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    Periodistas muertos

    N° 1900 - 05 al 11 de Enero de 2017

    Reporteros sin Fronteras reporta que en el 2016 fueron 74 los periodistas asesinados por ejercer su  profesión. Informa a la vez que fue un año mejor que el anterior (2015), en que los asesinados fueron 101.

    Es un consuelo, pero no significa que haya disminuido el número de bárbaros animales a los que aterroriza la libertad de prensa y que los ciudadanos sepan de sus andanzas y pillajes.

    Creen que matando periodistas no se va a informar ni se va a saber lo que hacen. Se equivocan; además de asesinos son burros. Siempre hay un periodista y más de uno para suplantar al caído y para hurgar en lo que se pretende ocultar. Lejos de tapar sus pillerías lo que consiguen es que todos miren, investiguen e informen sobre lo que están haciendo, además de matar  periodistas.

     En concreto, el derecho de la gente a recibir toda o la mayor información no se resiente. Con esos actos criminales no lo logran.

     Lo que también sería bueno saber y tener estadísticas es de cómo están informados y qué tipo de acceso a la información tienen los ciudadanos.

    Países como Cuba, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Argentina en la época de los Kirchner y hasta incluso Venezuela se jactaban y se jactan de que no hay periodistas muertos, pero eso no significa que haya libertad de prensa ni que los cubanos, ecuatorianos, bolivianos, nicaragüenses, argentinos y venezolanos estén mínimamente informados. Toda la propaganda y los esfuerzos por maquillar la realidad no alcanza. La gran mayoría de la gente en todos lados y más sus propios ciudadanos que lo sufren, saben que en esos países no hay libertad de prensa.

    Aplican métodos más efectivos. Buscan por la vía fiscal, con inspectores con alma de Gestapo, fijan limitaciones económicas y crean trabas para conseguir sus insumos. En algunos casos cancelan licencias para el uso de ondas radiales y canales de TV, además de los insultos continuos a los dueños y jerarcas de medios y el señalamiento y agravios en público y desde “la tribuna” a periodistas y trabajadores de la comunicación con el propósito de humillarlos y amedrentarlos.

      A todo ello se suman jueces y fiscales que se prestan y “dan respaldo judicial” a esos atropellos. En Venezuela, primero con Chávez y ahora con Maduro, desde la TV o en actos públicos se identificaba y se decía que debía estar presa tal o cual persona y al día siguiente aparecía un fiscal o un juez (qué vergüenza) que actuando de oficio se ocupaba de la tarea de llevar a la cárcel al “indicado”. El caso de Correa, en Ecuador, es uno de los más elocuentes: desde su cargo, blindado de impunidad y siempre rodeado de guardaespaldas, insulta a la prensa y a los periodistas. ¿Y qué se puede hacer? ¿Recurrir a la Justicia?  Nadie pierde el tiempo por ahí. El que sí usa la Justicia es Correa. Si no le gustaba un artículo sobre él, demandaba y rápidamente ganaba la demanda. Hubo una sentencia que obligaba a un medio y a un periodista a pagar 40 millones de dólares por haber ofendido  al presidente. La sentencia definitiva fue redactada por  el abogado del presidente, que fue el que planteó la demanda (maravilloso). Eso fue revelado por una jueza que se negó a firmar lo que le traían hecho. Hubo, igual, un triste personaje que lo firmó. El periodista tuvo que exiliarse en Miami. Y esto es así aunque salgan los embajadores a desmentir (y sobre los insultos de Correa basta ingresar a Internet para comprobar el amplio conocimiento y manejo que tiene del lenguaje sucio y soez).

    Ahora Correa se ha aliviado un poco pues estableció, ley mediante, un sistema de censura y vigilancia de la prensa y de manipulación de lo que se informa a los ecuatorianos, que le ahorra muchos de aquellos esfuerzos.

    Esa presión sobre los medios y sobre los periodistas hace mella y es comprensible. Unos se van, muchos medios cierran por problemas económicos o por falta de insumos, algunos “desensillan hasta que aclare”. No todos resisten, aunque los hay que no aflojan ni retroceden.

    De todas formas, se dejan jirones y cada vez se limita más el derecho del pueblo a saber.

    En eso se sigue retrocediendo e inquieta ver cómo muchos países que se dicen democráticos y que defienden la democracia y “expertos en temas variados” les hacen de comparsa a esos regímenes dictatoriales. Será por negocios, o buenos contratos, supongo.

    © Danilo Arbilla. Derechos reservados. (Especial para Búsqueda)

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