N° 1983 - 23 al 29 de Agosto de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPili está cuasi fundida. Debe sesenta millones de dólares, de los cuales la mitad fueron para ampliar la capacidad de su planta y así poder abastecer los maravillosos negocios con Venezuela que le prometió el gobierno frenteamplista. Pero el socialismo del siglo XXI no paga sus cuentas, ni las pagará.
Pili tiene una capacidad de procesar 400.000 litros de leche por día, pero solo procesa 70.000. Los precios de los lácteos están bajos a escala mundial y, además, Uruguay es caro: en cada kilo de leche en polvo o en cada queso que exportamos, van incluidos los altos impuestos locales, la electricidad y combustibles más altos de la región y costos laborales rígidos. Es una tormenta perfecta.
Lamentablemente los empresarios responsables de Pili no han salido públicamente a explicar las razones de esta situación, lo cual deja espacio para todo tipo de fantasías. Los que siempre tienen una explicación son los sindicalistas y los políticos. Son geniales. No saben nada de gestionar empresas, jamás pagaron un sueldo y nunca produjeron algo, pero opinan como eruditos. Y lo peor es la cantidad de gente que los escucha y les cree.
Mirando la situación desde afuera (ya que no hay mucha chance de conocer los detalles internos), me animo a hacerles una gran crítica a los directivos de Pili: haber creído en las promesas de este gobierno y haber hecho negocios con la dictadura corrupta de Venezuela.
“Cuando la limosna es grande, hasta el ciego desconfía”. Venezuela pagaba por los productos uruguayos entre el 30% y el 80% más que su precio internacional. ¿Por qué tanta generosidad? La respuesta solo puede ser una: atrás de ese sobreprecio seguramente corrían enormes coimas, al igual que lo que está sucediendo en la Argentina de los Kirchner socialistas.
Si esta enfermedad fue mala, peor es el remedio propuesto. La corporación política uruguaya, siempre tan generosa con plata ajena, ha aprobado (casi por unanimidad), un apoyo financiero a Pili por US$ 1.500.000, que terminarán en el mismo agujero negro de sus otras deudas.
Parece que nuestros políticos no aprendieron nada con los fracasos de la Corporación Nacional para el Desarrollo, el Fondes, los “préstamos blandos” del BROU, Pluna o Ancap y repiten ahora sus errores con Pili.
Los argumentos esgrimidos por nuestros egregios políticos son dignos de Ripley. Dicen que ese dinero no es para la empresa, sino para pagar deudas salariales (de la empresa) y deudas de proveedores (de la empresa). ¿Se entiende? Es como si un pariente nos pagara la cuenta de la luz y el agua a nosotros, pero como no nos da el dinero en mano sino a la UTE y a la OSE, concluyen que no es para nosotros. Infantil y absurdo.
Otros políticos creen que Pili es viable. Pues entonces que le presten plata de sus bolsillos o consigan un inversor, pero dejen de saquear a los pobres e indefensos contribuyentes. Como siempre, quieren quedar bien con otros, robando nuestro dinero.
La única voz que se levantó fuerte y clara contra este “atropello a la razón” fue el diputado Rodrigo Goñi, quien se opuso a que aprobaran una ley para “apoyar” a Pili, ya que con igual criterio debería el Parlamento aprobar leyes para darles dinero a decenas de empresas en igual o peor situación que esta industria láctea.
Por tal medida racional, se llevó un “rezongo” de sus líderes partidarios. Es que ya entraron en carrera electoral y saben que las exiguas mentes orientales no son capaces de entender este desmadre, pero sí lo ven como un acto “solidario”. Luego ese mismo ciudadano se queja de los altos impuestos, la falta de empleo y lo difícil que es emprender un nuevo negocio.
Con este nivel de análisis por parte de políticos, sindicalistas y empresarios, dudo que Pili mejore y que otras empresas no caigan en igual situación, sino todo lo contrario.
Serán muchas más las empresas que hagan fila hacia el concurso o la quiebra, mientras el funcionario de turno anuncia: “uno más para atenderrrrr…”.