• Cotizaciones
    lunes 16 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Presidentaholic

    Director Periodístico de Búsqueda

    Nº 2122 - 13 al 19 de Mayo de 2021

    Todo era mucho más lento. O al menos parecía. La gente estaba más acostumbrada a esperar. Para poder hablar por teléfono, para pagar una cuenta, para recopilar información, para mirar un programa de televisión o una película o para ver cómo había quedado una fotografía luego de tomada era necesario armarse de paciencia. Y esos son solo algunos ejemplos. La lista es muchísimo más larga y abarca a casi todos los quehaceres cotidianos.

    En ese mundo gobernó Luis Alberto Lacalle Herrera. Sin teléfonos celulares ni redes sociales ni Internet y casi sin pantallas de computadora. Pero era como si los tuviera, dicen los que compartieron el Poder Ejecutivo con él. Casi nada se le escapaba y de todo quería estar enterado. Cuentan que en las mañanas, bien temprano, llamaba por teléfono de línea a sus ministros para enterarse de primera mano cómo iban algunos proyectos. También mantenía un diálogo fluido y frecuente con empresarios, dirigentes sindicales, periodistas, académicos y otros líderes de opinión. “Necesitaba sentir que tenía todo bajo control”, recuerda uno de los protagonistas de aquella época.

    Más de 20 años después, el presidente es su hijo, Luis Lacalle Pou. Y la fruta no cayó demasiado lejos del árbol, como le gusta decir a él al referirse a su padre. Lo que cambió, y de una forma vertiginosa y radical, son las comunicaciones. Internet y la telefonía celular revolucionaron el mundo y lo transformaron en un lugar hiperconectado, donde la espera es una acción anecdótica, casi marginal. Pero Lacalle Pou comparte las viejas costumbres de su progenitor, de tratar de estar en todo y muy cerca de la mayor cantidad de referentes posibles, suyos y ajenos.

    Ahora cuenta con un aliado muy poderoso, que ya hubiera querido su padre siendo presidente: el teléfono celular. A través de él puede abarcar en poco tiempo un espectro mucho más amplio, que va de lo más particular, sus ministros y jerarcas más cercanos, a lo más general, las redes sociales. Los que trabajan cerca de él cuentan que tiene grupos de WhatsApp con su gabinete y con varios de sus asesores de confianza, en los que transmite órdenes, opiniones y reflexiones casi a diario. También relatan que le gusta estar en lo macro y en los detalles. Todo está en su teléfono celular, dicen, desde cuántos días del gobierno van y cuántos faltan hasta una detallada planificación del corto y el mediano plazo.

    Basta con hurgar un poco en el pasado para comprender esa actitud. La familia Herrera atraviesa la historia uruguaya y está asociada al poder, tanto desde el gobierno como desde la oposición. Hay algo en ese apellido que marca el rumbo, una herencia política que se transmite generación tras generación. Por eso, una vez que llegan a la presidencia, tratan de aprovecharlo al máximo. Se transforman en adictos a su trabajo, solo que, en lugar de workaholic, la palabra que mejor les cabe es presidentaholic.

    A Lacalle Pou le está dando buenos resultados esa obsesión presidencial y esa centralización del poder en su figura. Dos de las principales empresas de opinión pública, Equipos y Cifra, le dan porcentajes de aprobación elevados, cercanos al 60%. Es cierto que esos números no se pueden medir por fuera de la pandemia de coronavirus y la llegada masiva de las vacunas. Pero no es la única explicación. El gobierno, y en especial el presidente, han sido muy inteligentes en su estrategia de comunicación. Y eso es un mérito, no un defecto, como sostiene una parte importante de la oposición.

    Es más: si hay algo en lo que falló de forma estrepitosa la última administración encabezada por Tabaré Vázquez fue en la comunicación. Se hizo muy poco al respecto. No le dieron importancia, lo que con el diario del lunes queda como un gran error. Además, Vázquez se mostró un poco ausente. Lacalle optó por el camino opuesto y probablemente eso también lo esté ayudando en la aceptación popular.

    En los hechos, es poco lo que queda fuera de la órbita del presidente actual, lo que tiene aspectos positivos y también negativos. Vale la pena ilustrarlo con tres ejemplos concretos.

    El primero es que eliminó los Consejos de Ministros semanales y disminuyó considerablemente los acuerdos, centralizando en él las decisiones más importantes. De esa forma, prácticamente todo pasa por su oficina, pero quedan postergados los ámbitos de catarsis colectiva de los que cargan con las mayores responsabilidades en el Poder Ejecutivo, que suelen funcionar como una válvula de escape.

    Lo mismo ocurre con sus socios de la coalición de gobierno, el segundo ejemplo. En más de un año de administración, solo los reunió una vez y ha ido postergando la mesa de coordinación reclamada insistentemente por los colorados. Lacalle Pou es muy bueno en el mano a mano, parece sentirse más fuerte en esa instancia. Prefiere no generar algo que parezca una conducción colectiva. Pero la parte negativa de esa actitud es que disminuye el espíritu de cuerpo necesario con sus socios gobernantes. “Este es un gobierno lacallista desde hace mucho tiempo”, me transmitió uno de ellos días atrás como algo negativo.

    El tercer ejemplo refiere a su vínculo con la oposición. Para eso también eligió el camino de designar él a los que pueden ser sus interlocutores. Como no tiene una buena relación con el presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, optó por reunirse primero con los tres intendentes de esa colectividad política y luego tener un mano a mano solo con una de ellas, la montevideana Carolina Cosse. También allí Lacalle Pou marca la cancha y hace valer su papel de presidente. En contrapartida, provoca resentimiento en la orgánica frentista y la idea de que, como no hay un diálogo formal, todo vale. En este momento no es un problema, pero lo puede llegar a ser en el futuro.

    De hecho, nada de lo anterior está causando ahora dolores de cabeza a Lacalle Pou. Al contrario: ha logrado mostrarse en la cresta de la ola presidencial, esa que ha sido su obsesión durante toda la vida. Pero toda ola tarde o temprano revienta, y cinco años de gobierno es mucho tiempo. Habrá otro momento, no muy lejano, en el que tendrá que ir mar adentro para buscar la próxima ola y quizá algunos ya se habrán cansado de esperarlo.

    // Leer el objeto desde localStorage