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Las garrapatas tienen “mala prensa”, pero no todas pican o transmiten enfermedades, dijo José Venzal, profesor agregado del Laboratorio de Vectores y Enfermedades Transmisibles de la sede de Regional Norte de la Universidad de la República, durante su disertación el viernes 9 en el “I Foro abierto de ciencias Latinoamérica y el Caribe: Cilac 2016”, celebrado en Montevideo.
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En el mundo el 10% de los más de 900 tipos de garrapatas tienen un interés sanitario para animales y humanos. Transmiten al humano principalmente bacterias, virus y protozoos (organismos microscópicos). Pueden ocasionar desde fiebres y problemas cutáneos hasta la muerte. En Uruguay hay 20 especies de garrapatas y las hay de interés sanitario.
En ese marco, a Venzal hay un tema que le preocupa: la rickettsiosis humana en Uruguay. La rickettsiosis es una enfermedad infecciosa ocasionada por bacterias y transmitida por garrapatas. Tras los avances técnicos en los últimos años se ha podido distinguir entre diferentes tipos.
En Uruguay el problema de salud lo causa la bacteria Rickettsia parkeri transmitida por un tipo de garrapata presente en el sur del país (Amblyomma triste). La enfermedad genera problemas cutáneos y en los ganglios. La gravedad del impacto en humanos varía según si la persona padece otros problemas de salud. Venzal y su equipo identificaron en el año 2004 la bacteria en la garrapata en Uruguay, luego nuevamente en 2006, describieron casos clínicos en 2009, realizaron estudios de población de la garrapata en 2012 y confirmaron en 2013 el primer caso humano mediante la técnica PCR, que analiza su material genético. “Es un problema de salud pública”, evaluó el veterinario.
Actualmente la rickettsiosis está asociada a la presencia de perros. “La garrapata vivía tranquilamente en los pastizales y pajonales del sur del país, en carpinchos y ciervitos. Pero empezaron a ingresar asentamientos a estos sitios”, contó Venzal. Disminuyó la población de carpinchos y ciervos y aumentó la de perros. La garrapata se adaptó a ellos. “Es superagresiva”, comentó. La garrapata transmisora se encuentra en la zona costera del país, en todos los departamentos, desde Colonia hasta Rocha.
“El perro es el principal hospedador en Uruguay. Las larvas y ninfas parasitan a los roedores, aperiás, ratones, y las adultas a los perros. Tiene el ciclo perfecto”, explicó Venzal.
Hay una zona “terrible”, definió. Toledo y Toledo Chico, en Canelones. Allí la población de perros con garrapatas es alta y los problemas por rickettsiosis ocurren todos los años. “En esta zona hay una cantidad increíble de garrapatas, en 15 o 20 minutos juntamos 100 o 150 garrapatas por animal cuando vamos a hacer los trabajos, siempre en el mismo lugar. Es terrible”, evaluó el veterinario.
Entre el 5% y el 10% de las garrapatas están infectadas con la bacteria Rickettsia parkeri, lo suficiente como para enfermar a pobladores de la zona, niños y adultos.
Casos.
Hace una semana hubo una persona internada en el Hospital Militar por rickettsiosis. Cada dos años un grupo de veterinarios dicta charlas al respecto en el Hospital de Clínicas, uno de los médicos que asistió a esos charlas fue el que atendió al paciente del Militar y actuó a tiempo. A este tipo de rickettsiosis se la debe tratar con un antibiótico específico.
Al caso del Militar se le suma uno en el Hospital de Clínicas una semana antes y hubo también otros dos en el Casmu, informó Venzal a Búsqueda. “Sabemos que existe, pero la magnitud no se sabe, no es de reporte obligatorio” ante las autoridades sanitarias, comentó. Búsqueda consultó al Ministerio de Salud Pública al respecto y la cartera no tiene el tema dentro de su agenda de trabajo.
“Lo importante es bajar el número de perros, bañarlos y tenerlos con antiparasitarios”, recomendó Venzal.
Estudios realizados por Venzal y su grupo de investigación, permitieron determinar que el pico más alto de casos clínicos de rickettsiosis en humanos se da en los meses desde julio a diciembre, cuando la garrapata tiene su mayor presencia en el año.
Lo más común es que pique en la cabeza, aunque no se descartan otras zonas. Cuando lo hace queda una éscara. Al recibir una muestra de esta zona, Venzal y su grupo realizan el diagnóstico en 24 horas mediante el estudio del ADN.