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El Mundial no terminó todavía… pero para nosotros sí se terminó. Con la condena a Suárez sin que la apelación haya terminado, sin que se sepa cuántos millones más o menos pondrá el Barça para sacarlo de Liverpool, sin que se sepa quién saldrá campeón, aunque todos lo presentimos después de la paliza que se ligaron los brasucas, y con los celestes descansando por ahí, el Mundial como tema, se acabó.
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Fortunato pensaba en todo esto mientras iba hacia su sillón, con la esperanza de que el informativo le trajera alguna novedad temática.
Pero no. Arrancó con las rapiñas nuestras de cada día, seguida de las notas sobre los inundados, la re-re-re repetición de los siete goles de Alemania, las notas de color de los periodistas que quedaron en Brasil mostrando garotas por Copacabana porque ya no hay más uruguayos para preguntarles de qué barrio son, y si vinieron a hinchar por la celeste (¿qué esperarían? ¿Qué les dijeran que habían venido a ver cómo Suárez lo mordía a Chiellini?), el choque cotidiano en una esquina con semáforos, y la cotización de dólar, que es la misma desde hace ocho semanas, pero siempre llena el espacio decir que de ayer a hoy aumentó un 0,25%, pero se espera que mañana baje un 0,25% volviendo a los parámetros estimados.
Fortunato pensó para sus adentros, mientras el sueño lo iba venciendo, que hasta los políticos han desaparecido de la pantalla, conscientes de que el fóbal les viene robando espacio, y, salvo el Dr. Tableté Vázquez, que sabe que no le puede regalar la cancha a nadie, y siente que Constanza le muerde los garrones cada vez que puede, anda paseando en ómnibus de barrio en barrio, para mostrar cuán populares son él y su no-deseado compañero de fórmula, los demás muchachos de la barra blanca, colorada e independiente están más borrados que un pizarrón de escuela.
En eso Fortunato escucha, ya casi dormido, al informativista que dice “estimados telespectadores, en medio de esta carencia de informaciones novedosas, por fin surge aquí una noticia relevante: en la ciudad de Lascano ha sido declarado ciudadano ilustre don Braulio Lapipeta, al haber concluido un puzzle de 10.000 piezas que representa la planta central de la ciudad de Maguncia. Lo interesante del caso” —agregó el periodista— “es que se trata de un plano de Maguncia que tiene una antigüedad de 519 años, cuyo original se conserva en el Museo Cartográfico de Budapest, gracias a una donación del nieto del Duque de Wolfenburgo, quien a su vez lo obtuvo tras la conquista en 1867 de la ciudad de Dresden, en la batalla de Bratwurst, en la que las fuerzas del Duque derrotaron a las del Conde de Ratzenburgo, Karl von Pettelich. Este antiguo mapa fue fotocopiado por don Braulio sacándolo de Wikipedia, y, tras enormes esfuerzos y largos años de paciencia y ejercicio, este noble ciudadano lascanense ha hecho este aporte a la cultura nacional que le ha valido la distinción antes mencionada” —concluyó, no sin agregar que el rompecabezas sería exhibido desde el lunes que viene en la sede del Club Unión y Competencia de la ciudad de Lascano, con entrada libre, faltaba más.
Fortunato ya no sabía si dormía o no, pero le pareció que la noticia era la cosa más absurda y poco importante, pero es verdad que con la ausencia de informaciones de peso, empiezan a valer las de 0,50.
La cosa siguió.
—“Estimados telespectadores” —arrancó de nuevo la tele— “también es del caso informarles que en las afueras de la ciudad de Cerro Chato se ha encontrado una cueva a orillas del cerro Pichón, cuyo origen se ignora, pero se estima que habría albergado a los primeros animales que habitaron en esa zona. El espeleólogo, antropólogo y arqueólogo autodidacta Tiburcio Delaco Vacha, prohombre de la zona e investigador aficionado pero de grandes quilates, ha declarado a nuestro corresponsal en la zona que ha encontrado dentro de la cueva unos huesos que presume que son de un broncopitauro trex, un animal de grandes garras, colmillos afilados, alas en forma de delta y caparazón muy dura, que se supone depredaba fauna y flora de la zona hace unos 200.000 años. Don Tiburcio ha indicado que es posible que estos animales se devoraran unos a otros, ya que el análisis de laboratorio que ha llevado a cabo con su sencillo pero valioso instrumental, que consta de una olla, un cortaplumas, una lupa y dos azadas con filo, le ha permitido comprobar que uno de los huesos no provenía de un animal muerto, sino de un animal comido vivo por un depredador violento” —concluyó el informativista.
Ya la cosa no daba para más. Cuando Fortunato iba a llamar a su esposa para que viniera a ver estas noticias entre comillas, el presentador de la tele dijo que se había extraviado una perrita que responde al nombre de Princesa, y que Laetitia d’Arenberg ofrecía un millón de dólares a quien se la trajera sana y salva.
Pero fue la esposa la que lo zamarreó al pobre Fortu, y le dijo que estaba dormido hacía una hora, la tele había terminado la transmisión del día, y que se fuera a dormir a su cama.