Querer morir a los 13

Querer morir a los 13

La columna de Gabriel Pereyra

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Nº 2269 - 21 de Marzo al 3 de Abril de 2024

Extrema violencia. Así está registrado en el expediente judicial lo que sufrían dos niños de seis y 15 años. Eran, entre otras cosas, abusados sexualmente por su padre.

En otro expediente se registra que los abusados eran dos niños de 12 y 14 años. Como en la mayoría de los casos, el abuso venía de larga data. Cuando no aguantaron más tanto sufrimiento en silencio, denunciaron a su padrastro en la escuela a la que asistían.

Las escuelas y los centros CAIF se han convertido en lugares de primera línea de detección de estos abusos, muchos de los cuales se dan en centros de acogida del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU). Claro, todos los abusos que puedan estar ocurriendo en estos centros de acogida tercerizados por el INAU pasarán inadvertidos, porque luego de que en la última Rendición de Cuentas al INAU no le dieron más presupuesto, el dinero se terminó a fines del año pasado y los inspectores no están controlando cómo son tratados los niños en esos lugares.

Gracias a una de estas inspecciones se detectó que en un centro de acogida del interior del país, el hombre responsable de tres o cuatro niños institucionalizados, abusaba sexualmente de una de ellas. La chica estaba por cumplir la mayoría de edad y el abuso se había extendido en el tiempo, pero ante el temor de que le pasara lo mismo a su hermana chica, que también estaba internada allí, lo denunció.

Abundan los casos de adolescentes cuya motivación para denunciar al agresor es salvar a una hermana o hermano menor que, advierten, sufrirá el mismo calvario.

Otro caso registrado en expedientes apunta a una madrastra que, luego se demostró, utilizaba a una niña de 13 años para participar en juegos sexuales con su pareja. La niña tuvo cinco intentos de auto eliminación antes de que un médico se diera cuenta o se dignara a presentar una denuncia porque, según me explicó un trabajador social, hay ocasiones en que resulta evidente el origen de los intentos de suicido adolescente. Trece años y su mejor opción en esta vida era morirse.

Abundan los expedientes de niños y niñas abusados en la primera infancia, uno, dos, tres años.

No alcanza el trabajo de los inspectores que en estos días se lamentan no contar con presupuesto para hacer su trabajo. En un hogar del departamento de Treinta y Tres se constató que el responsable sacaba a los niños internados para hacer trabajos de albañilería en una vivienda privada. Se le hizo un sumario. El directorio del INAU decidió que siga teniendo niños a su cargo.

En Artigas, dos niñas denunciaron abusos por parte de la encargada del hogar. Las denunciantes y la denunciada siguen en sus lugares.

Cuando se señala a los dirigentes políticos como responsables de no poner en un lugar destacado de su agenda la pobreza infantil (que está en la base de parte de estos abusos, aunque es una situación que atraviesa a toda la sociedad), habría que hacer un lugar para preguntarse por qué eso es así. “Los niños no votan” es un argumento manido. Lo que estamos queriendo decir entonces es que los políticos dirigen su discurso hacia quienes sí votan pero que no usan ese voto para favorecer a quienes no pueden elegir a sus representantes. Los niños no votan, ok, y usted que sí vota, ¿hace algo con ese voto para beneficiar a los niños?

Estos casos de abuso y el incremento entre 2020 y 2023 de un 128% de situaciones violentas vividas por niños (más de 53 mil casos cuando cada año nacen 40 mil niños en el país), revela que buena parte de la sociedad tiene poco cuidado por ese bien tan escaso que son los niños.

De acuerdo a la ley de violencia de género, cuando un hombre es denunciado por ejercer violencia dentro del hogar, el denunciado debe abandonar la casa. Esa es la ley que determinó que la muerte de una mujer es de por sí un agravante, pero no dice nada del asesinato de un niño, aunque en su momento voceras del movimiento feminista dijeron que se iban a movilizar para equipararlos. Pues bien, cuando en un caso de agresión la víctima no es la mujer sino un niño, es el menor el que debe ser sacado del hogar mientras se sustancia el juicio en juzgados atestados de casos. Los agresores esperan el fallo en libertad, y los agredidos en un hogar del INAU.

Los políticos, la familia, el gobierno, la Justicia. Parece una de esas películas de terror en que alguien llega a un pueblo y el cura, el sheriff, la viejita que pasea el perro, todos pertenecen a una secta que no acepta forasteros. Un número importante de niños uruguayos parecen forasteros en su propio país, rodeados de gente, instituciones y corporaciones que lo único que hacen es operar en su contra.

Luego tenemos a los defensores de la insuficiencia. Basta que uno señale todas estas carencias para que salgan a decir que el país ha hecho mucho por los niños, pero que, claro, es insuficiente. Me gustaría oírlos decir que ellos han hecho mucho, por ejemplo, por sus cuatro hijos, pero como es insuficiente, tres están bien atendidos y uno quedó en el abandono, porque todo no se puede. Deberían llamarse a un respetuoso silencio, ya que en su vida privada hacen por sus hijos lo que no hacen con los hijos de los demás cuando ejercen el poder.

En la pobreza infantil, las cifras refieren a pobreza medida por ingreso, cuando sabemos que la pobreza tiene una compleja multicausalidad con ribetes culturales que poco tienen que ver con el dinero. Pero es el dato que se maneja oficialmente. Desde esa perspectiva, y con los pocos niños que el país tiene, sería un asunto fácil de superar puesto que solo se trata de dinero. Otros dramas nacionales, como el de la inseguridad, no lo solucionaremos a corto plazo con dinero. Pero la pobreza infantil medida por ingreso se soluciona en un momento. El gobierno que sea tiene que decidir aumentar el déficit en un 0,5 del PBI y podría hacer un anuncio histórico para el país, la región y el mundo: Uruguay terminó con la pobreza infantil, que, por el peso de la infancia en ese sector social, sería prácticamente terminar con la pobreza en general. ¿Quién se atrevería a cuestionar a un gobierno por haber aumentado medio punto el déficit para un bien tan loable? ¿Quién podría jugar una carta más fuerte arriba de ese logro?

Pero además es un logro con repercusiones en la violencia, la salud, la educación y, con los años, en el sistema de pensiones. Pero no, Uruguay ostenta el triste lugar de encabezar la lista de países con mayor infantilización de la pobreza: 33 veces son más pobres los menores de seis años que los mayores de 65. En segundo lugar está Brasil, con seis. Treinta y tres contra seis.

Solemos decir que los niños nacidos en hogares pobres no tienen la culpa de haber nacido allí. Es cierto. Pero con cuatro o cinco generaciones del cantegril, lo mismo se podría decir de sus padres e incluso de sus abuelos. En su momento también fueron niños nacidos en hogares pobres y nunca pudieron salir de allí. Y si no se toman decisiones radicales podremos decir lo mismo de la próxima generación, y de la próxima, y de la próxima.