La pandemia de Covid-19 impactó en distintas dimensiones a los niños, en particular a los más chicos y más pobres.
La pandemia de Covid-19 impactó en distintas dimensiones a los niños, en particular a los más chicos y más pobres.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDesde el principio de la emergencia sanitaria, Uruguay canalizó acciones de asistencia que llevaron a la implementación de políticas coordinadas entre ministerios, organismos y otras agencias estatales para responder al impacto de la crisis. Y esto hizo que el país ganara experiencia en coordinación interestatal con sistemas de información para visibilizar con mayor claridad los problemas de la niñez: el acceso a los controles de salud, el bienestar socioemocional, las dinámicas intrafamiliares y las estrategias de cuidado entre cero y cinco años.
Sin embargo, pasadas las olas de contagios reflotan los desafíos pendientes —agravados por el coronavirus— para la primera infancia. Esos primeros meses y años de vida constituyen una etapa central para el desarrollo humano y un período demasiado sensible a los riesgos, según evidencian la neurociencia, la psicología y la economía.
Académicos e investigadores consultados por Búsqueda consideraron que la política pública debe invertir más y coordinar mejor las acciones para la atención a la primera infancia. Proponen incluso crear “un sistema integrado” de evaluación de datos y de intervención entre diferentes organismos públicos para atacar las necesidades prioritarias de la niñez.
“Hoy todavía estamos en mejores condiciones que previo a la pandemia para generar un sistema integrado y ofrecerles a los niños mejores apoyos, de consultas médicas, de transferencias económicas o de asistencia a centros de acompañamiento”, dijo el investigador Alejandro Vásquez, profesor grado 5 del Instituto de Fundamentos y Métodos de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República (Udelar).
Uruguay cuenta con “más datos, sistemas de evaluación y herramientas tecnológicas de seguimiento y de intervención institucional a partir de las entidades públicas que trabajan en primera infancia”, afirmó este experto en el área de cognición, que destacó el trabajo en pandemia de los ministerios de Salud Pública y Desarrollo Social, el Plan CAIF y la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP).
La prioridad “como país” a partir de ahora es “trabajar hacia un sistema integrado de esa naturaleza”, afirmó Vásquez, que junto con un equipo de expertos de la Udelar concretó en 2018 el Inventario de Desarrollo Infantil (Indi), un instrumento científico que permite evaluar “la disposición para la escolarización” en niños de cuatro y cinco años y que genera alertas tempranas sobre situaciones de riesgo.
Con el cierre de las escuelas por la pandemia, en marzo de 2020, se agravó en general la situación de los niños más pequeños y vulnerables. La suspensión de las clases afectó las destrezas cognitivas y motrices de los preescolares, sostuvo la docente e investigadora Maite Liz, magíster en Psicología y Educación, con base en un informe de la Udelar —también coordinado por Vásquez— que procesó datos sobre más de 64.000 niños de todos los centros de educación inicial de la ANEP.
Según ese estudio, que comparó los registros de los niños que transitaron los niveles 4 y 5 de educación inicial antes de la pandemia (entre 2018 y 2019) con los que cursaron esos niveles ya en plena crisis sanitaria (2020), aquellos de los sectores socioeducativos “privilegiados” no tuvieron casi impacto en su desarrollo. En cambio, los niños de los entornos más amenazantes, inseguros y carentes de afecto y estímulos exhibieron notables pérdidas en varias dimensiones. En 2020, uno de 10 escolares repitió primer año.
“¿Empezamos entonces por primer año de escuela? Podría ser. Pero ¿qué tal si primero de escuela no es el comienzo sino el final? ¿Qué tal si primero de escuela ya es tarde? ¿Qué tal si al hablar de educación y solo de educación, en el sentido de educación formal, estamos poniendo la carreta delante de los burros?”, planteó el periodista Gabriel Pereyra en una reciente columna publicada en Búsqueda (N° 2.181).
Algunas pistas sobre estas interrogantes aportó la académica Ana Inés Balsa, doctora en Economía por la Universidad de Boston y profesora e investigadora de la Universidad de Montevideo, en otra columna que tituló La inversión en primera infancia “se paga sola”: mejora las oportunidades de los niños y tiene altos retornos para la sociedad (N° 2.182).
Balsa explicó que “el ambiente en que vive un niño durante sus primeros 1.000 días de vida condiciona de forma notoria su coeficiente intelectual, sus capacidades socioemocionales, su salud mental y su desarrollo físico”. “La buena noticia”, agregó la investigadora, es que hay “herramientas políticas” para evitar los rezagos y potenciar el capital humano del país.
“Hay vasta evidencia de que la inversión en primera infancia no solo se paga sola, sino que le devuelve a la sociedad con creces lo invertido”, expresó, y argumentó que “esto representa para el Estado mayores ingresos en el mediano y largo plazo” en términos de impuestos y menores costos de atención de la salud de asistencia directa, de seguridad social o de costos por actividad delictiva para el sistema judicial y penitenciario.
Pereyra y Balsa remitieron al trabajo sobre el impacto de las políticas en primera infancia del premio Nobel norteamericano de Economía James Heckman, que concluye que invertir en la primera infancia es una estrategia eficaz para el crecimiento económico y también para una mejor política criminal.
El presidente del Consejo Directivo Central (Codicen) de la ANEP, Robert Silva, reaccionó a un tuit de Balsa donde compartió su columna en Búsqueda. “Una política en la que hay que seguir apostando e invirtiendo”, escribió el jerarca.
“La primera preocupación debe estar en aquellos niños que acumulan atrasos en su desarrollo desde muy temprano en sus vidas; desde su nacimiento e incluso antes”, expresó el consejero del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, Guillermo Fossati, sumándose al diálogo en Twitter.
Para estos objetivos “es necesario un abordaje integral entre las instituciones públicas que abarque las dimensiones de salud, nutrición, educación, inclusión, protección y cuidado, con un financiamiento adecuado y sostenible”, apuntó Vásquez, investigador de la Udelar.
“Hay más experiencia en evaluaciones del desarrollo y avances en análisis de datos que permiten hacer modelos predictivos frente a señales de alerta temprana para actuar antes de que el niño en riesgo entre en un aula”, dijo el científico. Después, agregó, puede ser muy tarde.