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    Qué cantan los poetas de ahora

    En el camino de los perros. Antología crítica de poesía uruguaya ultrajoven

    Todo comenzó en 2012, en liceos de la periferia de Montevideo y de Canelones. Tres poetas jóvenes empezaron a leer allí sus poemas con el propósito de llegar a un público nuevo, “más genuino, menos viciado y más sincero”. José Luis Gadea, Miguel Avero y Santiago Pereira dieron este puntapié inicial que derivó primero en talleres dentro del aula y después en una movida poética que sigue creciendo. Así surgió Orientación Poesía, un proyecto independiente que impulsa la creación poética en estudiantes liceales. En 2015 crearon un blog (enelcaminodelosperros.wordpress.com), un espacio virtual donde se edita y difunde la obra de poetas de entre 15 y 20 años.

    Como resultado de ese proceso, que incluye recitales, slams y lecturas en boliches, este año apareció En el camino de los perros. Antología crítica de poesía uruguaya ultrajoven (HUM, 2018), una selección de 26 poetas que participaron del blog entre 2015 y 2016, comentada por otros poetas jóvenes, pero no ultrajóvenes.

    En esta movida, si alguien pregunta por José Luis Gadea (Montevideo, 1988), le señalan a Hoski. Profesor de Literatura, poeta, narrador, músico y casi licenciado en Filosofía, Gadea es, además, un creador de seudónimos o más bien de heterónimos, que son los nombres que adopta un autor para firmar su obra. Hoski es el más conocido, pero tiene otros, entre ellos: Martín Uruguay Martínez, Francisco Hertten o el Gordo Poesía.

    Como Hoski firma el prólogo de En el camino de los perros, libro del que es coordinador. Acompañado por dos de los poetas allí publicados, Guillermina Sartor y Juan Manuel Martínez, Hoski conversó con Búsqueda sobre los procesos creativos, la enseñanza de la literatura y, claro, sobre poesía.

    En el camino de los perros/ allí donde no quiere ir nadie/ Un camino que solo recorren los poetas/ cuando ya no les queda nada por hacer, dice el poema Sucio y mal vestido del escritor chileno Roberto Bolaño. Cuando a Miguel Avero se le ocurrió tomar el primer verso para titular el proyecto de poesía, todos se entusiasmaron.

    “Para mí los perros somos nosotros, no Bolaño”, dice Guillermina. “Algunos piensan que es un homenaje a Bolaño, pero no lo es”, agrega. En lo que sí todos están de acuerdo, es que el proyecto tiene el espíritu del chileno, por esa idea de que el poeta está cercano al mendigo y al loco.

    “Tenía una conexión muy fuerte con la poesía oral, con el rock, con la calle. Le dimos muchas vueltas al título porque en el libro hay muchas estéticas y no queríamos defender una en particular, pero en sus orígenes está muy ligado a la idea de Bolaño, de algo urbano y popular”, explica Hoski. “Bolaño también siempre estaba leyendo a poetas jóvenes”, complementa Juan.

    Como cantores de boliche.

    Al comienzo el proyecto Orientación Poesía no tuvo mucha receptividad, ni siquiera entre los profesores jóvenes de Literatura. Para Hoski esto se debe a dos motivos. Uno es la distancia entre la enseñanza de la literatura y la producción de textos creativos. “Hay en la formación de profesores una tradición estructuralista, con un paradigma cientificista. Entonces los cursos se dedican prácticamente a la interpretación de textos y no contemplan la creación. Yo lo viví cuando estaba en cuarto año del IPA. Mis compañeros se molestaban porque estaba publicando un libro en plena época de parciales. Era la tónica general de 2010, tal vez ahora cambió algo. Es paradójico, porque muchos de los profesores que venden esa modalidad editan y presentan sus libros dentro de la bibliografía básica del curso. Entonces les están diciendo a los jóvenes que ser escritor no es lo mismo que ser profesor, cuando ellos mismos lo son”.

    El segundo problema que señala Hoski es la concepción acabada de la historia de la literatura. “Los estudiantes de formación docente están vapuleados por una bomba de canon. No se estudian ni se discuten los problemas del presente ni se piensa el pasado en función del presente. En realidad los programas están acabados en los años 80. Así se genera un discurso que le llama a todo lo diferente o nuevo ‘posmoderno’. Me gané el mote de Posmoderno por tener una concepción más democrática de la literatura o más agiornado el lenguaje”.

    A pesar de ser profesor de Literatura, Hoski no dicta clases tradicionales, sino que trabaja en un plan interdisciplinario que vincula, por ejemplo, el audiovisual con la narrativa y la poesía. “Considero que el análisis de los textos es importante, pero la creación tiene que ir de la mano, entre otras cosas, para que los estudiantes tengan nociones de género”.

    La poesía es un género literario exigente tanto para leerlo como para crearlo. ¿Cómo se hace, entonces, para enseñar a escribir poesía?

    Como editor, Hoski tuvo que desarrollar una pedagogía que según él es lo que no hacen sus colegas: darles una mirada crítica sobre lo que escriben a adolescentes de 15-16 años. Además, les marca los problemas de puntuación y las imágenes que están bien logradas o las que podrían mejorar. “La última palabra siempre la tienen los autores”, aclara.

    La poesía es un género literario exigente tanto para leerlo como para crearlo. ¿Cómo se hace, entonces, para enseñar a escribir poesía? “Se lee en voz alta, se apela a lo sensitivo y a la diversidad de lenguajes”, contesta Hoski. “Lo primero que dicen los estudiantes es ‘yo no entiendo nada’, porque en poesía, a diferencia de la narrativa, no están las marcas de sentido. Se trata de que se den cuenta de lo que sí entienden, porque entienden mucho más de lo que creen. Nadie es insensible a una imagen o a la sonoridad de un poema. Hay que apelar a eso. Y al goce”.

    Quienes forman parte de esta movida provienen de la poesía oral. “Somos algo así como los cantores de boliche del siglo XXI”, dice Hoski. Él considera que la poesía oral tiene códigos muy fuertes que han sido “ninguneados” por la academia. “Luis Bravo hace 30 años que escribe y todavía discuten si lo que hace es poesía. Nosotros estamos en contra de ese lugar del ego que dice: ‘soy poeta porque no me lee nadie, soy poeta porque no publico o porque estoy peleado con todo el mundo’. En el libro comparo al pasar Voz y palabra de Luis Bravo con el libro de Amir Hamed Orientales: Uruguay a través de su poesía. El de Amir es un gran ensayo, es increíble cómo está escrito, pero se dedicó a hacerles de nuevo la estatua a quienes ya tenían estatua. Si se le hubiera preguntado quiénes entrarían en el canon de su generación, seguro nombraría a sus amigos, como Gustavo Espinoza o Silvia Guerra. Sería bueno escapar del aura de poeta maldito y ser más democrático y abierto”.

    Para Hoski hay una manera “pop” de vincularse con la literatura que tiene una tradición en Uruguay, pero que tampoco fue reconocida, como en el caso de Gustavo Escanlar, cuya obra tenía un componente oral importante.

    Los ultrajóvenes.

    En un país en el que la juventud cada vez se extiende más, hubo que usar el prefijo “ultra” para estos poetas que empezaron a publicar siendo adolescentes. “Hace diez años que escribo y aún puedo ser editado en un libro de poesía joven. Por eso quisimos marcar la diferencia y enfocarnos en quienes estaban fuera del circuito, escribían y no sabían qué hacer”, explica Hoski.

    Guillermina Sartor (Montevideo, 1995) es una ultrajoven que comenzó de adolescente, aunque recuerda que a los cinco años ya les escribía poemas a los conejos. “Empecé en 3º o 4º de liceo y tuvieron mucho que ver los profesores que me incentivaron a la creación más allá de los programas. Fue una etapa complicada porque no se generaba devolución ni lectura entre pares. Un proceso trunco y bastante solitario, capaz que hasta el último año de Secundaria”, cuenta.

    No son tus ojos los ojos del mundo/ rey de las bestias/ tu mapa es el reflejo de alguna pecera/ nuestro tacto un vidrio barnizado de saliva, dice el poema Mamífero de Guillermina. Y hay una parte “animal” en su poesía, que es la que analizó Matías Mateu en el libro, pero no es la única. “A partir de esos poemas empecé a hacer una búsqueda de lo animal. Pero los fundamentos de mis textos los encuentro después de que los empiezo a escribir. Había leído un análisis sobre la poesía de Marosa di Giorgio y me encontré con el concepto del ‘giro animal’, que tiene que ver con qué es lo que hace al humano, humano, más allá del carácter animal. Tiene que ver con el sufrimiento y también con la búsqueda de un lenguaje”, explica la poeta.

    En un país en el que la juventud cada vez se extiende más, hubo que usar el prefijo “ultra” para estos poetas que empezaron a publicar siendo adolescentes.

    Con sus poemas, ganó en 2016 el primer premio en el Concurso Nacional de Poesía Pablo Neruda, y ha participado en varios festivales de poesía en Latinoamérica. Ahora tiene 22 años y al contrario de lo que se podría pensar, no estudia Literatura, sino Psicología. “Quería estudiar filosofía y me puse a pensar que para mí la herramienta de la filosofía es la mente, entonces, me anoté en Facultad de Psicología. De todas formas, desde que empecé hasta la actualidad, el diálogo entre la escritura y la psicología es muy fluido, todo el tiempo estoy transitando de uno al otro. Es medio caótico explicar dónde pongo la atención”.

    También se define como “caótica” en su forma de escribir. “Tengo tiempos escasos de productividad. Hago anotaciones fugaces en cualquier momento, y lo cierto es que pocas veces concluyen en algo. Tengo más la capacidad de generar estructuras de libros, identificar las partes, ubicar dos o tres textos. La productividad, que sería el contenido, me cuesta más y no puedo escribir todo el tiempo y todos los días. Sí tengo algo perceptivo todo el tiempo, aunque no siempre puedo captarlo”.

    Juan Manuel Martínez (Montevideo, 1997) vive desde hace ocho años en Las Piedras y no hace mucho que empezó a escribir poesía. A los 14 escribía relatos o cuentos cortos de género fantástico. A partir de 2015, coincidiendo con dos amigos, Luis Miró y Marco Rodríguez, que también están en el libro, se unió a la movida poética. “Ahí fue cuando me metí en la poesía, sin haber leído mucha poesía”, explica.

    Caminamos por Millán/ hay fotos tiradas al costado de un contenedor verde/ y vos te acercás sin decir nada/ cuidado con la mugre/ no agarres eso. Así empieza su poema Las fotos que viste, que es muy visual, callejero, urbano. “Saqué muchos poemas de la televisión, de lugares que en apariencia no tienen mucho que ver con la poesía. Tengo uno que se llama Trescientas ballenas muertas, que surgió de una noticia sobre ballenas que habían encallado en Nueva Zelanda. “Es como tomar algo y sacarlo de contexto, o darle otro contexto en el poema”, dice sobre el carácter de su poesía.

    Para él no hay libretitas, ni servilletas ni cuadernos: no puede escribir sin un teclado. “Siento que es más fácil plasmar lo que estoy pensando. Muy pocas veces pensé un poema en su totalidad. Generalmente tengo una imagen o una palabra que me ronda y me mueve la cabeza. Entonces me pongo a escribir, pero muchas veces no llego a nada. Cuando termino un poema, me doy cuenta de que antes de escribirlo sabía muy poco. Entonces es bastante sorpresivo leerlo. A veces lo termino y lo dejo, no lo quiero ver más. Lo leo una semana después y me sorprendo, ‘¿de dónde saqué esto?’”.

    Su poesía se inspira, además, en letras de canciones, sobre todo en la de bandas que le gustan, como Buenos Muchachos. “Tengo un poema que surgió de una canción de ellos, lo hice sin querer, cuando no sabía lo que era la intertextualidad”, explica. “Ahora robo a consciencia”, continúa, y todos se ríen. En este momento, Juan lee más poesía que cuando empezó a escribirla. Le gusta Idea Vilariño por su sencillez, y tomó dos versos de Juan Gelman para escribir un nuevo poema. También lee novelas de Mario Levrero y de J.G. Ballard.

    Santiago Tavella, del Cuarteto de Nos, musicalizó algunos poemas del blog En el camino de los perros, entre ellos Las fotos que viste, de Juan. Tavella había sido invitado a tocar en una lectura del grupo y quedó en contacto con los autores. Cuando leyó el blog seleccionó algunos poemas y los musicalizó para su próximo disco, que subirá a Internet. “Mi padre cuando escuchó el demo me dijo: ‘está medio raro’, y yo le expliqué que era el estilo Tavella, medio tropical. Un día nos reunimos con él y nos dio la posibilidad de plantearle cambios, yo no tenía nada para decirle. Es un poema que escribí cuando no tenía mucha consciencia del ritmo en poesía, estaba experimentando, medio perdido. Me gustó que lo eligiera”.

    La brecha.

    Fuera de este circuito de movida poética, ¿cómo se acercan los jóvenes a la literatura?, ¿qué leen? Hoski afirma que este grupo se mueve a contrapelo de lo que está pasando culturalmente. “El campo de la poesía oral está en franca expansión, pero este ámbito no es una muestra representativa de lo que sucede en el país. La brecha cultural la vivo todos los días y es muy grande. Por un lado estoy recontento porque estamos editando un libro y porque hay un montón de jóvenes que muestran que se puede hacer poesía, pero al mismo tiempo vivimos realidades que no tienen nada que ver con eso”.

    Para el poeta, el Estado se ha hecho cargo de todo, incluso de tareas de socialización que corresponden a la familia. “Al mismo tiempo ha renunciado a aspiraciones de corte más trascendente. Entonces cuando se usa el arte, es de forma instrumental. Eso es darle pasto a los elitistas que dicen, como lo hacía Julio Herrera y Reissig, que el mundo está lleno de tarados y la poesía es para cinco personas. Me niego a que sea así. Lo que hay que pensar es cómo universalizar códigos sin bajarlos a la lógica de ‘precisan championes y salir de la pasta base, entonces la poesía no sirve para nada’”.

    Solo la fiebre y la poesía provocan visiones./ Solo el amor y la memoria./ No estos caminos ni estas llanuras./ No estos laberintos, le responde a Hoski, desde algún lado, el “sucio y mal vestido” Bolaño.

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