N° 1819 - 11 al 17 de Junio de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáFox emite todos los jueves a las 22 la serie ultraparanoica Wayward Pines, producida por M. Night Shyamalan e interpretada por Matt Dillon, que hace de agente del FBI. El argumento es sencillo y medio berretún: todo el que cae en el pueblo Wayward Pines no puede salir de allí, literalmente.
Claro, Wayward Pines, la serie o el pueblo, también es un estado del alma. Existe gente en la vida real que cae en Wayward Pines, al otro lado de la cerca eléctrica, y no la volvés a ver. Deciden cortar con el mundo sin explicación alguna. Se los traga una religión, un partido político o una mujer. Se encierran en sí mismos y cambian de rumbo. Hay algo de película de terror en esta actitud, algo de usurpadores de cuerpos. Si los ves por la calle te saludan, pero están más duritos, distantes.
Para los amantes del gran escritor Georges Perec y del cine poético, raro y bien francés, puede verse on line con subtítulos en español Un hombre que duerme (Un homme qui dort, 1974), de Bernard Queysanne y Georges Perec, basado en la novela del mismo nombre de Perec. Una película precisamente sobre alguien que abandona su cuerpo y decide casi no ser. Hay un solo actor: Jacques Spiesser. Una narradora: Ludmila Mikaël. Y un escenario: París.
El joven estudiante vive en una buhardilla donde apenas entran una cama, una estantería, un lavabo y una palangana. Lo vemos leer, fumar, caminar por la ciudad, comer un churrasco con papas fritas, hacerse un café, lavarse la cara. Pero en realidad ha decidido no prestar atención al despertador, desafiar al tiempo, no hacer nada. No es morir: es deambular, vegetar, glorificar el mínimo movimiento, la acción sin ningún sentido. No hablar, no pensar, no actuar. Que la vida te resbale, que las imágenes sean las protagonistas sin ninguna valencia, sin ningún otro significado que el puramente plástico.
Semejante principio sirve de pretexto a los realizadores Queysanne y Perec para observar el latido de una ciudad, desde sus cines de barrio y sus restaurantes baratos hasta sus plazas y monumentos menos conocidos. Y el latido de la ciudad es el latido de un hombre solo, de un hombre que duerme: apenas se mueve, no hay realidad, hay sueño. Y al haber sueño, hay película. París desolada, en duermevela.
Un hombre que duerme es un ejercicio similar a El año pasado en Marienbad, de Alain Resnais. Una experiencia poético-visual con una voz que recita la novela y una banda sonora riquísima, que crece y en cierto momento se te viene encima.
Perec (La vida: instrucciones de uso, Las cosas) es uno de esos escritores extraños, amante de los juegos de palabras y de los crucigramas, capaz de escribir una novela, La desaparición, sin emplear ni una sola vez la vocal E, la más común en la lengua francesa. Una propuesta para volver loco a cualquier traductor. Murió en 1982, a los 45 años.
Queysanne (Rabat, Marruecos, 1944) hizo algunos largometrajes en los 70 y después se fue para la televisión, hasta desaparecer en el año 2000.
Ambos se quedaron en Wayward Pines y nunca volvieron.