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Montevideo, 12 de mayo de 2122 (de nuestras agencias). El gobierno uruguayo celebró hoy una gran noticia. Tras más de 100 años de negociaciones, el gobierno chino le envió un mensaje en el que se fija la fecha de la firma del tratado de libre comercio entre los dos países.
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Como nuestros lectores recuerdan, hace algo más de un siglo el presidente Luis Lacalle Pou había iniciado las negociaciones, las que avanzaron muy lentamente desde el principio. La audaz iniciativa del gobierno de entonces fue duramente cuestionada por los entonces miembros de un anquilosado organismo denominado Mercosur, una curiosa institución que se disolvió sin dejar rastros hace décadas y que supuestamente se había creado para fortalecer la integración y el comercio entre cuatro países de la región, sin lograrlo en absoluto.
El actual presidente, Aparicio Saravia, es integrante del Partido Nacional, un grupo político que tuvo una impresionante predominancia en aquellos tiempos, recuperándola recién ahora. En efecto, tras la presidencia de Lacalle Pou se sucedieron tres presidentas de ese partido, a saber: Azucena Arbeleche en 2024, Graciela Bianchi en 2029 y Beatriz Argimón en 2034, seguidilla que fue interrumpida en el 2039, cuando el Dr. Julio María Sanguinetti, del Partido Colorado, inició su tercer mandato, asumiendo a sus frescos 103 años de edad.
Para entonces los exmiembros del Mercosur vivían circunstancias inesperadas para aquellos tiempos.
Brasil había sido conquistado por Rusia, en la que gobernaban Los Hijos de Putin. El exmandatario ruso Vladímir Putin, célebre por haber invadido Ucrania en el 2022, había fallecido de un infarto en 2029, mientras practicaba sexo con una muñeca inflable con la imagen de Catalina la Grande, y fue sucedido por varios de sus descendientes, que habían conformado un Consejo de Gobierno denominado Los Hijos de Putin, conquistando Europa Occidental, América Central y Brasil.
En Argentina, mientras tanto, gobernaba Juan Domingo Kirchner, bisnieto de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, el que le había pedido de mil maneras a Los Hijos de Putin que Rusia invadiera y conquistara la Argentina, o que al menos se hiciera cargo de una deuda de 50.000 billones de dólares que su país tenía con el Fondo Monetario Internacional, a cambio de las siguientes 100 cosechas de soja, pero los rusos le habían hecho saber que ni por todo el oro del mundo se harían cargo de ese país, que no tenía salvación posible.
Los sucesivos gobiernos uruguayos prosiguieron las duras y extensas negociaciones con China para firmar el TLC, pero los avances eran mínimos.
Los chinos estaban interesados en comerciar con el Uruguay, pero siempre ponían algún obstáculo. Condicionaban la firma con la importación paralela de productos chinos artesanales, como abanicos de bambú, antenas de cuernitos para aparatos de televisión vintage, cámaras inflables para neumáticos de bicicletas, peines de plástico o jaulas para pájaros. Los uruguayos repetían una y otra vez que no estaban interesados en ese tipo de productos, y todo volvía a trancarse. En otras ocasiones, las negociaciones se dificultaban porque los chinos enviaban propuestas escritas en chino, pero no en chino mandarín, sino en dialecto sino-tibetano, o en dialecto xiang, y las computadoras de los uruguayos no los reconocían y no las podían traducir.
“Déjense de poner trabas, que para trabas ya tenemos a Abigail” —rezaba un mensaje de WhatsApp que el entonces canciller Bustillo le envió a su colega chino, enfurecido por la sucesión de tantos obstáculos, pero el canciller chino le contestó que no entendía el mensaje y que por favor se lo aclarara.
En el 2050 el presidente chino Mao Chan Tung invitó a viajar a China al presidente uruguayo Fernando Pereira, quien había ganado las elecciones al frente de su partido el Pitcenetamplio, pero el mandatario se excusó debido a su avanzada edad, y las negociaciones volvieron a estancarse por varios años.
Fue bajo el mandato del joven presidente Joaquín Suárez, bisnieto del exitoso futbolista Luis Suárez y homónimo de un héroe de la patria, que las negociaciones se reanudaron, incluyendo en la lista de productos para negociar sin aranceles a los jugadores y las jugadoras de fútbol, así como todos los elementos que hacen al popular deporte, tales como arcos, redes, pelotas, banderines del córner y, como subproductos, a los árbitros de fútbol y los líneas, incluyendo al cuarto juez, pero la oferta fue rechazada por China, aludiendo que incorporar a seres humanos, o subhumanos, afectaba a los derechos humanos y ellos no lo podían admitir de ningún modo, ya que históricamente tenían una larga trayectoria en defensa de estos.
Ahora, el presidente Aparicio Saravia había arremetido con las negociaciones y les había dicho a los chinos que si no firmaban de una vez el TLC, Uruguay las daría por terminadas y retiraría su oferta de concretar el largamente ansiado tratado comercial, considerándolo un gesto inamistoso y rompiendo las relaciones diplomáticas entre los dos países.
Sin duda este fue el motivo que promovió la respuesta china, ya que la opinión pública del gigante asiático presionaba al gobierno para concretar el dilatado acuerdo.
“Somos muy sensibles a la opinión de nuestro pueblo, como siempre lo hemos sido, y no soportamos que nuestra gente demande algo y nosotros no respondamos a su presión” —decía el encabezamiento del mensaje recibido del presidente Mao Chan Tung al presidente uruguayo.
En el párrafo siguiente, el gobierno chino le informó al gobierno uruguayo que la firma tendría lugar en Beijing el 12 de mayo de 2222, “es decir, dentro de 100 años, en un año propicio por la conjunción de los cuatro patitos, que es una fecha que —según el calendario chino— augura un venturoso porvenir”.