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    Niebla, olores, el adiós

    Nº 2198 - 3 al 9 de Noviembre de 2022

    El encuentro, en el living señorial de una casona porteña, pudo haber sido una escena ideal para que la filmara Luchino Visconti.

    Juan Carlos, al piano, tocó una espléndida melodía. Enrique —que no cantaba ni en el baño— logró tararear con seriedad la letra que la complementaba. Luis, el dueño de casa, en el sillón principal, escuchó muy quieto y con gesto adusto, con el mentón apoyado en una mano. Al concluir la presentación, luego de un silencio que pareció eterno, Luis Saslavsky, celebrado director de cine argentino, se puso de pie y abrazó, con emoción, a Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo, exclamando entre lágrimas: “¡Por fin, algo escrito a la medida de Tita!”.

    Así nació, una tarde de invierno de 1936, uno de los tangos más hermosos creados a lo largo del tiempo: Niebla del Riachuelo.

    Saslavsky filmaba una de sus mejores películas, La fuga, con los protagónicos de Santiago Arrieta, Francisco Petrone y Tita Merello, y la había interrumpido porque no encontraba un tango que engarzara con el argumento y que, en un momento cumbre, debía interpretar la gran actriz dramática y cantante del momento. Y decidió pedirles algo nuevo a Cobián y Cadícamo, que ya gozaban de gran popularidad por el reciente estreno de Nostalgias. En dos días, los creadores le presentaron su nueva obra.

    Turbio fondeadero donde van a recalar / barcos que en el muelle para siempre han de quedar. / Sombras que se alargan en la noche del dolor, / náufragos del mundo que han perdido el corazón… / Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar, / barcos carboneros que jamás han de zarpar…

    La fuga se estrenó en el Cine Monumental el 28 de julio de 1937, y el tango que tanto inquietó a su director pasó a ser una de las partituras más codiciadas por intérpretes de la época.

    La primera grabación, con la Orquesta Argentina Odeón, la hizo, un mes antes de ese estreno, el uruguayo Alberto Vila. Muy poco después le siguieron Osvaldo Fresedo con Roberto Ray, Alberto Di Paulo con un quinteto vocal y, como solistas y entre muchos otros, Edmundo Rivero, Eduardo Adrián, Miguel Montero, Adolfo García Grau, Susana Rinaldi, Julia Sandoval, Virginia Luque, Alfredo Belusi y Astor Piazzolla, en una audaz versión cantada en inglés y grabada en Nueva York.

    Hay mucho mérito de Cobián y Cadícamo en el doble éxito, tango y película. El tema del Riachuelo y su niebla y sus olores nauseabundos de aquel tiempo —que pese a decenas de proyectos de obras poco han disminuido en pleno siglo XXI—, así como su suerte de metáfora del dolor del inmigrante, sus nostalgias, los amores frustrados y el adiós, ya había sido mencionado en varios temas: Orillas del Plata, Riachuelo, La vuelta de Rocha, Cuando llueve en la Ribera, Silbando, Puente Alsina, Talán talán, Brochazos, La barcarola del Riachuelo, Quinquela y Mañana zarpa un barco. Claro, todos sin el impacto popular de Niebla del Riachuelo.

    También fue grabado fuera del Río de la Plata: Pacho Alonso, el tenor cubano, en tiempo de bolero; la también cubana Xiomara Alonso, pero en Estados Unidos; Omara Portuondo, otra hija de La Habana, con el pianista Chucho Valdez; Óscar de León y Andy Montañez con orquestas caribeñas, y Diego, el Cigala, con el legendario Bebo Valdez, en una fusión entre el bolero y el flamenco que llegó a ser representada en Montevideo, en la hasta ahora última presentación del cantautor español.

    No hay que olvidar que la literatura sobre el Riachuelo y su entorno, al margen del aporte del tango, creció a partir de la Gran Depresión planetaria de 1930, convertida esa vía de agua oscura y viscosa en una suerte de símbolo neblinoso de lo marginal, la pobreza y el desánimo acerca del porvenir.

    El investigador Reinaldo Spitaletta recordó, con acierto, la que llamó “una novela sobre lo inevitable”, definiendo de este modo metafórico tres hechos con vida propia: una serie de columnas costumbristas de Roberto Arlt, el guion de la película de Saslavsky y la memorable creación “a pedido” de dos grandes de la música popular ciudadana: Cobián y Cadícamo.

    Sueña marinero con tu viejo bergantín, / bebe tus nostalgias en el sordo cafetín… / Llueve sobre el puerto mientras tanto mi canción, / llueve lentamente sobre tu desolación… / Anclas que ya nunca nunca más han de levar… / Bordas de lanchones sin amarras que soltar… / Triste caravana sin destino ni ilusión, / como un barco preso “en la botella del figón…”.

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