Río de Janeiro. (Gerardo Lissardy, corresponsal para América Latina). Las elecciones serán en octubre. La izquierda, en el poder desde la década pasada, la tiene más difícil que en los comicios anteriores y enfrenta una oposición renovada, que critica al gobierno por la inflación encima de la meta, problemas de infraestructura y escándalos en empresas con capital estatal. El oficialismo defiende la gestión del presidente —que en el pasado integró la guerrilla—, reivindica una reciente baja de la pobreza y el desempleo, y advierte que sería riesgoso votar por otros. Una segunda vuelta electoral parece inevitable y las propuestas de los candidatos van desde ampliar la red de escuelas de tiempo completo hasta bajar la edad de imputabilidad penal. ¿Uruguay? No, se trata nada menos que de Brasil.
A pesar de las diferencias de tamaño, historia y cultura entre ambos países, sus campañas electorales tienen una sorprendente cantidad de semejanzas. Los analistas señalan que hay razones de fondo para explicar esto. “No es una coincidencia”, dijo a Búsqueda Paulo Velasco, coordinador del programa de relaciones internacionales de la Universidad Cándido Mendes.
Sin embargo, también existen distinciones relevantes entre lo que ocurre a un lado y otro de la frontera. Por ejemplo, en Brasil la economía está estancada y en Uruguay crece; los candidatos brasileños debaten por televisión y los uruguayos no.
Lo que sigue es un análisis de 4 similitudes y 4 diferencias entre las campañas del mayor país del Mercosur y el más pequeño.
El desgaste del poder. El Partido de los Trabajadores (PT) está en el poder en Brasil desde 2003 y el Frente Amplio (FA) en Uruguay desde 2005, con tres y dos períodos seguidos de gobierno, respectivamente. Ahora buscan otro con candidatos repetidos: la presidenta Dilma Rousseff y el ex presidente Tabaré Vázquez. Pero las encuestas anticipan que esta vez las dos elecciones serán más reñidas que las anteriores. “Después de un gobierno de un partido que está hace tiempo en el poder, es natural que se busquen alternativas”, dijo Velasco. “Se genera mucho desgaste”.
También es lógico que los opositores busquen explotar políticamente casos como el de Pluna en Uruguay o el de Petrobras en Brasil, donde hay un escándalo después de que la prensa revelara que un ex director testificó en prisión que varios miembros de la coalición de gobierno recibían coimas por contratos con la petrolera estatal.
Una nueva oposición. La oposición brasileña y uruguaya están entusiasmadas con los actuales escenarios electorales, que parecían imposibles hasta hace poco. Muchos atribuyen esto al surgimiento de candidatos como el blanco Luis Lacalle Pou en Uruguay o la ambientalista Marina Silva en Brasil, segundos en las encuestas y con posibilidades de pelear en balotajes. Lacalle Pou proviene de un partido de tradición nacionalista y liberal, y Silva de las filas del sindicalismo y el PT, pero ambos han sido comparados recientemente.
“A pesar de (sus) notorias diferencias, en estas elecciones, Silva es a Brasil lo que Lacalle Pou a Uruguay. Ella, como el candidato del Partido Nacional, es el ‘factor sorpresa’ de la elección”, opinó Adolfo Garcé, profesor de Ciencia Política de la Universidad de la República, en el diario “El Observador”.
La reacción oficialista. El oficialismo en Brasil reaccionó de forma similar al de Uruguay ante el reto opositor, citando riesgos de apostar a cambios inciertos; lo mismo que antes hacían los rivales de la izquierda.
“Cuando los uruguayos y las uruguayas entren al cuarto secreto, se van a plantear: ¿y yo cambiaré esta puerta que me da todo por otra puerta por si acaso?”, dijo Vázquez, comparando la elección con un programa televisivo de azar y premios.
“Creo que los empleos de los brasileños, si toman esas medidas que están siendo propuestas, corren riesgo”, sostuvo Rousseff a comienzos de este mes, aludiendo a las ideas de Silva.
Segunda vuelta. Así como las encuestas en Uruguay colocan adelante al FA en la primera vuelta, con cerca de 40% de las intenciones de voto, el PT brasileño figura con ventaja para el 5 de octubre: Rousseff tiene 36% en los últimos sondeos conocidos de Ibope y Datafolha. Pero los analistas anticipan que es muy probable que en ambos países haya una segunda vuelta, de resultado incierto. La de Brasil sería el mismo día en que Uruguay celebrará su primera votación, el 26 de octubre. Silva, con 30% según Ibope, tendría como potencial aliado al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), cuyo candidato Aécio Neves (19%) apoya la idea de bajar la edad de imputabilidad penal para ciertos crímenes, como lo hace el colorado Pedro Bordaberry en Uruguay. La encuesta de Ibope indicó que para un balotaje mano a mano entre Silva y Rousseff, la primera tenía esta semana 43% de apoyo y la presidenta 40%.
Las diferencias
La economía. Mientras en la primera mitad del año Uruguay creció a buen ritmo (3,7% en el segundo trimestre respecto al mismo período de 2013), Brasil entraba en recesión técnica por un leve retroceso en ambos trimestres. Se trata de una diferencia importante en un año electoral, después de que los electores en ambos países se acostumbraran a la bonanza de años anteriores, volviéndose susceptibles a cualquier frenazo. Esto complica más aún a Rousseff y es una carta a favor del gobierno de José Mujica.
“Estamos desacoplados”, afirmó esta semana el ministro uruguayo de Economía, Mario Bergara, aludiendo a los problemas regionales.
Los debates. Los electores en Brasil ya tuvieron la oportunidad de ver tres debates entre candidatos a la Presidencia —incluidos Rousseff, Silva y Neves—, el último de ellos el martes 16. Esta es una tradición en el país y la presidenta dijo antes de ir al primero que se lo tomaba en serio. “Siempre me preparo para los debates porque creo que es mi obligación llegar ahí y responder a las preguntas lo mejor posible”, sostuvo.
Se trata de un matiz importante con lo que ocurre en Uruguay, donde Vázquez rechaza la posibilidad de confrontar directamente con sus rivales. “El que va arriba no quiere debatir con nadie. ¿Por qué? Porque no tiene a nadie arriba”, explicó en agosto.
La religión. A diferencia de lo que ocurre en Uruguay, donde la religión difícilmente sea tema de campaña electoral, en Brasil suele ser un asunto importante. Y en esta elección especialmente, ya que Silva es una evangélica que según la prensa ha llegado a abrir la Biblia al azar para buscar una guía espiritual en determinadas decisiones. Rousseff decía antes de ser presidenta que carecía de religión, pero ha procurado sintonizar con quienes sí la tienen: nueve de cada 10 brasileños. Así las cosas, ninguno de los tres principales candidatos promueve abiertamente temas a los que las Iglesias se oponen, como la legalización del aborto, el casamiento gay o las drogas. Asuntos sobre los que Uruguay legisló en los últimos años.
Los otros candidatos. En Brasil, los candidatos de partidos menores cumplen un papel singular, planteando en los debates discusiones sobre temas que a menudo otros soslayan, como el financiamiento de las campañas. Los hay para todos los gustos, desde el conservador Partido Social Cristiano (PSC) que tiene como candidato a un pastor evangélico, hasta el ecologista Partido Verde. Este último postula a la Presidencia al médico Eduardo Jorge, que defendió la legalización del aborto en el debate del martes 16, organizado nada menos que por el Episcopado. Esto o los candidatos a legislador que adoptan nombres insólitos como Jesús, Hombre Araña o Cara de Hamburguesa, añaden condimentos a la campaña brasileña que en Uruguay suelen faltar.