N° 2018 - 02 al 08 de Mayo de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“En el siglo XX, las masas se rebelaron contra la explotación y trataron de convertir su papel vital en la economía en poder político. Ahora, las masas temen la irrelevancia, y quieren usar frenéticamente el poder político que les resta antes de que sea demasiado tarde”. Así lo plantea Yuval Noah Harari, el escritor e historiador israelí que está causando un gran revuelo en el mundo con sus libros. Y nada mejor que esa frase para explicar el discurso del acto del miércoles 1º de mayo del PIT-CNT, el posicionamiento de los sindicatos en general en la vida social del país y la actitud del gobierno —que les brinda su apoyo— y se transforma en un claro rehén del pasado.
Mientras, la inteligencia artificial, la robótica y los instrumentos digitales que empiezan a sustituir las formas en que operaban nuestras estructuras son bien recibidas por las principales poblaciones del mundo, en la medida en que mejoran su calidad de vida. Es importante no perder la perspectiva de que son la mujer y el hombre común quienes incorporan hasta con alegría los avances del mundo en que viven.
Para llevarlo a un ejemplo local, que repite lo que ha pasado en gran parte del mundo occidental, Uber no crece por las supuestas “trampas” de sus creadores, si no por una enorme aceptación del usuario potencial, que toma con naturalidad que las nuevas tecnologías aplicadas son una gran ayuda. Incluso los monopatines que vemos en nuestras calles, que se alquilan a distancia, nos muestran un atisbo de lo que se viene. Por supuesto que nuestro actual gobierno, sea desde lo departamental o nacional, más acostumbrado a ceder ante las presiones de distintas corporaciones y sindicatos que a liderar con visión en las nuevas rutas que se proponen, les ha tirado con el código a este tipo de proyectos (lo nuevo es el caso de los monopatines, donde se quiere crear una reglamentación que arruina el beneficio que el sistema brinda a las ciudadanos).
Todos los informes que deberían recomendar a inversores extranjeros invertir en nuestro país, advierten de un gran descontrol sindical y de un gobierno que —como dijimos antes— no solo no lidera sino que cede ante las presiones. Pero el problema actual no está referido solo a las empresas que piensan en venir y después lo descartan por esta situación. Están también las empresas que se van, como Petrobras. No importan los campamentos y las huelgas de hambre; eso no cambia el hecho de que para el gigante brasilero es mejor negocio irse lo más rápidamente de Uruguay. Lo dice con claridad su comunicado, que anota “un contexto de creciente hostilidad contra la empresa”, que culminó “con el control obrero por el sindicato del gas a pesar de una prohibición judicial expresa”.
Interpretando con cierta libertad las palabras de Harari: se aferran a usar “frenéticamente el poder político que les resta” (controles obreros, huelgas de hambre, presión a un gobierno “amigo”) ante “la irrelevancia” que sufren (Petrobras saca ventaja en irse del país y eso es lo que se termina imponiendo).
También tenemos el caso de UPM y sus condiciones —cuyo tema más relevante es suprimir las ocupaciones— para seguir adelante con el proyecto de la segunda planta de pasta de celulosa. Cuando se iniciaron las negociaciones, nuestro entonces director Claudio Paolillo, con la inteligencia que lo caracterizaba, escribió una columna en la que aseguraba que el presidente Tabaré Vázquez prácticamente se iba a aferrar a lo que le pedía UPM como si fuera su programa de gobierno. Sonaba bien en ese momento, pero el problema fue que para eso era necesario el liderazgo de una persona que por alguna razón, en los últimos meses, ni siquiera tuvo tiempo de leer una actas que hacían referencia nada menos que a Gavazzo. Por eso hasta ese emprendimiento sigue en duda.
Harari se refiere en realidad a los avances de un mundo donde los trabajos más sencillos serán ejecutados con mayor eficiencia por distintas formas de inteligencia artificial. “Quizá en el siglo XXI las revueltas populistas se organicen no contra una elite económica que explota a la gente, sino contra una elite económica que ya no la necesita. Esta bien pudiera ser una batalla perdida. Es mucho más difícil luchar contra la irrelevancia que contra la explotación”, escribió.
Este gobierno optó por ceder a presiones que intentaban parar el reloj de la evolución y favorecer “la irrelevancia” futura. Queda poco tiempo y se necesitan líderes que tengan una visión adecuada para llevar con mano segura a la población a beneficiarse de los cambios que el crecimiento tecnológico, en un clima de libertad, ofrece. No puede ser tan difícil.