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    Radío y los profetas del fracaso

    Nº 2262 - 1 al 7 de Febrero de 2024

    Algunos de los dirigentes más conservadores de la coalición de gobierno la emprendieron, en estos días y una vez más, contra el secretario de la Junta de Drogas, el integrante del Partido Independiente Daniel Radío.

    El funcionario se reconoce como alguien conservador, pero sostiene que la evidencia empírica sobre el fracaso de la “guerra a las drogas” es tan impresionante, que cualquier posición ideológica debería rendirse ante este fiasco de dimensiones históricas y mundiales.

    El tema de las drogas “no era un problema social hasta que iniciamos el experimento de la prohibición”, dice Radío, dando cuenta de que lo que ocurrió en el mundo en los últimos 50 años es un pequeñísimo lapso en la historia del consumo de sustancias estupefacientes.

    “¿Cuál es el problema de las drogas?”, se pregunta, “¿es un asunto de salud pública? ¿De seguridad? ¿De derechos humanos? ¿Del medio ambiente? ¿Qué combatimos y qué derecho tutelamos?”.

    No definir con claridad el bien tutelado puede generar que alguna de las leyes que reprimen el consumo coliden con el artículo 10 de la Constitución, que señala que “las acciones privadas de las personas que de ningún modo atacan el orden público ni perjudican a un tercero, están exentas de la autoridad de los magistrados”. Lo que las leyes prohibitivas hacen con “los terceros” es más bien conculcarles un derecho, el de hacer con su cuerpo lo que quieran. Y lo que afecta “el orden público” no es el tráfico, sino, en ocasiones, su represión. Por eso, algunas experiencias puntuales aplicadas en países como Estados Unidos, Brasil, Colombia y México, lograron bajar los índices de violencia cuando fueron, no contra el tráfico, sino contra la violencia que se generaba entre los traficantes. El mensaje sería: “Hagan lo suyo, porque si los metemos presos agravaremos la situación carcelaria mientras que otros van a seguir traficando por ustedes, pero no tiren ni un tiro, sino, dejaremos de lado a los pacíficos y ustedes se convertirán en nuestro único objetivo”. Una política muy difícil de aceptar por sectores de la ciudadanía, pero muestra al menos un camino para bajar la violencia que es la que en Uruguay está desangrando a barrios de la periferia. Porque en la costa hay tráfico y hay consumo, pero sus habitantes no tienen idea de lo que es convivir con la violencia.

    “Empezamos la batalla y en el camino perdimos la brújula. Y cuando decidimos prohibir no solo tomamos esa decisión, también decidimos entregarle un fenomenal negocio al crimen organizado. A eso se entra fácil y es muy difícil salir”.

    Uno de los que cuestionó a Radío y pidió al gobierno revisar sus políticas de drogas fue el presidente de Cabildo Abierto, el senador Guillermo Domenech, quien afirmó que la legalización de las drogas significaría entregarle más poder al narcotráfico. ¿Más?

    Radío les recuerda que cuando empezó la prohibición, Estados Unidos tenía tres millones de consumidores de drogas y hoy tiene 35 millones. Tenía 300 mil presos y hoy tiene casi dos millones. Había en su territorio un gran grupo delictivo traficando drogas, hoy hay más de 30. Morían siete mil estadounidenses por año por sobredosis, hoy mueren más de 100 mil, más muertos anuales que las guerras de Vietnam, Corea, Irak y Afganistán juntas.

    Domenech podría preguntarle a alguno de los tantos militares que integran Cabildo Abierto si en términos bélicos esta es una guerra posible de ganar. Pero no, si algo exhiben los críticos a Radío es una fenomenal ignorancia del fenómeno

    Otro que le salió al cruce a Radío fue el diputado blanco y pastor evangelista Álvaro Dastugue, a quien no le gustó que el secretario de la Junta de Drogas dijera que la marihuana no es puerta de entrada a otras drogas más pesadas.

    Dastugue dice que él trabaja con jóvenes adictos y que la evidencia le muestra lo contrario. Con ironía, Radío le respondió que indagase si, así como los consumidores de pasta base fumaron antes marihuana, no habían tomado también antes de la teta de la madre, y hacer ese vínculo con la leche materna.

    Todos los estudios serios que se han hecho sobre este asunto de la “puerta de entrada” señalan que no hay ninguna evidencia que permita llegar a esa conclusión.

    Le pregunté a Dastugue en una entrevista en radio Sarandí si sabía cuántos consumidores de drogas se convierten en usuarios problemáticos según las estimaciones internacionales. Eso se puede averiguar preguntándoselo a Google, pero él no lo sabía. Ese es el nivel de quienes reclaman políticas públicas que van en el mismo sentido del evidente fracaso histórico.

    Radío es consciente de que la legalización de las drogas no será algo que ocurra en el futuro inmediato, y por eso plantea, no legalizar, sino regular. “Las armas no están prohibidas, están reguladas”, sostiene el funcionario, y pone como ejemplo la violencia doméstica: esta se genera normalmente en el seno de relaciones afectivas, “pero no por eso prohibimos los casamientos”.

    Otro que cuestionó a Radío fue el también diputado blanco y evangelista Carlos Iafigliola. Para más datos, Iafigliola dijo que es partidario de “copiar y pegar” en Uruguay la estrategia de combate al delito que aplicó el presidente salvadoreño Nayib Bukele. Mucho cristianismo, pero apoya un régimen que viola los derechos humanos.

    “Se puede ser escéptico, pero no reaccionario. Las políticas de drogas, tal cual las conocemos, se crearon hace más de 60 años y han fracasado radicalmente en todos sus objetivos”, escribió en su cuenta de la red social X el asesor del Ministerio del Interior, Diego Sanjurjo, quien le expresó “todo” su “apoyo” a Radío. Después de más de tres años de comentarios inapropiados, en el Ministerio del Interior parece haberse instalado una nueva mirada, incluso con medidas novedosas que, ya me espero, generarán la reacción de estos cultores de la represión incondicional.

    Las reflexiones de Radío encrespan a estos conservadores porque muchas veces se basan en principios filosóficos polémicos. Admite que cualquier medida sobre las drogas lleva implícito un “componente moral”. Y agrego yo: fue ese componente moral el que, por ejemplo, en su momento llevó a la ciudadanía colombiana a ver con buenos ojos las negociaciones del gobierno para buscar la paz con la guerrilla, un movimiento sanguinario que quería derrocar al Estado, pero no hubo la misma reacción cuando se planteó negociar la paz con los narcotraficantes, que no quieren derrocar a nadie sino hacer su negocio.

    “El consumo de drogas tiene que ver con cómo la gente administra su placer, y el placer está muchas veces visto como algo pecaminoso”, dice Radío, y recuerda que la ley que habilitó el consumo de drogas sin considerarlo delito es del año 1974, plena dictadura militar. Estos opositores a Radío parecen, en estos asuntos, estar en posiciones más conservadoras que las que tuvo la dictadura militar que gobernó el país entre 1973 y 1985.

    Lejos de la politiquería partidaria, Radío no tuvo empacho en manifestarse de acuerdo con la diputada del Frente Amplio Micaela Melgar, quien dio consejos de reducción del daño a los consumidores de cocaína.

    “La gestión de riesgos tiene mala prensa”, admitió Radío, y explicó que eso no tiene que ver, como dicen sus opositores, con alentar el consumo de drogas: “Yo me pongo el cinturón de seguridad no para prevenir el accidente, sino para gestionar el riesgo si eso ocurre”:

    El secretario de Drogas es partidario de que en algunas fiestas el Estado haga un control de sustancias, para saber su composición, y los consumidores, que van a consumir en cualquier circunstancia, sepan que se están metiendo en el cuerpo.

    Recuerdo que, durante el gobierno de Jorge Batlle, la secretaría de Drogas, por entonces a cargo del prosecretario de Presidencia, Leonardo Costa, repartió jeringas entre consumidores de drogas para evitar el contagio de enfermedades como el VIH o la hepatitis B. Pero desde el gobierno había resistencia a que se divulgara abiertamente porque sabían que la medida iba a generar polémica.

    Para encrespar aún más a sectores del gobierno, Radío considera “altamente positiva” la legalización de la marihuana dispuesta durante el gobierno de José Mujica. A quienes dicen que esa medida generó un aumento del consumo, Radío les responde que eso, en todo caso, es parcialmente cierto. “El consumo de marihuana venía aumentando antes de la legalización, lo que debería llevarnos a pensar que el consumo aumenta porque está aumentando desde hace décadas en todo el mundo y no por la legalización. Con la legalización evitamos que los consumidores deban ir a buscar la droga con los narcotraficantes”.

    Quienes hablan de la marihuana como “puerta de entrada” no manejan la hipótesis de que eso también puede ocurrir porque sus consumidores, al tener que vincularse con el mercado ilegal, asisten a lugares donde también se venda pasta base.

    Una vez escuché al empresario argentino de los medios, Mario Pergolini, decir que en algunos negocios de Internet se puede fallar cuando uno llega tarde como cuando llega demasiado antes, porque hay mucha gente que no entiende de qué se trata. Puede ser que Radío esté muy a la avanzada y eso genere incomprensión.

    Cuando los que no entienden son dirigentes políticos nos pasa lo que nos está pasando: insistir con políticas represivas que nos metieron en este callejón sin salida. Ojalá el gobierno apoye a este funcionario ejemplar que es Radío, cuyas ideas bien se podrían incorporar a la agenda electoral, y que no reaccione a los reclamos de estos profetas de la represión, que desde sus despachos de burócratas piden “guerra” sin importarles los cadáveres que ella, mucho más que las drogas, ha dejado a su paso.

    (En la edición de verano, En la Mira publicó en su canal de Youtube esta entrevista a Radío donde se explaya sobre sus ideas en materia de drogas)