• Cotizaciones
    miércoles 12 de junio de 2024

    Nueva ola tanguera

    Nº 2196 - 20 al 26 de Octubre de 2022

    He repetido hasta cansarme que el tango, cómo música popular, ha ido representando —e influyendo en la cultura social— cada época durante la cual tuvo repercusión indiscutible.

    Pero también he insistido en que el llamado “tango clásico”, cuyas cada vez más antiguas expresiones discográficas se siguen difundiendo, así como versiones de intérpretes actuales aferrados al pasado porque reconocen su valor, comenzó, luego de su híbrido, difuso origen, con la Guardia Vieja, a fines del siglo XIX, y concluyó su evolución con el audaz aporte de Piazzolla, ya corriendo los últimos años del siglo XX.

    Dicho de otro modo, no se trata de que el tango haya desaparecido sino de que vino una etapa, que hoy está adquiriendo más vigor, repleta de búsquedas y haciendo sitio, cada vez más amplio, al concepto de fusión, tanto en lo melódico y lo poético como en lo instrumental.

    Por eso —siempre desde la subjetividad y admitiendo que puedo estar equivocado— el tango, tanto el clásico como el actual, sigue “representado en cada época”. Acerca de la cuestión de los gustos, bueno, redundaré con Camilo Cela: “Caramba, hombre, eso ya va por provincias…”.

    Escrito lo que antecede, me pareció un aporte interesante para el lector tomar dos ejemplos, uno de cuño rioplatense y otro nacido en el exterior, para, con la simple descripción de sus trayectorias, echar claridad sobre los conceptos esenciales.

    En el Río de la Plata, asentado en Buenos Aires, a inicios de 2002 se fundó, como parte de un movimiento llamado Neotango, la orquesta más exitosa de esta especie de “nueva ola”: Tanghetto, dirigida por el compositor y productor Max Masri. Su álbum inicial, Emigrante-Electrotango, fue editado en 2003 y conquistó el disco de doble platino en los Grammy Latinos del año siguiente. Su música es una fusión de tango tradicional con música electrónica que, al paso de los años y hasta hoy, ha ido acrecentando su influencia en las creaciones del grupo. Tanghetto, además de recibir otros premios, ha editado 10 álbumes de estudio, tres de ellos en vivo, y un DVD y ha realizado decenas de giras internacionales por más de 20 países de América Latina, Europa y Asia, incluyendo los míticos Lincoln Center de Nueva York, el Forum de Milán y el Arena de Londres. Según los entendidos que la siguen, “su característica principal, además del equilibrio de sonidos electrónicos y étnicos, es la fuerte presencia de la melodía y estructura armónica de cada tema”. Su integración incluye piano acústico y eléctrico, percusión acústica y electrónica, bandoneón, violín y chelo.

    A miles de quilómetros de nosotros, la Orquesta Tosca Tango —un esfuerzo conjunto de músicos oriundos de Austin (Texas)— nació a la vida cultural en 1997 sumando iniciativas entre The Tosca String Quartet, Luis Guerra y Jeannine Attaway para componer un nuevo estilo de tango. Ya ha lanzado seis álbumes, ha creado la banda sonora del filme Waking Life, de Richard Linklater, y ha alcanzado la fama internacional: allí figuran la mayoría de sus obras, además de una de Julián Plaza, presentada como inédita, y dos de Chopin. Se compone de ocho miembros, ha recibido múltiples distinciones, viajó a Buenos Aires a la Quinta Cumbre Mundial de Tango y ha aparecido en escenas de otras dos películas musicales. Se presenta como “el tango del siglo XXI”. Algunas de sus creaciones que hoy recorren el planeta —La furia del tango, Tía Pamelita, La ciudad del tango, Amado, Despertando la vida, Toque y uno y Tango Suite— exhiben matices propios: hay menos electrónica y más influencia de ritmos como el jazz y el pop y, en particular, de la música clásica.

    Sí, no hay caso. El tango sigue representando a su época. Solo que las épocas, sobre todo la cultura como identidad de las sociedades, parecen sostenerse menos en el tiempo, como empujadas por la velocidad incontrolable de la tecnología y sus cambiantes aportes. De otro modo, no nos quedaría la impresión de que, pese a que siguen en su lucha, ya pasaron de moda Daniel Melingo, el roquero de la voz insoportable devenido tanguero desmelenado y supuestamente revolucionario, junto con el “dueño” del imperio musical electrónico, el inquieto Santaolalla, cuyo grupo emblema achicó el nombre: solo Bajo Fondo.

    ¿Qué vendrá mañana? No sé.

    Habrá que ver, para satisfacción de los amantes del tango clásico, si esa tecnología también ayuda al renacimiento de los viejos discos.