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No se trata de historias ficticias, al estilo de lo que hace muy bien el argentino Carlos Sorín. El uruguayo Guzmán García (que ha sido asistente de Sebastián Bednarik en “Cachila” y montajista de “Mundialito”) se lanza a confeccionar un largometraje (en realidad dura menos de una hora) donde entrevista a varias personas de la tercera edad que concurren habitualmente a bailar tangos en Vieja Viola. La técnica de García es simple: muestra el salón de baile vacío, luego lo va llenando de parejas y de allí extrae sus once historias que están dichas de frente a la cámara, supuestamente sin libreto, espontáneamente.
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El resultado es entonces desparejo, porque no vale en función de su construcción (o reconstrucción) cinematográfica, sino del interés que puedan despertar las historias en sí mismas, y a los resortes de simpatía, facilidad de comunicación, algún toque de discreta ternura o tal vez cierto patetismo. Es gente mayor, algunas parejas que todavía están enamoradas, otros hombres y mujeres que están solos (porque han renunciado al amor o porque simplemente nunca lo han experimentado), y también parejas que se acompañan porque su amor se ha marchitado y apenas les queda un sentimiento parecido a la amistad.
Que toda esta gente se confiese públicamente frente a la cámara denota por lo menos dos cosas: o que están de vuelta de todo y el director les ha inspirado confianza, o tal vez crean que ya no tienen nada que perder ni nada que esconder. De un modo u otro, es difícil permanecer indiferentes frente a esas historias. Así sean verdaderas o ficticias (se nota que no hay actores, o por lo menos nadie se comporta como si estuviera desempeñando un papel) siempre se cuela un aire de verdad, algo que invita a creer en esos seres de alguna manera entrañables. Cada historia está precedida por el nombre de sus protagonistas y todos y cada uno de ellos se muestran bailando en ese salón donde buscan o ya han encontrado con quien terminar sus días.
Otro rasgo a tomar en cuenta: muchos de los que aparecen frente a cámaras no han tenido una pareja única o permanente. Son viudos o divorciados que se conocieron en plena madurez, por lo que la pasión o la atracción sexual no ha sido el motivo principal de su vida en común. Muy pocos hablan de amor, algunos porque no saben lo que es y otros porque piensan que tal vez eso que tienen sea amor, aunque no podrían afirmarlo. Todavía el amor, por consiguiente, no es algo seguro ni dicho con convicción. Es algo a lo que todos aspiran, pero también saben que ya es tarde para empezar de nuevo.
“Todavía el amor”. Uruguay, 2012. Dirigida por Guzmán García. Documental. Duración: 54 minutos.