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    Nihil novum sub sole

    Sr. Director:

    Viejo dicho, extraído de la Vulgata.

    Basado en la experiencia (y, quizás, también en la naturaleza humana, al comprobar que tiene una cierta estructura básica).

    ¿Pero qué tan sabio es el dicho?

    En 1989 cayó el muro de Berlín. Fenómeno, totalmente novedoso en la historia. Un régimen totalitario se desmoronó solo: no había bárbaros a las puertas como en Roma, ni ejércitos aliados, como en Italia y Alemania. El comunismo implosionó. Ahí, todos creímos que era su fin: victoria de la democracia y también del liberalismo (político y económico). Tenía que venir (por lo menos) un nuevo siglo liberal, como aquel que vivió Europa entre la caída de Napoleón y la Primera Guerra.

    Pero no. Sí estuvieron Maggie y Ronnie, pero después aparecieron los Blair y los Clinton. Estos, curiosamente, aun exhibiendo sus corazones socialdemócratas, no olvidaron algunas lecciones y fueron fiscalmente sobrios. Más curiosamente, quienes se suponía que debían serlo por convicción, como Bush (h) introdujeron una figura nueva: el conservador big spender.

    El hecho es que esos vaivenes fueron gestando (no solo en EE.UU.) una cultura antiestablishment, anti-Estado, que desembocó en Trump, el Atila americano.

    Llegando a este punto en el crescendo político-económico, uno se preguntaría ¿qué podríamos esperar?

    Pues, jamás un “vejete” (como yo), con casi treinta años de vida en la política, que no está tratando, simplemente, de poner la casa en orden, o de volver las cosas a como las quería llevar Obama, su presidente: Joe Biden se está metamorfoseando en una especie de Franklin, Lyndon, Delano, Baynes, Johnson. New Deal for a Great Society (plus).

    El volumen económico (y la velocidad) de sus propuestas son descacharrantes.

    No digo que estoy escandalizado. Tampoco encandilado: más bien desconcertado.

    La democracia es un régimen que camina permanentemente sobre una cuerda tensada entre la libertad y la igualdad. Claramente hoy hay una reacción en muchas sociedades contra lo que se percibe como un desequilibrio en favor de la primera.

    Todo bien. Pero lo que el gobierno Biden está implementando es una volcada violenta de la palanca hacia el otro extremo.

    Que ya ocurrió en el pasado y dio resultados, digamos que bastante mezclados. Contribuyó a gestar enormes estructuras burocrático-estatales, con frecuencia frustrando las expectativas que motivaron su existencia y fogoneando alzas disparadas de precios. Lo que en los 70 produjo la famosa stagflation.

    ¿Nihil novum sub sole?

    Desde ya, que ojalá no.

    Pero ¿qué puede haber hoy que asegure el mentis del proverbio?

    Ignacio De Posadas