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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáComo ex alumno del Colegio Seminario profeso especial admiración por San Ignacio, un verdadero soldado del amor de Jesús, de la fe, de la paz, la esperanza y la misericordia.
Por tanto, todos los años procuro acompañar al Colegio en la Misa que se realiza en su memoria, de manera que su ejemplo me ilumine para imitarlo en el camino a Cristo.
No oculto que en ese festejo disfruto con el reencuentro de viejos compañeros, y también identificarme con generaciones anteriores y posteriores a la mía, en el amor a San Ignacio.
Precisamente en la última Misa en el Colegio por San Ignacio, tuve ocasión de saludar al expresidente Luis Alberto Lacalle de Herrera y al aspirante en ese momento a la presidencia de un partido político, quien me comentó que “venía bien”.
Para mí no son triviales dichos encuentros, más allá de representar genuinamente la tolerancia y la civilidad política del país, significa que los tres tenemos la misma razón de nuestra existencia, que es el amor de Cristo, que está muy por encima de las diferencias políticas que podamos tener.
Hoy, en el primer domingo de Adviento, leo en el diario que en el Congreso del partido político en el cual el que era aspirante, se convirtió en presidente, y dijo: “¡Que se agarre la derecha!” , eslogan que no resulta muy amoroso!!
En relación con una muerte reciente ocurrida manifestó: “Símbolo de la revolución, símbolo del pueblo de Latinoamérica, símbolo de la destrucción de una dictadura feroz y también de la construcción de un hombre nuevo”, y obviamente no se refería precisamente a San Ignacio.
Para concluir su discurso, manifestó: “Es muy fácil sentarse a decir lo que está mal, fácil ver cómo se equivoca el que hace”, se quejó. Y gritó de vuelta: “¡Tenemos que recuperar nuestras utopías! ¡Por eso hacemos congresos! ¡Animémonos a construir la persona nueva, del nuevo mundo que está por venir!”.
Sinceramente no entiendo mucho lo que quiere decir, si habla del cielo y la vida eterna o de un mundo mejor acá en la Tierra.
Parafraseando a Santa Teresa de Calcuta: “Si te juzgo no te puedo amar” y me refugio en los Evangelios, que a todos nos hacen tanta falta:
En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: “¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?”Jesús lo oyó y dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa ‘misericordia quiero y no sacrificios’: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
Rafael Rubio
CI 1.267.677-8