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    No me moleste, mosquito

    Durante la cena, Fortunato y familia no habían podido evitar los temas dominantes de estos últimos días: los aedes aegypti, y los Rolling Stones.

    La fiebre despertada por ambos conjuntos de vectores ha sido tal, que nadie ha escapado del embrujo de hablar de todos ellos, con más fastidio y miedo o más cariño y admiración, según cuál sea el grupo al que se refieren.

    Concluida la parte gastronómica, Fortunato se fue al sillón frente a la tele, para ver el informativo de cierre. Como el recital de los Rolling Stones ya había pasado, pero los mosquitos ni ahí, se imaginaba lo que efectivamente pasó: apenas unas referencias finales en torno a los interminables rockeros británicos, y mucha pero muuucha información en torno a la epidemia de dengue de la que parece que no nos vamos a salvar.

    Ni bien empezó el informativo, el arranque fue con la noticia tenía que ver con los Rolling.

    —“Estimados telespectadores” —arrancó el informativista— “continúa sin dilucidarse el tema del futuro de los Rolling Stones, y siguen coexistiendo dos versiones bien diferentes, que procuraremos confirmar en las próximas horas. Una de ellas asegura que los Rolling Stones estarán pronto de regreso a fines del mes que viene, para participar como teloneros del recital del Negro Rada en la inauguración del Estadio de Peñarol, y la otra, por el contrario, afirma que los célebres músicos ingleses, antes de partir fueron a brindar un recital especial para los ancianos del Piñeyro del Campo, y cuando se aprestaban a partir, los enfermeros no se lo permitieron en función de su avanzada edad, habiendo quedado ya los cuatro instalados en sus respectivas piezas en dicho nosocomio, por lo que la continuación de la gira se habría cancelado. Confirmaremos.”

    Ya Fortunato no sabía si esto lo había visto y oído o si lo había soñado, como le suele ocurrir, pero mucho más desconcertante fue lo que siguió con relación al tema de los mosquitos.

    —“En otro orden de cosas” —prosiguió el periodista —“las autoridades se aprestan a tomar durísimas medidas destinadas a combatir al mosquito portador del dengue, a partir de haberse encontrado en Pocitos el primer caso de dengue autóctono”.

    En ese momento la imagen muestra al ministro de Salud Pública y al Intendente de Montevideo llegando a la esquina de Achiras y Lorenzo Pérez, al frente de varias brigadas de seres enmascarados con cascos antigases, y unos trajes de astronauta, portando unas mangueras de las que salía un humo espeso, fumigando a diestra y siniestra.

    —“¡Cambio de fluido de combate!” —vociferó el Intendente Martínez, a lo que los astronautas apretaron un botón, y en vez de humo, de las mangas rígidas empezó a salir fuego, con lo que la casa de la señora enferma de dengue y las dos casas contiguas, fueron reducidas a cenizas. La gente del barrio se abrazaba y lloraba, en particular cuando el ministro de Salud Pública informó ante cámaras que adentro de la casa no había nadie, porque la señora con dengue está internada, y su esposo y los tres hijos del matrimonio fueron enviados en cuarentena a la Isla de Flores, por un período de seis meses.

    —“Me parece que están exagerando un poco” —se dijo para sus adentros Fortunato, pero no estaba seguro si aquello era realidad o ficción. Como sea, la pantalla continuó exhibiendo imágenes dantescas, como cuando sacrificaron al perro de la familia “por razones de seguridad, como en Salto” —dijo el ministro, subiéndose luego a una camioneta blindada en la que continuó su gira junto al intendente.

    La cámara entonces cambió de zona de cobertura, mostrando un paneo de la zona arbolada del Parque Batlle, y en medio de los árboles, una nube entre gris y negra que se movía en dirección a la cámara, conformada por millones de mosquitos aedes aegypti. Al aproximarse la imagen con un tremendo zoom, se escucha que los mosquitos venían cantando, en el mejor estilo futbolero ¡“ooo, vamo dengue vamo, oooo, oo, vamo dengue vamo, pongan huevo, que ganamo!”, mientras el informativista explicaba que cada mosquito pone entre 200 y 300 huevos por día, con lo que la epidemia de dengue no tardaría en instalarse entre nosotros.

    —“Este caso es de los más serios” —prosiguió el periodista, mientras que la cámara registraba a los brigadistas de la salud antidengue, provocando con sus lanzallamas el incendio completo de todos los árboles y arbustos del Parque Batlle, que en minutos eran una humeante pila de ramas chamuscadas.

    —“Nos vamos ahora a Punta del Este” —dijo el informativista, dando lugar al corresponsal esteño del canal, mostrando imágenes de archivo del día de ayer, cuando habían aparecido unas larvas del aedes aegypti en la fuente que está en la fachada del hotel Conrad, y a continuación la pila de escombros a la que fue reducido el célebre hotel, el cual fue demolido para asegurarse que de allí no surgirían vectores contagiantes de la cruel enfermedad.

    —“Cabe informar ahora que hemos recibido información desde Cuba, de la que surge que el vicepresidente Raúl Sendic permanecerá en la isla caribeña para preservar su salud, porque teme que, de volver al país, lo pueda picar uno de estos mosquitos y le transmita el dengue” —dijo el periodista.

    —“Vieja, vení, ¡algo bueno tenía que traernos esta peste! ¡Sendic no vuelve al Uruguay!” —dijo Fortunato restregándose los ojos.

    —“Volvé vos a la cama, que estás dormido en el sillón hace horas…¡Ese sí que hubiera sido un sueño!” —replicó la señora, alzando las cejas y mirando al techo.