• Cotizaciones
    sábado 02 de mayo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Paraíso de algunos, infierno de otros

    He escuchado una y otra vez a ancianos que llegaron a Uruguay hace más de 60 años. Muchos arribaron luego de la tremenda Segunda Guerra Mundial: Uruguay era, según ellos, un paraíso. Un espacio de paz donde los hijos podían ir a la escuela a la vuelta de la esquina, donde cualquiera podía hacer la Universidad (sin númerus clausus) y donde había tanta, pero tanta comida.

    Otros inmigrantes, que habían recalado en Buenos Aires, cruzaron el Río de la Plata y se instalaron aquí, porque el peronismo inquietaba a gente que ya había huido de fascismos.

    Sin embargo, esta semana, en un recital de poesía que se realizó en la bella ex casa del poeta Julio Herrera y Reissig —con su Torre de los Panoramas— vi un simpático cartel reproduciendo aquel otro con que el exquisito dueño recibía a sus amigos del 900. El cartel dice “Prohibida la entrada a los uruguayos”. Un disidente.

    Días pasados, mientras me sentaba en una pecera de 18, agotada de dar clase de pie y dar vueltas por el supermercado buscando los precios más baratos, escuché tras de mí hablar catalán. Me gusta mucho sentir el catalán, me viene un estremecimiento en la espalda. Pronto descubrí que en la mesa de atrás una chica y un señor conversaban acerca de lo desgraciada que se sentía una amiga en común viviendo aquí, en Uruguay.

    La chica dejaba de hablar catalán para citar a su amiga en castellano. Las amargas quejas acerca de este país eran repetidas con tristeza por la catalana, que al parecer había intentado consolarla: “pero aquí estás bien, tienes trabajo, puedes alquilarte un piso, salir… ¿qué harías allí?”.

    Una periodista española que eligió vivir en Uruguay me contó que evitaba reunirse con sus compatriotas. En los últimos años, españoles jóvenes, bellos y universitarios habían llegado a trabajar a este país: las reuniones no eran fiestas sino tristes velorios donde el duelo por el abandono de España y la fealdad del Uruguay eran temas recurrentes.

    Mi hija veinteañera, en uno de los tantos “toques” adonde los jóvenes van a encontrarse y a escuchar rock, conoció a una chica de las Islas Canarias que estaba viviendo aquí. “¿Qué te parece Uruguay?”. La isleña contestó de inmediato: “¡Una mierda!”.

    En este mundo globalizado, el paraíso tiene forma de Alemania. Los europeos que durante siglos pasaron hambre, despotismo y guerras sangrientas, ahora parecen haber olvidado (¡qué frágil es la memoria!) aquellos trances. La Unión Europea llegó a un tope de bienestar y para quienes lo vivieron resulta muy difícil desprenderse de él.

    Sin embargo, mi barrio está lleno de peruanos, dominicanos, cubanos y colombianos. Sin duda añoran terriblemente el calor, las frutas, los bailes. Pero están aquí porque quisieron una vida mejor.

    Con dolor, he visto acampando cerca de mi casa a familias sirias a quienes el Uruguay no les gusta. La paz no es suficiente. Ni el mar. Ni las playas. Ni la tierra verde.

    Mientras tanto, miles ponen en riesgo sus vidas por llegar a Alemania.

    ¡Cómo brilla el primer mundo!