N° 1818 - 04 al 10 de Junio de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa Universidad Americana de Paraguay, miembro de la Red Ilumno (14 universidades y centros de estudios desde Panamá hasta Argentina), no deja de sorprenderme con sus innovaciones, la mejora continua de sus programas y la calidez en el trato que brindan a alumnos, docentes y funcionarios.
Cuando reciben a profesores o conferencistas del exterior, la Universidad Americana quiere que se sientan como en su casa; y tan es así, que en vez de enviarnos a un hotel, nos alojan en la “Casa de Huéspedes”, una linda residencia ubicada al lado de la Universidad. Pero no es la buena construcción ni el mobiliario lo que le da calor de hogar a esta casa, sino que era su anfitriona, la señora Gerónima Aranda de González, por todos conocida como Ña Tita.
Tita era una profesional de la cortesía, la amabilidad y el buen servicio. Nunca estudió estos temas en ninguna academia, pero los aprendió en la universidad de la vida. De una vida llena de sacrificios, pero también llena de amor. Amor por su trabajo, por sus hijos y por sus nietos, siempre presentes en los momentos de alegría y, sobre todo, los tenía presentes en los duros momentos de adversidad.
Durante los más de seis años que disfruté de sus cuidados y de su compañía, jamás le escuché una queja, ni por sus dolores, ni por los de sus seres queridos. Su actitud ante el trabajo siempre fue positiva. Organizaba su jornada laboral con la responsabilidad de un cirujano, la paciencia de un monje y el amor de una maestra. Estaba orgullosa de lo que hacía.
Y tanto lo estaba, que disfrutaba enormemente en recibir los elogios de sus huéspedes, a quienes nos pedía dejar estampado —de nuestro puño y letra— los testimonios de nuestra estancia en la Casa de Huéspedes… su casa. Ese cuaderno es un vivo ejemplo de que el trabajo eleva y dignifica; de que cualquier individuo, desde cualquier lugar de una organización, puede hacer la diferencia, y de que el valor de una persona no se mide por los quilates de sus joyas, sino por los quilates de su corazón.
Ña Tita, desde prácticamente la base de la pirámide organizacional, logró dejar un legado en los lugares más altos de la misma: en profesores eméritos, en profesionales avezados y en toda su plana directiva. El pasado 1º de junio se colocó en la Casa de Huéspedes una placa en homenaje a Ña Tita, y allí estaba el presidente, el decano, varios gerentes, familiares y colegas, reconociendo su valía.
Para esos que siempre reclaman derechos y se olvidan de sus obligaciones. Para los que siempre se quejan y poco hacen para cambiar su situación. Para los que se sienten “explotados” pero no explotan ni sus talentos ni sus virtudes, sería bueno que tengan presente el ejemplo de Ña Tita y piensen si, con sus conductas y sus actitudes, algún día, alguien, pondrá una placa que diga:
“Bienvenidos a la Casa de Ña Tita
Una mujer que dio alma, corazón y pasión a lo que hacía.
Una compañera que dio calor de hogar a su trabajo.
Te recordaremos siempre como lo que fuiste: alegre, amable y con una inigualable sonrisa.
Universidad Americana - 01 de junio de 2015”