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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl domingo pasado se cumplieron 15 meses desde la aparición del primer caso de Covid 19 en nuestro país. Ya nos olvidamos del famoso casamiento, de quedarnos en casa, de aplaudir a los médicos y a todo el personal de la salud, de Rodolfo González (primer fallecido), del miedo que se apoderó de todos nosotros, de las conferencias de prensa del gobierno y del GACH, y de todos los términos nuevos que fuimos aprendiendo. En noviembre empezamos a relajarnos, somos los mejores del mundo y ya a la pandemia la tenemos dominada. Y así nos fue y nos va. Hemos pasado los 5.000 muertos, nos acercamos en un momento a 38.000 contagiados, el virus ya circula libremente y solo dependemos de la vacunación. Y decimos “solo” porque se reclaman muchas cosas más, pero la única que estamos dispuestos a cumplir, y no todos, es vacunarnos. Ha llegado el momento de echarle la culpa a alguien, como hicimos con Carmela, ahora buscamos un chivo expiatorio.
Lo triste es que esta decisión no la ha tomado la población por sí sola; dirigentes políticos, sindicales y sociales (oportunistas ellos) van llevando su rebaño y no justamente a la inmunidad, sino a la confrontación. Toda la culpa de los males pandémicos es del gobierno y principalmente del presidente. Todo lo que se hace no es suficiente, es tardío, no sirve, no alcanza, somos los que menos gastamos en el mundo, somos los que favorecemos a los privilegiados y dejamos a los vulnerables, las autoridades son una verdadera escoria que deja a la ciudadanía a la deriva y todo esto nos llevará al desastre social. Nos parece que este tipo de visión del futuro ya lo vivimos unas cuantas décadas atrás.
Si bien en forma casi permanente nos encontramos con chisporroteos y rispideces entren gobierno y oposición, en estos días han tenido la particularidad de presentarse como una orquesta donde cada uno toca su instrumento, pero todos siguen una partitura, incluso algunos “músicos” que ya estaban jubilados. El bombazo más fuerte (instrumento de percusión) fue el del Dr. Julio Trostchansky, que en una reunión vía Zoom llamó “a hacer responsable al gobierno de las muertes evitables y denunciarlo en organismo internacionales, pues esto es lo que más le duele al Ejecutivo”. Lo que se desprende de su discurso no es evitar muertes, sino golpear al gobierno, un acto de extremada bajeza que solamente puede buscar una desestabilización y aumentar la brecha en nuestra sociedad, que por suerte rechazó con énfasis esta actitud. Desde el comienzo de la pandemia varios dirigentes del SMU buscan un rédito político y más aún con la proximidad de las elecciones.
Consumada la reunión entre el presidente y la comisión parlamentaria para el seguimiento de la emergencia sanitaria, los asistentes de la oposición también apelaron al “oportunismo” manifestando que el encuentro fue un fracaso y, según Olesker (otro personaje proclive a quejarse por todo), no les dejó nada. Para ellos el éxito del encuentro era que se atendieran todos sus reclamos y en forma urgente reducir la movilidad por 21 días. Nadie aún ha dicho a qué movilidad hacen referencia, pues se reclama abrir lo que está cerrado y cerrar lo que está abierto. Siguen apelando a aplicar una renta básica y no deberíamos sorprendernos más por este tipo de políticas, es la que ha utilizado el Frente Amplio por muchos años. Todo se resuelve con gasto, si no tenemos plata la pedimos y si la tenemos la gastamos en proyectos faraónicos de miles de millones de dólares. ¿Cuánta asistencia podríamos dar con los 1.000 millones de dólares que hubo que poner en Ancap? ¿Cuánta asistencia podríamos cubrir con los 300 millones de la regasificadora? La construcción del ya más que famoso Antel Arena costó lo mismo que todas las vacunas que se compraron. Y hay más ejemplos, pero estos tres sirven para tener una idea de cómo soluciona el Frente Amplio los problemas, y es poniendo plata. ¿Qué nos puede importar a nosotros lo que gastan otros países? Algunos pueden hacerlo, pues cuentan con mucha espalda y otros, que no la tienen, son gobernados por populistas que pretenden mantenerse en su estatus bajo la excusa de ayudar a los más necesitados. En Uruguay, luego de tres lustros de gobierno de izquierda, nos quedamos con 400.000 habitantes en la informalidad, aquellos que salen todos los días “a hacer el peso” y no tienen cobertura social, a esos que hoy se les intenta cubrir sus necesidades básicas y la izquierda pretende que se queden en sus casas y debamos sostener apelando a créditos que luego varias generaciones deberán padecer para pagar mal y nunca.
Quien también salió al cruce con nuevas declaraciones fue la intendenta Carolina Cosse. Según ella “somos los peores de la clase” y se deben tomar nuevas medidas. ¿Cuáles? No sabemos. También querrá reducir la movilidad o, como sugirió, convertir salones de fiestas en bares, algo imposible que produzca beneficios. Nos inclinamos más a pensar que como ha sido vista con recelo, dada su proximidad al presidente, hay que desmarcarse. Es otro “toque” de la orquesta para no desentonar. Hay que caerle al gobierno y como ella realiza una lectura diferente a la de muchos dirigentes frenteamplistas se pone un poco a tono con estos comentarios carentes de contenido. Lo mismo que su colega Yamandú Orsi, quien también tiene una visión diferente sobre el futuro de su partido, pero ahora llama a un saludo de aplausos y bocinazos en favor del GACH. Un acto demagógico si los hay, un lindo acompañamiento de teclado en la orquesta.
Y por supuesto que en esta sinfónica no podía ausentarse el PIT-CNT con la realización de un paro general. Primer paro general de la historia donde se reclama por el hambre. Bien sabemos que Uruguay está muy lejos de padecer hambre, si bien hay ciudadanos con grandes problemas no podemos acusar a nadie de ser promotor de hambre. Todos intentan paliar necesidades en ollas populares, merenderos o comedores sociales, incluso quienes se supone se encuentran en muy buena situación económica. El paro es muy “oportunista” y, según manifestó Enrique Méndez, responsable de la secretaría de organización del PIT-CNT, este paro “impactará de manera contundente en la recta final de la campaña de firmas”. Es el verdadero motivo por el cual se realiza un paro cuya adhesión será muy dudosa.
Incluso María Julia Muñoz, apelando a su verborragia inútil, acusó a la senadora Bianchi de aún estar pagando peaje por cambiarse de partido. Y por supuesto que los oportunistas de siempre, dirigentes de izquierda de primera línea, también salen al ruedo y asisten a la kermese “tres tiros al gobierno por $ 20”.
O sea, hay que aprovechar la situación sanitaria para que el gobierno pague por todos los males y pierda credibilidad. Ni siquiera es válida la libertad responsable. Se ve como una forma que utiliza el presidente para traspasarle la responsabilidad a la gente. Es muy cierto que estamos ante un número importante de fallecidos, pero nadie puede asegurar que si se tomaran todas las medidas que aconseja la oposición las cosas hubieran sido diferentes. Lo único que nos va a cambiar la vida pandémica es la vacunación y, por suerte, no por la oposición, la gente toma conciencia y hay un alto número que acata los consejos y se vacuna. También los números de pacientes en CTI viene disminuyendo, el total de personas que padecen la enfermedad va en declive y el horizonte es más claro en el futuro.
Si logramos superar esta ola de Covid con las actuales medidas (medidas hay, y muchas en proceso), varios personajes deberán retirarse a cuarteles de invierno. Para los que no tienen memoria recuerden cuáles eran los consejos del FA ante la crisis del 2002. Todo era una hecatombe y la única solución era declararse en default. Menos mal que existían los Batlle, los Achugarry y una oposición en sala responsable. La izquierda de hoy actúa en forma similar a aquella, todo es no por el no. El ser humano debe ser el único bicho que no aprende de sus errores pasados.
Sergio Barrenechea Grimaldi
Egresado de la Escuela de Periodismo de Búsqueda,
primera generación, 2018