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    Por ahora usted es culpable

    —Buen día, mire, recibí esta citación sin membrete ni nada, dice que es por un asunto de mi interés relacionado con una sociedad que es de mi propiedad, ¿Por qué asunto sería?

    —Pase por acá y siéntese. A ver…usted es Braulio Delmon Ton, ¿noverdá?

    —Así es, para servirlo.

    —La primera preguntita: ¿usted es el propietario de una sociedad panameña llamada Deamlink SA?

    —Sí, señor.

    —Bien. Tenga la amabilidad de contarme cómo llegó esa sociedad a su poder.

    —Muy sencillo. Un abogado amigo me la vendió hace años, creo que le pagué unos 1.500 dólares. Yo tengo cuatro hijos, y soy dueño de un terreno en Salinas. Le di el 25% de las acciones a cada uno de los muchachos, y así, el día que yo falte, ellos serán dueños del terreno sin tener que tramitar sucesión ni nada.

    —Ajá. Claro. Y usted ese terreno lo compró lavando dinero negro que le trajo Fariña desde Buenos Aires en una bolsa que mandó Lázaro Báez al Uruguay, y que llegó en una avioneta fantasma que bajó en Melilla a medianoche, y que él sacó del aeródromo después de coimear al policía y al oficial de Aduanas, y se la trajo a usted en un auto robado por la Cámpora en Gualeguaychú, y que pasó la frontera esa misma noche, y llegaron a las 3 de la mañana a su casa y le dieron los fondos…

    —¡Usted está mal de la cabeza! ¿Quién le dijo esa patraña? ¡Yo trabajé años ahorrando para comprar ese terreno, que es todo lo que tengo!, y…

    —¡Claro! ¡El pequeño burgués que encubre al estafador y defraudador fiscal! ¡Diga la verdad! ¡Esa plata le llegó entonces a usted desde una cuenta secreta en Lichtenstein, que está a nombre de uno de los testaferros del Chapo Guzmán, y que la usan para lavar guita negra del narcotráfico, y usted la recibió y se la volvió a girar al Crook&Crook Bank de las Islas Vírgenes Británicas, a otra cuenta que está a nombre del testaferro de una nieta de Pablo Escobar Gaviria, que se la volvió a mandar a usted para disimular el origen espurio de esos fondos piratas a través de una cuenta trucha de una sociedad panameña que maneja la secretaria de Joseph Blatter! ¡Confiese!

    —Perdóneme, pero no tengo tiempo para perder escuchando estas sandeces. Usted está diciendo macanas, divagues sin sentido y ni siquiera sé quién es usted. Hágame el favor de decirme para qué me citaron a este lugar, que ni identificación tiene, en una nota sin membrete, esto es un atropello contra un ciudadano de bien, que honradamente ha ahorrado unos dólares para comprarse un terrenito, que lo puso a nombre de una sociedad panameña, dentro del derecho y de las mayores garantías. Aquí no hay delito alguno, y sigo sin saber quién es usted. Identifíquese por favor, y dígame qué hay detrás de este interrogatorio surrealista. O de lo contrario me levanto y me voy.

    —Ustedes son todos iguales. Estafadores y sinvergüenzas, evasores y delincuentes. ¿Me va a hacer creer que estos fondos que utilizó para comprar el terreno en Salinas no vienen entonces de la cuenta innominada que tiene Figueredo en las Islas Caimán, y que él giraba a la cuenta de Platini en el banco ruso Truchoskaia Banki, cuenta que era de Platini, aunque se la manejaba Serguei Estafaianoff, chofer de la Junta Departamental de Moscú, que se hacía pasar por magnate del petróleo, aunque en realidad era un hombre de paja de la mafia rusa, hasta que lo encontraron ahorcado en San Petersburgo en una discoteca donde se traficaba cocaína que enviaba de contrabando el zar del narcotráfico de Azerbaiyan, Boris Meketreff, quien resultó muerto días más tarde en un tiroteo que hubo en un hotel cinco estrellas de Ciudad Juárez, donde se alojaba con su amante bielorrusa Krupskaia Kekulov, la que lo traicionó al fugarse antes del atentado con el playboy búlgaro Roman Braguetagorski, quien posee una red de prostitución clandestina en Transilvania? ¡Dígame que es así! ¡Tenemos pruebas!

    —¡Qué van a tener pruebas usted y los demás fantasmas que se esconden detrás de esta sucia oficina, y que ni siquiera sé quiénes son! Explíqueme por qué me citaron, y además explíqueme de dónde saca todas esas acusaciones falsas y retorcidas, ¡Hágame el favor! No estoy dispuesto a pasar ni un minuto más aquí si usted no me dice quién es y para quién trabaja.

    —La típica salida tangencial de los delincuentes profesionales y estafadores. Ya le voy a decir quién soy y a quién represento. Pero usted antes asegúreme entonces que los fondos con los que compró ese terreno y esa sociedad panameña vienen, como es lógico, de las transferencias encubiertas que hizo el banco Heavenly Profits & Social Benefits, domiciliado en el paraíso fiscal de la Isla de Man, supuestamente encargado de manejar los fondos de la beneficencia y la caridad de la Iglesia Protestante Dios y los Santos Son Amores y No Buenas Razones, pero que encubría las actividades ilícitas de un grupo de operadores del juego clandestino en Nigeria, desde donde lavaban millones de plata negra generada en los casinos prohibidos de la costa del Golfo de Guinea…

    —Buenos días, señor, no le voy a decir que he tenido el gusto de conocerlo, pero me marcho. No tengo nada más que hacer aquí. Me dijo que me iba a decir quién es usted, o al menos a quién representa. ¿Al FBI? ¿A la CIA? ¿A Interpol? No me deje con la incógnita.

    —Váyase al diablo. Usted no colabora con la transparencia y la verdad. Yo soy inspector encubierto de la Brigada Secreta de la DGI. Con gente como usted no vamos a ningún lado. Pero ya vamos a agarrar a alguno de los estafadores de los “Panama Papers” que se va a pisar el palito…