Una peluca sintética, de un fucsia brillante, reposa sobre una superficie redonda. Parece una cabeza de maniquí, casi oculta por la llamativa pelambre. No es común ver este tipo de imágenes en una galería de arte. Salvo que la obra sea de Daniel Umpiérrez (Tacuarembó, 1974) más conocido como Dani Umpi, notorio artista multimedia, músico, escritor, performer, transformista de colitas en el pelo. La imagen es divertida, aunque bastante trillada. Recuerda al “Tío Cosa” de los Locos Adams, con la debida distancia de “estilo”, tono, color e incluso humor. La supuesta obra se titula “El mundo” (2013) y la cabeza en realidad es un globo terráqueo revestido de papel de colores con conitos en punta que aparecen entre los hilos de nailon. Los conitos son marca registrada de Umpi, figuran en otros trabajos expuestos en Xippas Punta del Este, en la sala contigua a la magnífica exposición de Eduardo Stupía. Una pena. Al lado de la sensibilidad extrema del artista argentino, se expone la obviedad. Al lado de la madurez, la expresión más trillada de un pop decadente, de quinta o sexta generación, ya sin interés y con poco para decir, realizado con paciencia es cierto, pero escaso, muy escaso interés. Rodean o acompañan el globo posmoderno, collages construidos con tiritas de papeles de colores. Aparecen letras como en una sopa y detrás, discursos desarmados o desestructurados. El del Pepe en la cumbre Río+20, junto a palabras de Lady Gaga a Madonna y textos del astrónomo Johannes Kepler. Lindo entrevero global, mediático y transcultural. “Déjese de joder mijo” diría el Pepe a tal menjunje, con todo respeto a ambas investiduras. En otra pared, dibujos de trazo endeble, colocados en serie sobre trabajos construidos en base a conitos que simulan púas. Prima el rojo y los colores fuertes. Y algunas ideas, pocas, referidas a la cultura popular contemporánea, la cuestión del lenguaje, ya bastante transitadas. Umpi dibuja como un niño, hace collages como los niños lo harían para su trabajo escolar, construye imágenes obvias y transmite poco. Pueril, liviano, poco atractivo, más bien lejos de cualquier logro en sus otras áreas, incluso en la escena musical rioplatense, despliegues que por lo menos son más divertidos.
