayo siempre hay un instante que te sorprende, y se debe al estado espiritual que trasciende en la escritura de Bach. Más allá de tus condiciones como intérprete, hay algo en esta música que pasa a través de uno. Es muy fácil decir que es magia. No lo sé explicar demasiado con palabras. Tiene mucho de misterio. Yo, como música de iglesia, creo en Bach. Mi credo es Bach”. Tal afirmación empuja una pregunta casi obvia: ¿Cree en Dios? ¿Profesa la fe cristiana? Y la respuesta es interesante. “A través de la música. Me maravillo con estas historias a través de estas músicas. No lo he meditado demasiado y no sé si tengo la capacidad de comprender estas cosas. Me permito decir que Bach me hace creer que fueron así”.