Nº 2202 - 1 al 7 de Diciembre de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHay una corriente de opinión en el tango actual, sobre todo de jóvenes, que celebran a Anita Co —Coacci, fuera de lo artístico—, quien, curiosamente, reparte sus propias admiraciones con una amplitud sorprendente, incluyendo a Goyeneche y Julio Sosa, pero además el bolero, el folclore, The Beatles, Charly García, el jazz, la actuación y la docencia.
Comenzó como actriz a los 18 años en cine, televisión y teatro, incluyendo entre otras obras y ciclos Hombre de mar, Tiempo final, Gasoleros, Doctor Amor, CQC, Cara a cara, Tangos de una noche de verano, El romance del Romeo y la Julieta, Las boludas y La mirada invisible, y compartiendo cartel con Rodolfo Bebán, Gabriel Corrado, Aldo Barbero, Claudio García Satur, Arnaldo André, Héctor Pergolini, Diego Peretti y Héctor Bidonde.
Grabó su primer disco, Pecado —que incluyó tangos clásicos y modernos y boleros—, a los 30 años. Antes de ese hito, se había presentado, y lo sigue haciendo, en Torquato Tasso, Café Tortoni, La Perla, La Scala de San Telmo y Dadá, un sitio cultural provocador donde coordina y participa del ciclo Tangos en Marte y canta su espectáculo más aplaudido, Tangos a la Co. Se presenta además en festivales por toda la Argentina. Y por si fuera poco escribe para una revista de actualidad, es columnista de una radio comunitaria, da clases de canto, prepara producciones musicales para el prestigioso Teatro San Martín y practica la filosofía budista.
Hoy tiene 41 años, un proyecto para la Usina del Arte llamado Entre tangos y boleros y, ya metida hasta el hueso —tuvo su propia y triste historia con Juan Darthés, judicialmente inconclusa—, colabora con un fotógrafo para una muestra sobre la lucha de las mujeres argentinas en diferentes épocas, interpretando a Alfonsina Storni.
¿Cómo calificar a esta artista tan diferente a sus colegas? ¿Una clave?: sus parientes más cercanos.
Es hija del músico, arreglador y director de orquesta Juan Carlos Cuacci; su madre, la cantante de folclore Inés Rinaldi; entre sus tíos figuran la prestigiosa Susana Rinaldi y el bandoneonista, director y compositor Osvaldo Piro; su hermano Juan Esteban es pianista y vive y actúa en España; y sus primos Alfredo y Ligia son cantantes de tango. Un aluvión de influencias musicales.
Luego está su fuerte personalidad, que impresiona.
“Claro que me gusta el tango, por influencia sobre todo de Susana y de mi gusto por el Polaco y Julio Sosa, pero también lo demás. El bolero lo escuché desde la infancia y lo recuperé hace poco: me gusta porque tiene la misma esencia melodramática que el tango. Y no es nada light y me encanta eso porque yo canto con el corazón, y cuando bajo del escenario estoy hecha bolsa…”.
Esa personalidad que le ha abierto camino en la actuación y el canto ha influido, al crecer, en su familia, donde no todo ha sido un lecho de rosas.
“Con mis padres soy muy apegada, los adoro, igual que a mi hermano. Con mi tío Osvaldo la relación es algo lejana, por su modo de ser y porque no vive cerca; a mí los traslados me matan y si él no viene… Pero nos queremos. Mi relación familiar más entrañable, fuera de mis padres, es con mi primo Alfredo, que también canta y de quien soy madrina de su hijo; en cambio, con la prima Ligia, colega además, éramos compinches, casi hermanas, de chicas, pero ahora estamos distanciadas. Y con Susana pasó algo raro: de chica la relación no era buena, pues las dos, más allá de la diferencia de edad, teníamos carácter fuerte y a mí no me gusta que me impongan nada; pero ahora —¿habrá sido por el tango?— nos llevamos espléndido y la quiero mucho…”.
Anita tiene una voz clara, diáfana, que muchos, tal vez exagerando, comparan con el estilo de su famosa tía; es bonita, tiene una presencia y gestualidad atrapantes en los escenarios, pero probablemente el mayor impedimento para alcanzar una popularidad mayor y sostenida anide en una rebeldía y una audacia que, está claro, no puede ni quiere dominar.
“Cuando no me siento cómoda en un lugar prefiero irme, como me pasó cuando trabajé con Pepito Cibrián y algún galán pasado de atrevido. De chica me gustaban muchísimo las comedias musicales y ahora, ¿la verdad?, ya no. Me preguntan si tengo novio; por el momento no. Definiría mi estado amoroso como una página en construcción. ¿El budismo? Ah, sí, me interesa, pero no soy fanática…”.
Dato final: tiene una hermosa versión de Maquillaje, de Homero Expósito.