Uruguay está al tope del ranking en América Latina al momento de valorar la democracia sobre otros sistemas de gobierno, como el autoritarismo. Sin embargo, en 18 años, la valoración de los uruguayos cayó siete puntos respecto al promedio 1995-2013.
Uruguay está al tope del ranking en América Latina al momento de valorar la democracia sobre otros sistemas de gobierno, como el autoritarismo. Sin embargo, en 18 años, la valoración de los uruguayos cayó siete puntos respecto al promedio 1995-2013.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáConsiderar que la democracia se da “de hecho” y la existencia de jóvenes con menos educación que tienden a ser más indiferentes respecto a qué sistema los debe gobernar, son algunas de las hipótesis que se manejan para explicar este cambio.
La semana pasada, la Corporación Latinobarómetro presentó su informe 2013 sobre el estado de la democracia. En el documento, se indicó que Uruguay ocupa el primer lugar en América Latina respecto a la valoración de la democracia como mejor sistema de gobierno. Un 71% apoyó esta idea, cuatro puntos menos que en la anterior medición en 2011. Si se hace un promedio entre 1995 y 2013, Uruguay está primero con un 78% de respaldo, seguido por Venezuela con 71% y Costa Rica con 69%.
Si bien Uruguay está primero, se registra una caída año a año. Incluso está lejos del guarismo más alto, registrado en 1997 con un 85%. En tanto, en la última medición, un 11% dijo que prefiere un gobierno autoritario mientras que creció la cantidad de personas a quienes les da lo mismo: pasó de un 9% en 2011 a un 13% en 2013.
“Uruguay es el país de la región que se parece más en su cultura cívica y política a los países europeos de acuerdo a los datos del Eurobarómetro”, dice el informe presentado.
Ignacio Zuasnábar, director de Opinión Pública de Equipos (empresa que realizó el relevamiento en Uruguay), declaró a Búsqueda que la “leve caída” en la valoración de la democracia se ve más en los segmentos jóvenes. “La experiencia vital de una dictadura marca fuertemente la valoración de la democracia. Esas generaciones que no tuvieron esa experiencia vital tienen menos valoración de la democracia que las anteriores. Pero esto no se puede leer como que los jóvenes no valoran la democracia. Lo que sucede es que es un poco menos alta que antes”, explicó.
Recordó que esto coincide con un trabajo que presentarán, en la Universidad Católica, Pablo Mieres y Alberto González sobre jóvenes y valores. En esa investigación, surge una relación entre nivel educativo del joven y su respaldo a la democracia. En tal sentido, dijo, a menor nivel educativo el apoyo a la democracia es más bajo.
Zuasnábar señaló que otra hipótesis que puede explicar la caída es la ausencia de una amenaza a la democracia que hace que “se le dé una menor valoración”.
En el informe, un 82% de los consultados en Uruguay se muestra satisfecho con el funcionamiento de la democracia. En segundo lugar está Ecuador con el 59%.
Por otro lado, un 37% de los uruguayos consultados dice tener interés en la política, un 23% opina que puede haber democracia sin partidos y un 17% que puede existir ese régimen sin congreso nacional.
Además, un 32% de los consultados se define como de izquierda, un 24% como de derecha y un 38% como de centro.
En la encuesta, un 48% de los uruguayos consultados cree que la situación económica será mucho mejor en los próximos tres años. Un 20% contestó que en el último año se quedó sin dinero para comprar comida y un 11% tuvo alguna dificultad para alimentarse alguna vez.
En la presentación del informe, se afirma que en la actualidad hay “dos Américas latinas”: la que “disfruta de los beneficios del crecimiento y la que mira cómo disfrutan los otros”. Un 68% de la región se ubica en la clase baja, un 30% en la media y un 2% en la clase alta.
De un total de 18 países relevados, hay ocho en los que el apoyo a la democracia está en 50% o menos.
“El hecho de que la democracia no se haya consolidado es porque está retenida. Está retenida porque no se han resuelto las desigualdades”, argumentó a Búsqueda Marta Lagos, directora fundadora del Latinobarómetro. “La gente quiere que la promesa de la democracia se cumpla”, acotó.
Lagos señaló que esto explica por qué en la última medición se ha dado una baja en la aprobación de la gestión de los presidentes. “En la década pasada había ocho, nueve presidentes con 60, 70% de aprobación”, recordó. Pero esto cayó luego de la crisis mundial de 2008, cuando “se derrumba esa fe y empieza a haber una crítica más sólida contra el Estado”.
“Los años del hiperpresidencialismo, en que los presidentes eran crecientemente vistos como capaces de resolver los problemas de la gente, parecen estar en retroceso”, se considera en el informe. Entre 2002 y 2009, la aprobación de los gobiernos en promedio aumentó del 36% al 60%. Pero ahora hay diez gobiernos que tienen menos del 50% de aprobación. En 2009, había 12 gobiernos con más del 50%. Uruguay ocupa el cuarto lugar del ranking con un 61% de respaldo a su gobierno.
En la investigación se consultó sobre la imagen de progreso del país. Al comparar con 2011, se observa que en la mitad de los países hay un aumento en la imagen de progreso y en la otra un retroceso. Los países donde hay mayor pérdida de progreso entre 2011 y 2013, son Brasil, donde se pierden 19 puntos, Paraguay con 16, Uruguay con 12 y Argentina con 11 puntos perdidos. “Todos países gobernados por la izquierda”, se apunta en el texto.
El informe de Latinobarómetro indica que los países donde más aumentó el apoyo a la democracia fueron Venezuela (16 puntos) y Ecuador (13 puntos), que crecieron más de diez puntos porcentuales respecto al promedio 1995-2013.
Este es un “fenómeno difícil de comprender”, dice el informe, dado que hay “evidencia de que las instituciones en Venezuela no garantizan todos los derechos de una democracia a la oposición”.
“Aquí los venezolanos no están hablando de su calidad institucional y normativa, sino más bien de la manera en cómo la población se siente incluida en la ciudadanía política y social, que son bienes intangibles de gran poder en la región que dibujan la visión de sus democracias de muchos pueblos”, se explica en el trabajo.
En el caso de Ecuador, se indica que el presidente Rafael Correa “ha logrado incluir en la ciudadanía a sectores históricamente excluidos y su éxito se basa en ello. La democracia para los ecuatorianos no es tanto el funcionamiento de las instituciones, sino la inclusión social y el acceso a un mayor grado de dignidad ciudadana en el acceso a bienes tangibles”.
“Las diferencias entre Venezuela y Ecuador, tanto en la demanda esperada de sus ciudadanos y el impacto de las medidas dan cuenta de que no hay ‘recetas’ que valgan para más de una sociedad. Cada sociedad tiene sus atrasos, y en la medida que las nuevas elites aborden esos viejos atrasos, en esa medida tienen éxito. Los atrasos de cada sociedad, sin embargo, no se pueden tipificar, porque la desigualdad y la pobreza tienen mil formas”, se afirma.
En la investigación se concluye que “el perfil de la democracia en América Latina muestra que la consolidación dependerá en gran parte del proceso de aumento de los niveles de educación en la región, de la capacidad para desmantelar la pobreza, en que todos tengan siempre algo que comer, así como influiría la capacidad de los sistemas políticos de atraer a los ciudadanos a participar en el sistema político y no mantenerse al margen”.