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    Pasado imperfecto

    La temporada 2016 de la Comedia Nacional, dedicada íntegramente a autores uruguayos, propone dos piezas de carácter histórico y montevideano. Un comedia ambientada en el siglo XIX, El Otelo oriental, y un drama en el siglo XX, Los descendientes. Ambas se podrían definir como “obras de repertorio”. Aunque estas dos puestas en escena seguramente no pasarán a la historia, son dos muestras genuinas de uno de los cometidos del elenco oficial: mirar hacia adentro y hacia atrás para rescatar un pasado y traerlo al presente.

    El Otelo oriental (o el hotel oriental), que va en el Solís viernes y sábados a las 21.30 y domingos a las 19.30, es una especie de sainete criollo de Milton Schinca, un literato interesado como pocos en el pasado uruguayo. Dirige Ariel Caldarelli, invitado para la ocasión. La versión se sirve del rasgo icónico de la tragedia shakesperiana —los celos enfermizos de su protagonista— para construir una humorada sobre el largo —y bicentenario— proceso de independencia del Uruguay. Estamos en 1828, el año clave de la emancipación oriental, en un hotel regenteado por Giró (Pablo Varrailhón), un comerciante hiperposesivo con su esposa Mercedes (Alejandra Wolff, solvente como siempre). Así está planteada esta comedia de enredos de manual, que hilvana los equívocos, malos entendidos y situaciones engorrosas correspondientes al género. La patria, personificada en la protagonista, es ambicionada por los criollos, los brasileños (Barón de Aiguá, gran composición en portuñol de Lucio Hernández) y los argentinos (Ayala, a cargo de Fabricio Galbiati). Juegan su partido aparte la Iglesia, a través del Cura (Miguel Pinto) y los ingleses, representados por Putnik (Alejandro Martínez). Resta destacar la gran labor cómica de Natalia Chiarelli como la criada Panchita.

    El drama del desarraigo y la peripecia de los inmigrantes españoles de la primera mitad del siglo XX, perseguidos por motivos políticos durante y después de la Guerra Civil, son el centro gravitacional de Los descendientes (Sala Verdi, viernes y sábados a las 21, domingos a las 17), un atípico texto de Franklin Rodríguez alejado de los líos de faldas y comedias costumbristas que predominan en su extensa obra autoral. La directora María Varela propone una puesta clásica, que parece rendir homenaje a la tradición figurativa de la Comedia, para plantear este conflicto político y social. A fines de 1939, Montevideo está convulsionada por la presencia del Graf Spee y por la continua llegada de republicanos que huyen de la bota de Franco. En ese marco, un empresario de origen pobre y acaudalado debe alojar en su casa junto a su familia a la mismísima Margarita Xirgu, que arribará pronto a la ciudad, donde pasará las últimas décadas de su vida. Entran a tallar las penurias del pasado y las presiones del empresariado local para que no se asile a este símbolo de la izquierda revolucionaria. La dialéctica bipolar se instala en la familia, cuyos hijos se alinean en los bandos contrarios, con la tan ausente como poderosa figura de la Xirgu marcando el pulso de los hechos.

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