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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace algunas ediciones atrás me llamaron enormemente la atención algunas de las cartas escritas en relación con el caso Cavani y la penalización de la Asociación Inglesa de Fútbol. Debo decir antes de comenzar que entiendo la “contextualización uruguaya” que tanto nos empeñamos en demostrar para la frase “gracias, negrito”.
Fue justamente ese incondicional apoyo e increíble esfuerzo por demostrar el uso uruguayo del término negrito lo que tanto me sorprendió de aquel episodio. Entre las descalificaciones y la banalización del tema como escudo, los uruguayos respondimos a la Asociación Inglesa con denuncias de neocolonialismo e ignorancia, incluso sin interesarnos en la importancia dada por la cultura anglosajona a la n-word. Ante la comunidad afrouruguaya, respondimos con la idea de que el racismo fue cosa del pasado. Subsanados nuestros errores, las palabras adquieren un nuevo significado.
Orgullosos de nuestra campaña nacional, seguimos adelante y en la semana del clásico Nacional-Peñarol, nos volvimos a adentrar en el tema racismo. Ahora, un futbolista uruguayo y los comentarios en las redes sociales —de contenido racista en su mayoría— como protagonistas. Resulta fácil trazar un paralelismo entre una sociedad que no permite una corrección a un término concebido en situaciones de esclavitud y aquella que se permite los descargos de tinte racial con un futbolista luego de un mal partido.
Al escribir la carta recordé los tantos momentos en los que, como país, nos replanteamos los usos dados a términos adquiridos de la relación con una población que no quiso ser migrada y las respuestas sociales que se dieron en aquellos momentos. El enojo, la justificación en la tradición y una cierta reacción al cambio siguen, a mi entender, siendo los reflejos de una sociedad racista y el obstáculo a un real avance en la materia.
Ismael González Giusti
CI 5.639.845-9